El problema con las cámaras analógicas, en especial si las usas poco, es que a la vida le da tiempo a avanzar demasiado para cuando llega el momento de revelar las fotos. Las digitales en cambio solucionan esto: ves la foto en ese mismo instante y deshacerte de ella está al alcance de un simple click. Son también menos tangibles, el efecto es más opaco, más vago.
Vamos creando para saldar cuentas con los miedos. Tememos la oscuridad, por lo que tenemos antorchas, linternas, lámparas, bombillas y velas que nos resguardan. Inundamos con tanta luz la oscuridad que de noche ya ni podemos ver casi las estrellas. Temiendo lo grotesco, la demencia, la miseria, el horror, decidimos encerrarlo todo en pequeños lugares, concentrándolo todo: instituciones mentales, hospitales, cementerios, casas de acogida, vertederos... No nos gusta no saber, y queremos conocer hasta el más recóndito rincón del Universo. Encerramos a las bestias para poderlas observar a través de cristales. Y jugamos con todo. Tememos nuestra mortalidad e intentamos compensarla con máquinas infinitas que, remplazando una y otra vez sus piezas, tienen casi más aguante que nosotros (incluso si también nosotros cambiásemos de piezas). Construimos edificios mil veces más altos de lo que jamás podremos crecer, volamos en aviones a falta de alas, remamos en barcos a falta de branquias... Intentamos compensar por todo aquello de lo que carecemos, casi sin centrarnos en lo que sí tenemos.
I saw love disfigure me into something I am not recognizing. See, the cage, it called. I said, "come on in". I will not open myself up this way again. Nor lay my face to the soil, nor my teeth to the sand. I will not lay like this for days now upon end. You will not see me fall, nor see me struggle to stand.
(You see, honey, I'm not some broken thing. I do not lay here in the dark waiting for thee.)

