martes, 7 de enero de 2014

Sin pies ni cabeza, sin cabeza ni pies

2046

«Pero el amor, esa palabra… Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas (...). Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero.»

Siempre me he sentido muy tonta hablando de sentimientos, hablando de amor, y es básicamente todo lo que hago. Siempre supe que eran algo imperativo, pero me parecía que había cosas más importantes a tratar. Pero nunca lo hice, nunca he llegado a hacerlo. Casi el 100% de lo que brota de mí son sentimientos, 24/7. Aunque luego... por ejemplo: la expresión hacer el amor. Habla de algo bueno, de algo bonito, pero siempre me ha parecido terrible. Es de esas cosas que te llenan la boca como una pasta espesa e insoluble, imposible, como una trampa de oso. Decir te quiero me cuesta horrores también. Y oírlo. He aprendido a procesarlo, pero cuesta aún sacarlo y digerirlo. 

Sentimientos, sí. De cualquier tipo. Apenas para nadie son algo fácil. ¿Cómo pueden serlo acaso? Envidio a veces a todos los que no tienen miedo y se dejan invadir total y completamente. ¿Cómo pueden hacerlo? Yo siento algo y puedo estar días intentando interpretarlo y aceptarlo. O negándome a interpretarlo y aceptarlo. Depende. Es un laberinto interminable. Un callejón sin salida. Y ya ni hablemos de amor. Cualquier amor. Todos los imaginables. Una parte de mí ha creído incluso indecoroso escucharme a mí misma hablando de amor, verme sintiéndolo, sentirme padeciendo por ello. Y resulta que esa imperdonable falta, esa tara, esa fragilidad es una de las cosas más importantes en el mundo. Amor. Es curioso, los límites a los que llegamos por él. Las locuras, los miedos, los riesgos, los daños. Todo. Cualquier cosa imaginable. Cómo vende el amor, todas esas comedias románticas taquilleras: salas de cine a reventar, tardes de sofá, descargas ilegales. Los bestsellers imposibles de tragar. Cómo mueve. Los sentimientos exaltados de los románticos del siglo XIX, su amor por la naturaleza. Los cuadros abstractos de Picasso a sus amantes, sus musas. Los libros de poemas, la mítica correspondencia durante la guerra. Las canciones de los Beatles. Ulises añorando su tierra Ítaca, las pericias terribles para volver a la patria. La verdadera patria del hombre es la infancia, decía Rilke. Romeo y Julieta, los incomprendidos amantes y su amor que perduraría como el de Quevedo por su amada, incluso sus cenizas seguirían estando enamoradas: polvo serán, mas polvo enamorado.

¿Cómo habiendo tantos referentes sigue siendo tan complicado? Y no nos soltamos. No nos tiramos en picado. Qué miedo dejarte ir y que no haya nadie al otro lado. Funambulista, equilibrista sin red de seguridad. Una garantía, un sustento... ¿algo? Cualquier cosa. Two lost souls swimming in a fish bowl, como la canción de Pink Floyd. Bueno, más de dos. Cientos. Miles. Casi todos. Y es que en esto de los sentimientos nadie tiene manual de instrucciones. 

Este tema es tan escabroso que no logro sacar nada en claro. Es como un tren a toda velocidad acercándose mientras estoy atada a las vías. A veces me arrolla, a veces sólo se cierne amenazante sobre mí y no llega. De todos modos, a pesar del atropello, no muero. Tampoco descarrila el tren. Es lo que tienen las metáforas, puedo hacer con ellas lo que quiera. Qué magia, qué luz, qué alegría, qué pesadumbre, qué caos. La claridad sería la catarsis... o la perdición sería la catarsis. No está del todo establecido. He ahí la cuestión: no hay balance apenas pero sí punto medio. ¿Logro ilustrarlo? Es un desorden muy organizado. El cosmos en llamas. La imagen que resultaría de parar el tiempo junto en el momento en que un gran jarrón de colores se cae al suelo y se está rompiendo. Los segundos cuando te despiertas y no sabes dónde estás ni quién eres (esa amnesia temporal es irreemplazable). Tan complejo, tan universal. 

«¿Por qué stop? Por miedo de empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos, che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto.»

Rayuela (capítulo 93), Julio Cortázar



Conviven pues dos circunstancias: una medianamente real y una totalmente irreal. Por una parte, tenemos mi lado de la historia y, por otra, mi cómo tendría que haber ocurrido todo para que fuese menos doloroso. Es sencillo. Es negación. Sería más simple si no confluyeran, pero ha acabado resultando una tarea imposible. Realidad y expectativas. El eterno debate interno, el imparable bucle, la fuente constante de sufrimiento. Lo que viene a ser la misma historia de siempre, incansable. La constante en mi vida. El monstruo delante del cual corro y del que jamás logro huir. El laberinto de sufrimiento.

