on my feet I stand tonight
stand alone inside the air
an extraordinary man
everything stops and holds me there
Hay algo acerca de la noche... Algo. No lo sé. Lo siento, me golpea de lleno: miro al cielo; ahí están las nubes y la luna llena, el aire fresco, 22ºC. La sensación liberadora es inigualable, ni el sol en sus mejores días puede llenarte tanto la piel y los pulmones y los ojos. La oscuridad o la ausencia de luz. No sabría señalar exactamente cuál de las dos es. La luna, la luna brilla más que el sol en ese momento: llena, redonda y blanca. La carretera, la soledad. Es totalmente cierto aquello que tanto dicen y repiten de que hay cosas que solamente tienen sentido de noche. Otorga algo especial. Un pacto bajo un manto de misticismo sin estrellas, la bruma envolvente de la vida noctámbula. Un sacrificio a la luz de la luna. Wrap me in the banner I made, put me away. Me siento libre... Más bien, liberada. Soy consciente de cada uno de mis movimientos, siento el esfuerzo de mis piernas al subir aquella cuesta empinada (cada día la veo más plana). Observo mi respiración y cómo se contraen mis músculos. Wrap me in the banner I made, burn me away. Me siento segura, o al menos tengo un sentido de seguridad imposible de alcanzar en el día. La soledad me resguarda, el aire nocturno, el anonimato de la madrugada. Si la noche tiene alas, son enormes y me encierran dentro para acunarme con una nana suave como esa brisa que trasnocha conmigo. Las nubes son grises, pero no son enemigas. La noche es tétrica y reluciente, como aquel famoso oxímoron en Paradise Lost:
No light, but rather darkness visible / Served only to discover sights of woe

