martes, 28 de noviembre de 2017

Entro en mi cuarto cansada y tus calcetines todavía están en el suelo (tengo que echarlos en el cesto de la ropa sucia, esta habitación se hace pequeña y se me acumula el desastre por las esquinas). La camiseta con la que dormiste anoche y el pijama que te dejé están al lado de la almohada. Todo se ha quedado congelado pero tú ya estás en el tren, en el avión, de vuelta a tu realidad. Tus botas ya no están en mi armario, sólo queda mi ropa húmeda en el tendedero, en el radiador. Tengo que hacer la cama pero estoy cansada. Vas dejando pedacitos de ti en mi ecosistema. Te echo de menos porque eres parte de este paisaje donde ya no estás, ya no te veo, ya no te encuentro. Hoy duermo con tu camiseta de rayas, como tantas otras veces, deseando que el edredón se quede corto y estar apretujada contigo en mi estrecho (e incómodo) colchón. Vuelvo a mi rutina donde en vez de tenerte a ti me he quedado con un resfriado y el frío atrapado entre los huesos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario