sábado, 20 de junio de 2015

The clasping casement, enclosed


Quizás me abruman más las personas que los lugares y eso es lo que me lleva a escribir más sobre ellas que de un paisaje sublime. help me breathe, you're breaking up my speech Aunque a veces no todo son cuerpos, almas, voces. La soledad propia se merece tal vez más odas que tantas compañías ahora perdidas en el tiempo y el espacio. while you smile at me, you've got the whitest teeth Resuenan de nuevo las palabras ahora en mi mente, ahora que vuelvo a traerlas para sacar algo de ellas y componer este montón de oraciones intentando sacar algún tipo de conclusión, no lógica, pero al menos tangible en su caos. Casi respondo: me recuerdas a un cuadro de Picasso. you made me lose my time, fall all over the words Sentí las palabras quedarse atascadas en mi lengua.  Pero volvamos al tema. everything you say is on fire Al recordar de nuevo las palabras también vienen a mí las primeras imágenes de lugares sublimes que se me ocurrieron sobre los cuales nunca escribí, nunca escribo, y mucho menos en el momento. Supongo entonces que veo poco hábiles mis manos y mis ideas, no veo que se entrelacen correctamente y creen algo tan bonito como lo que veo, no hago justicia a la silueta de Manhattan, ni al castillo en la playa de Tossa o los parques de Londres, ni tampoco al sol que no se pone en verano. Apenas logro traducir en palabras aquello que me azota de frente como una ventisca y me hace percibir todo tipo de sensaciones que a duras penas entiendo. Incluso me cuesta procesar aquello que viene si nos perdemos y acabamos por la calle Tesoro y pienso: la última vez que estuve aquí todo parecía perfecto. you've got the easiest position to destroy my life, all you have to do is arrive Las letras del alfabeto cirílico me parecieron siempre muy angulosas y quizás por eso noto cómo se me clavan cada vez que aparecen y me pillan desprevenida. Y hay diferentes palabras, pero siempre el mismo mensaje: la ausencia, el final, dolor. Pero de repente Gran Vía se difumina y Princesa se hace más corta y vuelven a resonar las palabras de nuevo. it's no excuse to make my pulse stop Sí, supongo que sí, ese lugar fue tan sublime que he necesitado escribir sobre ello como bien he podido. 

i'VE HAD DREAMS OF BREAKING ALL, BREAKING ALL MY BONES

miércoles, 27 de mayo de 2015

Hacia adelante (I go to seek a Great Perhaps)

He escrito y reescrito montones de palabras, de oraciones inconexas que no podrán asomarse a ver la luz. En todo este tiempo he evitado juntar las letras que me lleven una a una a tirarme por el precipicio de declaraciones innecesarias, sobrantes, inútiles. He huido de cada pedacito de mí, aunque no de golpe, sí en pequeñas dosis. Me he tocado las entrañas con los dedos desnudos y he sentido cómo la herida sigue palpitando y vertiendo su sangre en todas y cada una de mis acciones. Me he desbordado (como siempre) y luego he recogido hábil mis trocitos (novedad, creo) sola. Sigo desperdigada por todas partes, destruida, planeando cómo recolocar las piezas que voy decidiendo mantener en mí para que vaya todo encajando, lentamente. Creo que voy rehaciéndome como puedo. Creo. Porque nunca logro estar segura. Supongo que es parte del proceso. Supongo, creo, espero. 

He reído hasta que ha dolido y he llorado y sollozado y gritado como si me estuviera muriendo. He bailado y cantado y bebido y gozado. He creado, he soñado, he planeado. He leído y visto y he olido las flores y la comida recién hecha. He corrido y he tirado y golpeado. Me he hecho montones de fotos: una de carnet horrorosa y con mis amigos y sola. En unos años podré señalarlas y decir: aquí estaba yo así o de aquella otra manera y blablablablabla. He hablado y hablado y hablado y confesado y escuchado nuestras tonterías e historias nuevas y aconsejado y dicho y hecho y, y, y, y muchas cosas. Cantidades enormes de palabras amontonadas día sí y día también. He escuchado música, pero casi siempre la misma, ya no sé qué escuchar. He estado perdida, estoy perdida y confusa dando vueltas. Me he reencontrado con recuerdos. Me voy tropezando con ellos cada dos por tres. Voy a volar. Voy a volar como hace años no lo hacía. He conocido y conoceré. He probado y he sentido hasta los huesos. Si algo puedo decir es que he sentido, siento, sentiré. Y por ello he creído en lo imposible y he reído, llorado, creado, soñado, planeado, visto, corrido, golpeado, hablado, confesado, desbordado, hecho, dicho, volado, tropezado, caído. Y ahora por ello voy a reírme y crearme y soñarme. Y miles y miles y miles de cosas más. He sentido tanto que dentro de todo ello ha destacado siempre un deseo que busco sofocar. Es parte del camino, algunas de las baldosas. Aún sigue latiendo. 

