Se desnudaron entre la costumbre y el calor.
-Bueno, ¿y qué tal te va lo de estar enamorado?
-Algunos días muy bien...
-¿Y los demás?
Levantó la vista. Vio su cara girada hacia ella: ojos cerrados y respiración lenta. Volvió a recostarse sobre su pecho y se durmió segundos después.