Sí, es sencillo, el planteamiento es sencillo, lo entiendo. Lo que no logro captar es cómo evitar que ocurra, la repetición de la historia, la huida constante. Cómo mantener los pies en la tierra, cómo mantener la cabeza alejada de las nubes negras que provocan ensoñaciones tentadoras y potencialmente engañosas. Siempre dejándome malparada.

Dado que hay una circunstancia medianamente real y una totalmente irreal, es lógico que la fiable sea la primera y no la segunda, ¿no? Entonces... ¿por qué las expectativas se comen de un bocado a la reiterada realidad? ¿Qué sentido tiene quedarse viviendo en las elucubraciones propias?

Siento enormemente no lograr soltar el miedo. 


(500) Days Of Summer

domingo, 5 de enero de 2014

martes, 31 de diciembre de 2013

I move slow and steady.

31 de diciembre de 2012, últimas horas, me caigo en la ducha.
Tendemos a dar un gran significado cósmico a cada ocurrencia en nuestras vidas. Para no desentonar demasiado de la tradición humana y, además, en estas fechas tan señaladas, utilizaré mi ínfimo accidente para ilustrar la situación.
Entré a la ducha como lo haría a cualquier hora de cualquier día, quizás con demasiada despreocupación. Fue tan repentino que de repente estaba tirada en el suelo, ni siquiera sentía los golpes. ¿No es así como ocurre todo? Rápido, raro, fuerte, devastador. Pasa, pero no te das cuenta al momento, no reaccionamos tan deprisa. La vida nos atropella y apenas tenemos tiempo para percatarnos de ello. Como cuando se cae un jarrón, en el momento en que está cayendo puede darte tiempo a detener el desastre o ver cómo se precipita incontrolable hacia el suelo. El tiempo se para y a la vez va más rápido.

Escribí eso hace un año, con la firme intención de seguir escribiendo, pero por algún motivo no continué. He rescatado hoy esta entrada, intacta, título incluido, a pesar de que hay cosas que ya no me gustan. Quiero recordarme hace un año tal como era, sin ningún retoque. Y me recuerdo más áspera, más desencantada, más cohibida. Estaba muy perdida. Creo que me miraba en el espejo y no sabía lo que veía o, más bien: no sabía lo que tenía que ver. Pensaba que no tenía ni idea de quién era, pero lo único que me pasaba era que no lograba verlo (o que no quería verlo, vaya). Es complicado. Ahora creo que esa caída en la ducha fue la predicción total de mi año (por muy cursi que suene): te vas a caer, va a doler, pero te vas a levantar y tarde o temprano desaparecerá el moratón. 

¿Cómo evitar mirar atrás hoy? Tengo que decir que 2013 ha sido el primer año en que he cumplido mis propósitos. Aunque, bueno, en algún momento del año decidí arrancarlos de la libreta en que los escribí y tirarlos a la basura. Lo importante es que no hice lo mismo a la hora de referirnos a mi vida. Hay momentos difíciles, momentos de debilidad... Lo de siempre, a todos nos pasa. Este ha sido el año en que he dejado de sentir que estaba en la sala de espera para empezar a vivir mi vida y por fin he logrado comenzar a vivirla. El año de las expectativas cumplidas.  El año con el mejor verano de muchos, de dormir en el suelo, pasar hambre, pasar frío, pasar calor, caminar hasta el cansancio y las nuevas experiencias. El año de los dieciocho, de acabar el instituto y entrar a la universidad. El año de crecer, de la paciencia, de la introspección.

Se suponía que 2013 tenía que ser el año de muchas cosas, de los cambios... Y lo fue. Pero el mejor cambio de todos, el que más me sorprendió, fui yo. Ahora sé que todo saldrá bien. Gracias.

"In three words I can sum up everything I've learned about life:
it goes on."
Robert Frost




jueves, 12 de diciembre de 2013

Poemas griegos a dos voces (Kavafis y su lengua propia)

Dijiste: "Iré a otra ciudad, iré a otro mar.

Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta.
Todo esfuerzo mío es una condena escrita;
y está mi corazón - como un cadáver - sepultado.
Mi espíritu hasta cuándo permanecerá en este marasmo.
Donde mis ojos vuelva, donde quiera que mire
oscuras ruinas de mi vida veo aquí,
donde tantos años pasé y destruí y perdí".
Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Vagarás
por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar -no esperes-
no hay barco para ti, no hay camino.
Así como tu vida la arruinaste aquí
en este rincón pequeño, en toda tierra la destruiste.


Kavafis, La Ciudad

Porque puedes cambiar de aires, puedes mudarte, huir, largarte... Pero nunca podrás huir de ti mismo.

«¿Vosotros no tenéis ningún sitio en el que creéis que estaríais mejor? ¿No tenéis ese sueño?»