Finalmente, o lo sientes o no. Y no. 


Maira Kalman

lunes, 6 de abril de 2015

En la sala de reuniones


Oh, my one, I'm so happy that you've got so far
I know the good, the great, is working you like a charm

Hoy te escribo porque nunca te escribo, porque te pienso y no te hablo apenas, porque te miro sin hacerlo realmente. Te he roto y recompuesto como he podido a lo largo de los años. Pocas veces he dudado antes de quebrarte los huesos y arrancarte el corazón del pecho para pisarlo con los pies descalzos, sintiendo la carne entre mis dedos y cómo se retuerce bajo la planta del derecho. Hoy te escribo para recordarte que estoy aquí, que he guardado los cuchillos, que ya no rompo espejos al verte, que quiero mirarte de frente y hablarte. Más que todo, te escribo para poder escucharte. Me estoy desgranando el alma por y para ti y estás en todos los pequeños trocitos recogidos por mis manos cuyos restos se quedan debajo de mis uñas. Estás cargada de tantas cosas a la vez que a veces me resultas vacía. Estás llena de pérdida, y eso pesa como nada. 

Oh, my one, rushing away with a bag full of bones
I know the place you left still won't leave you alone

¿Por qué me miras a veces con esos ojos tan grandes llenos de miedo? ¿Qué temes ya? No tienes nada de lo que estar asustada. No hace falta salir corriendo. Huir no es la respuesta, y tengo que recordártelo mínimo tres veces por semana. Donde sea que vayas, no dejarás de arrastrar a los fantasmas y el vacío y todos los cofres llenos de horrores. Tarde o temprano... En fin. Siento que no me crees, no te culpo por ello, pero espero que algún día puedas mirarme y ver que sí es cierto todo aquello que te prometo. Además, si no lo es, te aseguro que me encargaré de arreglarlo. Ese es mi trabajo aquí, para ti. 

The crow, the cat, the bird and the bee, 
I'm sure they would agree that my one is falling for tricks,
smoke and mirrors playing your wit


Hoy te escribo porque nunca te escribo aunque camino contigo. Porque sabemos que aunque algunas veces los altibajos vayan casi por horas, el tiempo no deja de correr. Hoy te escribo porque esto es más nuestro que mío, porque el otro día vi tu reflejo roto subiendo a casa de madrugada y se me partió el corazón en dos. Te susurré un perdón desgarrado como bien pude. Hoy te escribo porque lo siento, por todas las veces que no he sabido hacer las cosas. Hoy te escribo por ese momento en que miraremos atrás y veremos lo lejos que hemos llegado. Aunque, mmmmm, no tengo ni idea de lo que estoy haciendo. Oh, bueno. Quizás, no sé, supongo que tal vez te escribo para decirte lo que pienso. Espero tu respuesta cuando volvamos a vernos en la sala de las paredes grises y la mesa alargada. Te estaré esperando, no llegues tarde.  

A hue and cry waiting to blow under your skin, wherever you go 
still I wish that I knew the taste of something that good




jueves, 26 de marzo de 2015

Y la cáscara hizo crack

El esmero con el cual pinta la cáscara de esa cápsula vacía me fascina y asusta a la vez. Me tiene impresionada, tanto que no lo noto siquiera. El estupor se desenvuelve en mi sangre y fluye dentro aletargando cada uno de mis movimientos hasta que simplemente estoy inmóvil, a punto de caer al suelo, mirando sus dedos mover el pincel y rozar la superficie de esa cáscara lisa y blanquecina. Es tan delicada... Dibuja pequeñas flores rojas de ramas oscuras y entrelazadas entre sí de manera enfermiza. La parálisis duró un siglo, la parálisis duró un segundo. 

