La planta baja de la biblioteca, un avión aterrizando en la costa este... La misma canción. No vi el título completo, creí que era una broma cruel, como si el Universo me hablara directamente a mí y me señalara y se riera de mi dolor a la vista de todos. No tuvo sentido, por supuesto, mi hilo de pensamiento. Hilvano ideas tan alejadas que solamente pueden confluir en mi cabeza, la única que no se cansa de martillarse con todas estas ilusiones insulsas. La imagen que vino a mí fue la de un ventilador sucio, con la redecilla de metal que lo recubre oxidada, polvoriento en un desván: el recuerdo de todo lo que fue y ya no es. Como mirarme en un espejo. Desgastada, rota, inservible, nadie va a mandar reparar un ventilador roto. No sé, en casa cuando alguno se ha roto compramos otro nuevo y fin de la historia, el otro va al trastero si aún podría exprimirse una pizca más de vida de él o directamente a la calle, al lado de los cubos de basura mitad verdes, mitad amarillos. Así me sentí cuando comenzó esta incansable búsqueda de mi ser, mi sentido.
Algo tan estúpido como un ventilador. Noches y días y errores incansables y leo my favorite faded fan ahí en el reproductor y todo cobra y pierde sentido. El propio aire que soplaba de ese ventilador podría haber acabado con los débiles cimientos que conformaron todo lo que fue y ya no es. No tuvo que hacerlo, los días estaban contados. Las fechas de caducidad me pesan tanto como las maletas que antes llevaban y traían mi vida de un lugar para otro. No, creo que quizás más. Esas maletas multiplicadas por cincuenta y cinco, las cajas de libros que no me dejaban mis padres llevar de un país a otro, de una casa a otra, pero que yo insistía en tener conmigo siempre. Sí, algo así. Todos llevamos un equipaje a cuestas.
Es sólo tras el abandono que logré por fin mirarme al espejo con una conciencia más pura de qué estaba viendo. O quizás más bien con una dureza y firmeza más sincera, más responsable. Siento que lo hice todo mal. Ahora, al menos no todo. Creo. Alguna vez supe algo, ahora ya nada. O poco. Estoy perdida en el bosque con una brújula que no sé usar y un mapa al revés que no entiendo. Estoy encerrada en una habitación llena de ventanas sin ninguna puerta para salir. (voyarompertusventanasyvoyaentrarcomoelaire)
Algo tan estúpido como un ventilador. Noches y días y errores incansables y leo my favorite faded fan ahí en el reproductor y todo cobra y pierde sentido. El propio aire que soplaba de ese ventilador podría haber acabado con los débiles cimientos que conformaron todo lo que fue y ya no es. No tuvo que hacerlo, los días estaban contados. Las fechas de caducidad me pesan tanto como las maletas que antes llevaban y traían mi vida de un lugar para otro. No, creo que quizás más. Esas maletas multiplicadas por cincuenta y cinco, las cajas de libros que no me dejaban mis padres llevar de un país a otro, de una casa a otra, pero que yo insistía en tener conmigo siempre. Sí, algo así. Todos llevamos un equipaje a cuestas.
Es sólo tras el abandono que logré por fin mirarme al espejo con una conciencia más pura de qué estaba viendo. O quizás más bien con una dureza y firmeza más sincera, más responsable. Siento que lo hice todo mal. Ahora, al menos no todo. Creo. Alguna vez supe algo, ahora ya nada. O poco. Estoy perdida en el bosque con una brújula que no sé usar y un mapa al revés que no entiendo. Estoy encerrada en una habitación llena de ventanas sin ninguna puerta para salir. (voyarompertusventanasyvoyaentrarcomoelaire)
you could be my favorite faded fantasy
I've hung my happiness upon what it all could be
what it all could be
with
you
you could hold the secrets that save me from myself
I could love you more than love could
all
the
way
from
hell
you could be my poison
my cross
my razor blade
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