(the grass is always greener on the other side)



miércoles, 11 de diciembre de 2013

La noche más fría de agosto (tercera despedida)

«Como la escaleras imposibles de Escher...» Totalmente. Nuestra imposibilidad me transportó a un frío invernal horrible en agosto. Hace un verano, dos, quizás diez. Desafiando el esquema habitual (como siempre). Caminaba por aquel camino de tierra, parecía un cementerio. Creo que cuando salí por la puerta no me atreví a mirar atrás... Aunque lo más probable es que lo hiciera y sollozara aún más. Sería la tercera vez, pero no la última. Las primeras dos fueron más dulces, más sencillas, más inocentes. Qué noche más oscura. La misma canción me recorría con la brisa veraniega, night breezes seem to whisper "I love you"... No sé si habría sicómoros, no sé si lo sepas pero no tengo ni idea de árboles, pero si había pájaros cantando, lo hacían tristemente. Recordaba mi insistencia letal en quedarme, just hold me tight and tell me you'll miss me. Qué le iba a hacer, si ya había perdido la cabeza. Pedía unas prórrogas más (esas sí que casi acaban conmigo), una promesa, una estadía más larga y mejor. Algo a lo que agarrarme, o nada a lo que agarrarme, si es que no veía ni el camino por el que andaba. Me abrazaba el costado y seguía andando, while I'm alone and blue as can be, dream a little dream of me. Volvía a recordar, stars fading but I linger on, dear (oh, how you linger on)... still craving your kiss (oh, how you crave my kiss). Increíble imposibilidad nuestra que logré vivir y posponer como la alarma por las mañanas. Claro, al llegar a la sexta casi muero. Viviendo en ilusiones, te estrellas rápidamente contra el suelo cuando te descuelgas. Aunque yo eso aún no lo sabía. Era el comienzo de mis andares de equilibrista, me dio por el funambulismo cuando me dio también por perderme en ti. Volviendo a mi camino pseudoeterno, I'm longing to linger 'till dawn dear... La brisa, la música y yo danzábamos juntas. Creo que hasta meses después no paré de caminar. Sweet dreams that leave all worries behind you. Tarde o temprano desperté y todo terminó, ¿cuál era la pesadilla y cuál la realidad? 

Relatividad, M. C. Escher




I've been flying high...

Ya puedo decir que ayer te vi, pero en mejores condiciones. ¿Qué te puedo contar? Supongo que sigo igual que siempre, aunque me temo que más completa de lo que jamás me viste. Más ligera, más contenta... Especialmente más que en los últimos meses. Tú también pareces estar igual que siempre. Es extraño, cómo la familiaridad se perpetua sin darse uno cuenta. A veces me parece que han pasado años luz, pero han sido apenas unos meses. Qué pena y qué miedo, cómo cambian las cosas. Me andaba preguntando últimamente si durante aquel tiempo que fue tuyo y mío (ya no me atrevo siquiera a llamarlo "nuestro" en pretérito perfecto) tomé más de lo que recibí en exceso, más de la cuenta. Cuando en ocasiones miro hacia atrás, a todos los cambios desde cualquier punto oscuro (incluso hay veces en que escojo un punto alegre) hasta ahora, me pregunto cuántas veces habrás podido cortarte el pelo desde entonces, o si tendrás algún jersey nuevo para el invierno (se me quedó algún plan en el tintero al respecto), cuánta música habrás descubierto, qué películas me estaré perdiendo... Hasta que me acuerdo que así como no lo sé, tampoco me incumbe. 

Tengo casi siempre a mano aquella caja de bombones con Champs-Elysées en la cubierta, y pensar que dimos vueltas alrededor y no logramos llegar... y nunca lo haremos. Nunca. Es difícil procesar un tiempo más que terminado; un par de lloros, algún recuerdo incrustado entre los dientes, unos cuantos meses tediosos a mi lado que te hice pasar. Detalles que se perderán en el tiempo (tarde o temprano). Como aquella frase por ahí perdida, «cuando uno dice que se va, es que ya se ha ido»... y para lo pronto que me fui, tardé demasiado en irme. Se acabó mucho antes y por eso en la auténtica ruptura, la escisión de los caminos, pude mirar hacia adelante. Frost tenía la razón y la vida siguió, sigue, seguirá. 

Breve intercambio de palabras después de siglos. Hola, qué tal, ando un poco enferma, perdona por la tos, todo bien, me alegro por ti, de que recuperes el tiempo perdido. Gracias por llamar. Y vaya que si lo agradezco.  Que te daba pena haber cruzado miradas y haber ido con prisas. Siempre igual de atento. Y cordial. Nos pusimos al día en dos segundos de superficialidad, como suele ocurrir en estos casos. He ahí el cierre de una era de tensión levemente insoportable. 

Que te vaya bien y que me vaya bien, las circunstancias van fluyendo y vuelven a su cauce... Y todo estupendo. Me despedí con un entusiasta «¡suerte!», queriendo englobar para ti los mejores deseos posibles (a pesar de todo, los mereces) y un alivio enorme ante la aparente normalidad. A veces siento enormemente no arrepentirme de nada, de la decisión final, pero las cosas acaban, finalizan, decaen, mueren. Dura todo lo que tiene que durar, y ya está, no hay más. 

***