Tiene los dedos blancos, pálidos, largos, casi del mismo color lechoso de esa irremediable cáscara que acaricia incansablemente. La cáscara era el mundo que pintaba y lo pintaba con esos dedos largos, pálidos, blancos y terribles. Le dio un toquecito con la uña de su dedo índice izquierdo y la cáscara hizo crack. Se partió en dos, era redonda. La abrió y me encapsuló dentro. Atrapada entre las florecitas rojas y las ramas secas no podía ver más que la blancura de la cáscara, de mi prisión gestionada por esos temibles dedos. No había más mundo, no había nada más que la vida en la cáscara hasta que la cáscara hizo crack. 

The Longest Week

jueves, 12 de febrero de 2015

CONTRAFOBIA


Sus alas se rozan con otras, pero sabemos que no hablamos de alas. Me encierro en el armario a oscuras. Es bastante amplio: tanto que podría decir que es una habitación pequeña más que un armario. Fuerzo las imágenes. No, realmente no las fuerzo, más bien dejo que fluyan. La oscuridad me engulle y yo no opongo ninguna resistencia. Yazco en el suelo frío mientras me quedo inmóvil. Dejo que los tormentos me den caza y me atrapen y me maten. Me enveneno la mente a consciencia. Las mariposas vuelan veloces y me traen los retratos de mi angustia. Sus alas se rozan con otras, pero no hablamos de alas ni de mariposas. Las escenas se suceden en mi cabeza, se proyectan rojas en mis párpados y se me clavan una a una como dardos. Siento las cuerdas ahogarme, me rozan la piel quemándome. Las imágenes me atan. Me están asfixiando. Quiero que paren pero no dejo que se detengan porque realmente no quiero que paren. Si lo quiero, pasa desapercibido: la necesidad insana de que me sigan intoxicando es mayor. Petrificada en el suelo me dejo devorar. Recaudo datos, formo todos los escenarios, escribo los diálogos. Me dejo invadir por completo. Y soy yo: yo he diseñado esta atrocidad con mis manos. Me despierto sobresaltada o me ahorco o me calcino viva. Soy yo, son mis manos. Soy yo quien se sumerge hasta lo más hondo de este pozo oscuro y sin fondo. No dejo de hundirme en el pantano cenagoso, es imposible cultivar nada aquí. No hay más que tinieblas y pánico que hacen el aire denso. No, no hay aire. No hay nada más que sombras y espectros que recrean mis fobias y yo, que me lanzo de lleno. 

domingo, 1 de febrero de 2015

Retazos de enero

Comienzo a quedarme fría. El abrigo en las piernas, en las manos, lo cojo y me levanto del banco. Antes que seguir quedándome fría, sigo andando. El sabor del cous cous se me había quedado atrapado en la garganta: venció el hambre al estómago revuelto. Camino con los ojos cerrados: cinco, diez, quince pasos en línea recta, vamos aumentando el reto. Hace sol, me ilumina los ojos a través de los párpados cerrados.

Cambio de escena.

El golpe en la cabeza contra las baldosas azules fue solamente uno de los superficiales métodos de destrucción poco dañinos pero lo suficientemente efectivos como para no duplicar la dosis.

Cambio de escena.

Miro por la ventana del tren. Todavía siento el frío, pero casi puedo respirar el aire fresco y gélido que ha dejado la nevada. Sonrío hacia la visión de las montañas y el campo con nieve. Por un segundo me siento plena. Me lleno de la paz de la naturaleza, a pesar de la distancia.

Cambio de escena.

Al salir, la luz del sol me dio de lleno en la cara y sentí el amago de un sollozo formarse en mi rostro: casi lloro al ver la luz del sol. La misma luz me secó las lágrimas. Paseando al lado del parque recordé la noche en que estaba cubierto de niebla. Ya no pude frenar el impulso. Pensé entonces en lo fácil que es andar del equilibrio al desequilibrio, o al menos es mucho más fácil que ir del desequilibrio al equilibrio. Es mucho más sencillo, en mi experiencia, despedazarlo todo que construirlo (o reconstruirlo). Más tarde tuve una epifanía al respecto. El caos de mi interior escacharrado tiene sentido. Es el camino al equilibrio, el precio que hay que pagar, y aunque estoy en números rojos extiendo cheques sin fondos porque creo que quizás sí hay fondos, quizás sí hay algo debajo de la masacre. Estoy expendiendo las entradas al espectáculo más brutal: el torbellino de mis emociones y el encaminamiento a la paz. Hay fe, a pesar de que se agote, hay fe.

