Últimamente estoy súper triste y tengo tiempo libre (¿estoy más triste porque tengo más tiempo para ponerme triste?) por lo que he acabado volviendo a escribir aquí. Leo y tomo el sol y aprovecho para nadar y tararear canciones. Me duele la picadura del animal-no-identificado que me atacó el domingo en el muslo derecho. Se me duermen las manos de escribir con el móvil tumbada. Me duele también el pinchazo de la analítica de esta mañana. Me sigo recreando en mi espera recostada sobre la barandilla de la sala 1 de la terminal 1 después de aparcar el coche donde pone claramente que es zona de descarga (o algo así, que solamente puede bajarse gente que se va y ya, pero mi coche es pequeño y apenas ocupa espacio, tampoco va a entorpecer tanto el ya torpe paso). Me acuerdo de todas las veces que ha salido mal esperando que por favor salga bien. Y mientras que intento masticarlo todo me cae encima el chaparrón, después el granizo, por último me quedo enterrada bajo la nieve. Y se me entumecen las manos y me duele el pinchazo y me molesta la picadura. Y siento el vacío y apenas tengo sueño aunque son las 3am y anoche a esta hora ya casi estaba desvelada.
martes, 18 de julio de 2017
domingo, 16 de julio de 2017
Comme d'habitude
Yo creo que estoy en el bosque donde Alejandra no ha cesado de morar, sólo que yo me acuerdo de cosas más mundanas y con menos gracia (que ella). Allí también hay tulipanes rojos que hacen de eco a mis heridas (más o menos profundas). Todo lo que hago en verano me lleva de vuelta cinco, cuatro, tres, dos, un año atrás. Una semana. Al último correo que te envié. A las canciones que me van narrando lo que pasó. Lo que me queda por pasar. Mi operación a corazón abierto constante. La vela que arde por ambos extremos. Las noches sin dormir, las noches sin querer dormir, las noches sin poder dormir; la parálisis, la pérdida de fuerza que parece un sedante. Y otra madrugada recreándome en ti.
miércoles, 12 de julio de 2017
Podría contar mi vida uniendo fotos de instagram
A veces cuando estoy algo más triste/reflexiva me acuerdo de detalles tontos. Recuerdo que tenías una cicatriz en el tobillo (no recuerdo cuál) y que un día te dibujé un ojo encima mientras estábamos todos sentados en el pasillo. Supongo que acabaríamos de comer y yo me iría a casa o a la biblioteca y vosotros a alguna clase. Fue en la planta de arriba. Recuerdo también que estábamos regular. Lo que ahora me pregunto es, ¿de qué era esa cicatriz? ¿Por qué no te pregunté? ¿O es que sí lo sabía y no me acuerdo? Lo dudo. Te memoricé hasta la saciedad. La acaricié con ternura, como tantas otras (y más tristes). Todavía te adivino, o lo intento más bien, buscando pistas que suelen hacerme serpentear por el bosque descalza. Otro día me acordé de cuando me dejaste jugar con tu colección de canicas o la tarde que probamos a armar la tienda de acampar en tu jardín. Y me resultas tan cotidiano como mirarme las manos, como preguntar la hora, leerme un libro, pero en realidad eres el holograma de todo aquello que nunca termina de irse y tengo metido debajo de la piel: el frío que se me entrelaza a los huesos hasta cuando hay ola de calor. Estoy escuchando una canción de Radiohead y me acuerdo de la última vez que nos vimos, de otras cicatrices: la tuya en la pierna, la mía en el alma. Se hizo de noche para cuando entramos en materia y te hice preguntas cuyas respuestas a veces me azotan cuando estoy desprevenida, se reproducen en mi cabeza como un eco inconexo y difuso. Me subí al autobús; ya tenía que irme y tú probablemente quisieras que me fuera. Te llamé. No te despediste. Logré escabullirme por los pasillos de la facultad y del Carrefour la primera vez que volviste para poder evitarte y desde entonces huyo hasta que vuelvas a arrinconarme para regalarme nuevos detalles que me torturen más adelante. Yo tampoco quiero despedirme más.
Did you love me like the way you wrote? Well, I'm afraid so, I'm afraid so
Did you love me like the way you wrote? Well, I'm afraid so, I'm afraid so
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