jueves, 31 de marzo de 2016
último día de marzo
una se pierde en sus divagaciones y se olvida de que tiene que olvidarse de la narrativa y sentir. sentir, sentir, sentir. qué montón de patrañas. ¡patrañas! luego te destrozan la vida y tienes que volver a empezar y uf, cómo cuesta cuando ya llevas tanto tiempo con la misma mecánica. engranar, desengranar. el problema viene cuando duele, porque cuando duele ya es ineludible. un momento estás tranquilamente sentada, respirando, bebiendo agua, y de un momento a otro duele. y cuando duele parece que importa demasiado y eso provoca rechazo inmediato. y miedo. qué sensiblona, qué vergüenza. y vienen los fantasmas. los problemas reales comienzan con los fantasmas ajenos. te respiran en la nuca y no te dejan vivir, no te dejan ser. ¿cómo vas a ser del todo si no te quitan ojo? luego se materializan y te fastidian la vida. de una vez que reconoces el dolor se te agolpan las cosas y te vienen las lágrimas. ¿y para qué quieres llorar? ¡siempre cuestionándome! incansable. cansina. ya buscando excusas para el desbordamiento. excusas, excusas, no necesitamos excusas: está ahí, y ya. las lágrimas vienen, las lágrimas vienen. en los párpados una terrible proyección de todas las imágenes tristes. todo lo que te trae de cabeza. hasta lo último que quieres que te duela te duele. si te duele será que es importante y darle importancia te mata y te mueres. y ya. ¿y qué haces? te levantas, sigues. en tu histrionismo cansado te evaporas. te evocas y te desvaneces como humo de incienso. la desesperación, la angustia. verbalízate, ¡verbalízate! sin imágenes, sin gestos. no tuerzas la cara, no arrugues la frente. ruge, ruge, te están rugiendo las tripas. de ahí sale el amor, de ahí sale el odio. el enfado se quiebra en la garganta y el auténtico dolor se cocina en las entrañas y se sirve sobre las dos. de la tarde. cuando hace sol, en la terraza. cuando no, ponemos una estufa. ay, el tedio, ¡el tedio! siempre el tedio. cuando crees rozar la pureza con los dedos, te los encuentras cenizos y ensangrentados. ¡y así todo el rato! pon la lavadora en el programa largo. esto es como sentarse a ver cómo da vueltas la ropa.
domingo, 6 de marzo de 2016
The aftermath of grief
Crees que te vas a morir, pero no. No te mueres. Los minutos no se paran, aunque parezca que sí, no se paran y no te mueres. No te caes por un barranco, no atropellas a nadie. Nada. La vida sigue. Crees que va a ser mil veces peor de lo que luego resulta siendo. Quizás sea porque lo imaginaste tan terrible que tu ficción superó con creces a la realidad. Y no te mueres. Las calles siguen ahí donde las dejaste, los recuerdos siguen ahí: te paras, los miras, y sigues caminando. Parece terrible y mundanamente sencillo. Quizás es que lo es. Hay paz, hay dolor y hay paz. Y no te mueres. Creo que eso es lo más importante de todo, que piensas que va a ser insoportable, pero no te mueres. Lo que deseaste imposible se hace realidad y se cierne sobre ti pero no logra engullirte, no te asfixia. ¡Qué bien! No te mueres, y menos mal. Todas estas palabras van brotando, pero ya no van a parar al mismo lugar, ya no saben ir hacia allí. No encuentran ese viejo camino, aquel arado por mis pies que se arrastraban una y otra vez para llevarme a morir al mismo sitio una y otra vez. Mis palabras ya no encuentran el camino. Será porque no me morí.
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| Hannibal |
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