Cambio de escena.

Una voz me llamó desde la ventana de un coche. Yo seguí sin poder girarme, ahogándome en mí misma. Preguntó si podía hacer algo, si estaba bien. Extendió un pañuelo de papel blanco, de los que salen de esas cajas de pañuelos, no los de las bolsitas de plástico que puedes llevar a todas partes. Se nota la diferencia, fue lo primero que pensé al aceptarlo. Esa es la desconexión constante. También bebí un poco de agua. ¿Quién tiene una caja de pañuelos y una botella de agua de un litro en su coche, parado en frente de la estación de tren con una chica pelirroja sentada en el asiento del copiloto? Ese chico de los ojos preocupados y dulces. Los desconocidos que te salvan, al menos un rato, al menos un poquito. Le cobro como puedo a la vida las descompensaciones, como si hubiera realmente alguien que nos pudiera rendir cuentas de algo, cuando en realidad... ¿Qué hay? ¿Nada? Quizás nada.

Cambio de escena.

Tras meses guardando cajas vacías el hueco de cada una de ellas me golpeó en la cara de lleno. No hay más que un lugar despejado e inabarcable, solamente está lleno de la nada que se ha quedado aquí instalada y no quiere irse. Me pesa más que todo, más que nada. Me he quedado solamente con un montón de cajas vacías que no tengo manera de llenar. Y nada más que nada, la nada me envuelve y me pesa aunque es etérea. No es nada. La nada es todo. La nada no es nada.

Cambio de escena.

Escribí dormida las últimas líneas que ya no recuerdo. Algo como que sentía todo en mí desvanecerse, morirse. Algo como que llegaba la catarsis, quizás. Algo así.

Cambio de escena.

Se desvaneció. Cambié la página del calendario. El luto sigue, pero el horizonte es amplio.

Cambio de escena.

Frances Ha

lunes, 26 de enero de 2015

La noche de los cristales



Desde lejos el cervatillo herido miraba las luces con los ojos tan abiertos que parecía que quería absorberlas, bebérselas y recogerlas para luego llorarlas. Jadeos por la persecución interna, deambulando perdida sin moverse. Tiembla sin saber qué hacer porque no hay dónde esconderse. La respiración intranquila y la noche y las luces y los cristales llueven sobre su pecho y sus párpados y sus manos. Todo esto es terrible, espantosamente agobiante. Pareciera que sus ojos en vez de secarse a causa de estar tan abiertos no hicieran más que empaparse más y más de vida. Movimientos de cabeza rápidos pero estáticos al mismo tiempo. Su corazón debe de estar latiendo muy deprisa, se le seca la boca pero creo que no siente nada, solamente la urgencia, una urgencia irrefrenable que veo que acribilla su cuerpo y le agita la respiración más, más, más y cada vez más. 


Se van a quebrar uno a uno sus huesos. Colecciona cristales en las manos sin saber por qué, pero los cristales, los cristales son necesarios. La urgencia, más, más, cada vez más urgente. Si se clava uno en el dedo no consigue nada y yo estoy ahí parada, inmóvil, mirándolo todo en tercera persona. La observación es impasible. No puedo parar de observar y hacer anotaciones y no puedo dejar de pensar en qué le está ocurriendo y por qué sigue ocurriendo y por qué no deja de ocurrir. Mis pensamientos van a mil por hora, igual que su respiración incansable. Mi mente jadea a la vez que su pecho se sofoca: veo su deseo reflejado en los cristales, desearía clavárselos por todo el cuerpo y yo también estoy impaciente por que lo haga de una vez, quiero ver la reacción, quiero sentir el horror placenteramente sublime de esa imagen distorsionada. 


No sé por qué ocurrió. La llevaban por la calle mientras sus ojos se abrían ante las luces, no podían parar de abrirse de par en par ante las luces. Creo que no sabía dónde estaba. Yo la seguía de cerca, casi a su lado, respirándole en la nuca a ratos. Ve los coches y se asusta y siente el frío y se estremece pero no hace nada más que espantarse ante todo el movimiento de la concurrida calle. Esa respiración no se calma y me agobia y se agobia y POR QUÉ NO PUEDE PARAR. Me está invadiendo el cuerpo, me invade su desquiciado arranque disociado de la noche y los cuerpos y el aire y el TODO. Corte. Todavía no sale por completo del shock. Yo tampoco.