Qué
Qué quiero hacer
Mmmmmm
Qué quiero escribir, más bien
QUIERO ESCRIBIR PERO NO SÉ QUÉ ESCRIBIR
Qué vida taaaaaan desgraciada
mañana me levanto a las seis pero no importa
Me duele el pecho donde duerme el frío del vacío que me llena. Respiro y se me encoge la vida, el nenúfar del pulmón izquierdo está pegado a mi corazón y grita cuando se cuela el aire. Se congela y la brisa silba al rozarlo, temerosa de romperlo. Aquí dentro todo pesa, nada viene sin consecuencias. El dolor se transporta, nómada; jamás se va. En el espejo el reflejo se ríe y los ojos gimen. Las lágrimas que no lloro son la soga que se ata a mi cuello: el aire ya no circula y me atraganto conmigo misma. Intento escapar, partiéndome en mil pedazos para lograr escabullirme. El dolor es mi pegamento, me hace sentir cada trocito, tan tangible, tan horrendo. Me precipito, corriendo, arañándome la piel. Qué es real... ¿Si sangro será real? El nenúfar tiembla y hace frío, mis dedos petrificados intentan acariciarlo pero solamente se clavan dentro.
Me quito horas de sueño mientras mis tripas se retuercen. Las ojeras me pesan bajo los ojos hinchados, rojos, exhaustos. La garganta me duele y sigo escribiendo pero ¿qué estoy escribiendo? ¿Por qué este tiempo y no otro? ¿Por qué estas pobres palabras y no otras? Sigo. Las ceremonias, el ritual, todo tan conocido, tan eficaz. El alma llora y la rutina le canta una nana para que duerma plácida, cansada, satisfecha.
Pero me sigue doliendo el pecho
Donde se cuela la ausencia
Donde ya no caminas
Y ya no palpitas
(mañana...
mañana
me
va
a
doler)