lunes, 7 de enero de 2013

Plataforma por un mapa y una brújula con manual de instrucciones para todos los que estamos perdidos

Todo está tremendamente desajustado. Estamos todos perdidos en este caos, extraviados en este desequilibrio absoluto. El barco zozobra, nadie sabe hacia dónde dirigirlo, cómo manejarlo, si tendrá tiempo de atracar. Supongo que el faro que nos hace agarrarnos a los resquicios de cordura que conservamos es la esperanza. ¿Qué sería de la vida sin ella? Vivir es una espera continua, sólo la muerte le pone fin. Es similar a quedarte frente a una puerta, esperando a que se abra. ¿Para qué? ¿Qué saldrá de ahí? A veces ni siquiera lo sabemos, pero seguimos esperándolo, sea lo que sea. En ocasiones ocurre que queremos algo, lo queremos tan fuerte que sentimos cómo el deseo nos retuerce y consume por dentro. Se apodera de nuestras entrañas, descolocándolo todo aún más.
Mis deseos y esperanzas se han apoderado de mi y han jugado con mi interior de manera tan agresiva que me he quedado en un lugar entre el vacío y el desconcierto causado por la conmoción del sentir demasiado. El deseo se ha columpiado con mis venas y mis arterias, ahorcándome con todo mi sistema nervioso. Ha empleado tanto mi corazón como mi cerebro de trampolín, confundiendo a ambos. Me ha desgarrado los músculos y me ha roto los huesos. Ha exprimido cada uno de mis órganos, causándome un malestar tremendo e inexplicable. Desde hace meses tengo una tangible herida en el costado izquierdo, entre las costillas, clavada en el pulmón. La siento ahí. Me oprime, me desgasta y me gobierna. Lleva sangrando tantos meses como perdida llevo, es tan parte de mí como todo lo demás. Supongo que en este caso la espera está en que se convierta en cicatriz, que se cure, pero ningún médico tendría la respuesta. Mi esperanza es encontrar dicha cura, vislumbrar de una vez el camino, lograr seguir esa luz al final del túnel.

¿De qué sirve querer arreglarlo todo? Tienes que comenzar por ti para lograr algo, lo que sea. Nadie tiene las respuestas, ni siquiera nosotros, pero somos los únicos que podemos intentar responder nuestras preguntas. Soy el tipo de persona que necesita algo de control, consistencia, un camino seguro por el que andar. Necesito ir trazando el sendero de manera marcada. Voy caminando con la promesa de que "todo saldrá bien, siempre lo hace al final". De vuelta está la esperanza, ahí, andando de la mano con la decepción. Me he quedado mil veces mirando mi teléfono, o una ventana, una puerta cualquiera, los ojos de alguien más e incluso mirando lo que dejo detrás... Todo esperando. El problema es que ya no sé qué es lo que espero, o si debo esperarlo. A veces mi motivo para despertarme por las mañanas es la promesa de una huida, pronto, lo antes posible. Sueño con escapar, lo cual es un deseo bastante cobarde. El otro problema es que ser humanos significa todo lo contrario a lo que anhelo. Aunque en el momento de hacerlo no lo creamos, hablamos sin saber. Prometemos, sintiendo las palabras hasta la médula, pero todo puede romperse incluso en cuestión de horas. Por eso encuentro tan difícil vivir, porque no aguanto la posibilidad de que mis esquemas se fragmenten de cualquier manera por un motivo u otro.

Tengo la vida atragantada como una píldora enorme que pasa por mi garganta seca sin una gota de agua siquiera, ahogándome y aturdiéndome. Todo está tremendamente desajustado. Estamos todos perdidos en este caos, extraviados en este desequilibrio absoluto. El barco se hunde, la niebla no deja que divisemos el faro, que atraquemos en la orilla. Hay que seguir remando.

I'm not running away.

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