Estoy intentando convencerme de que abandonar a una persona no es lo peor que se le puede hacer. Puede resultar horroroso, pero no tiene por qué ser una tragedia. Si uno no dejase nunca a nada y a nadie, no tendría espacio para lo nuevo. Evolucionar constituye una infidelidad: a los demás, al pasado, a las antiguas opiniones de uno mismo. Cada día debería tener al menos una infidelidad esencial, una traición necesaria. Se trataría de un acto optimista, esperanzador, garantizaría la fe en el futuro. Una afirmación de que las cosas pueden ser no sólo diferentes, sino mejores. (Todas las canciones hablan de mí.)
Últimamente no hacemos más que hablar de cambios, de Heráclito, del olor de las nubes. ¡Tranquilidad! Pero vaya tontería, exclamar tranquilidad, así no hay manera de tranquilizar a nadie. "Calma... calma... los ingleses dicen caaaalm."
No me quiero despedir. Sí, hay que dejar espacio para lo nuevo, pero... Pero, ¿por qué? Sí, claro que sé por qué, pero no quiero saberlo. Tengo que saberlo. Sé que lo sé, sé que tengo que saberlo, pero a veces no lo quiero. No se puede querer nada siempre, todo el tiempo, 100%. O quizás sí, pero es que 18 años no son suficientes para afirmar nada. O quizás sí, pero no nos atrevemos. Aunque a veces sí, a veces nos atrevemos. Es imposible decidirse.
Bueno, intento no pensarlo, pero es que es domingo... Y los domingos tienen un tinte muy dramático y una banda sonora depresiva. Son días de vestir de azul, de bajar por el ascensor y no por las escaleras, de lluvia y frío. De alguna pequeña alegría que, por ser domingo, se magnifica y aprecia mejor. Es una tontería, lo de los domingos, pero cada cual cree en sus propias tonterías.
Todos los finales dicen que son nuevos comienzos, pero por su condición de finales a mí se me presentan como un túnel oscuro y sin final, como fauces enormes listas para masticar(me) y engullir(me) sin pensarlo dos veces.
Para rematar, el frío acompaña. Las nubes grises, el cielo opaco, la brisa polar. El olor a lluvia y el olor a primavera se entremezclan y me estrangulan con su hedor agridulce que sólo huele a despedida. Apesta a final, a que se acabó y no hay nada que podamos hacer. Y tendría que ser fácil, pero es difícil dejarlo ir.
No escribas estas cosas :(, ¿Quieres que llore, eheh?
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