jueves, 31 de diciembre de 2015

De lechuzas tristes

Todo lo que he tenido y lo que no he tenido; lo que se ha marchado, lo que ha venido... Todo, absolutamente todo lo que está y lo que no está, lo guardo aquí. Todo aquello que ha cambiado, aquello que pesa, aquello que existe. La ausencia, la soledad, la pérdida. Los cajones se me están desbordando, encerrada dentro de mí misma creo que van a enterrarme y van a comerme desde dentro, van a salir de mi pecho donde este monstruo se va afilando los dientes. La bestia inquieta y yo siempre corremos en círculos, encontrándonos y des-encontrándonos. 

En el bosque los árboles son tupidos y la luz apenas llega, suficiente para ver la luna y para que las siluetas y las sombras me absorban entre espejismos y persecuciones. No veo los pantanos hasta que me he hundido dentro. No veo nada pero siento las criaturas oscuras que flotan a mi alrededor, se van moviendo en acrobacias acuáticas silenciosas, casi imperceptibles, malévolas. Comienzan lentas y se vuelven trepidantes mientras se deslizan por el agua verdosa y yo nado desnuda e indefensa entre la niebla, totalmente confundida, perdida. Me convierto en ninfa, yo ya soy una con esta naturaleza perversa, retorcida. Las noches son tenebrosas y los días nunca llegan. Ahora estoy hecha de las hojas de los árboles negros: mis dedos son ramas secas; mis ojos moras silvestres, venenosas. Tengo los pulmones anidados de nenúfares color granate, en mis costillas graniza todo el tiempo. Sueño con ver pájaros; todos los cuervos son negros. Jamás, jamás, nunca más. Mis lágrimas son de lodo y mis jadeos incesantes y mudos. 

Entonces llega el despertar y me araño el costado con estas ansias de arrancarme todo el daño que me he causado. En esta partida no me descarto, solamente sigo acumulando. Más que llenarme de aire, creo que mi diafragma se dilata con la incipiente imposibilidad que voy atrayendo. Víctima de mi ansiedad me encierro dentro de la cárcel de mis costillas para no salir nunca, nunca, nunca más. Y sale el sol. ¿Aún existe el sol? Yo estoy lista, ya estoy lista para caerme por el precipicio. De nuevo veo el reflejo de la luna llena danzando redondo sobre el mar oscuro y estoy lista, estoy lista para caerme por el acantilado. There's a light, what light! Caigo y ahora soy mar y soy luna y marea y arrastro la arena y soy todo y no soy nada a la vez. Soy, soy. Aún existo, aún tengo frío.

 


domingo, 27 de diciembre de 2015

Scattered on the moon

Mis sueños cercenados yacen en alguna superficie baldía. Incapaz de agarrar mi caos de ninguna manera apenas logro respirar tranquila. La niebla. Todavía recuerdo la niebla. Sí, esa niebla. Podríamos habernos quedado ahí suspendidos o caminando sobre la luna, pero aquella realidad es tan lejana que creo que es ese gran recuerdo el que me mutila los sentimientos y hace que se desborde el desastre que soy. Volvió la niebla otro día que el frío me caló hasta los huesos al bajarme del tren y apenas se veían los edificios y yo sabía que caminaba hacia la sentencia que, de nuevo, yo misma había firmado. Cavo mi propia tumba una y otra vez. Yo también: caí en flechas, muriero(n) to(do)s. ¿Se puede decir? Jamás leas esto. Jamás lo harás. Realmente no es tan importante pero de nuevo en mi mente he imaginado mi discurso incesante en que callas. Me estremezco sólo de pensar en escuchar las palabras que confieso de camino a la estación de metro: una grabación de cinco minutos relatando las posibilidades que azotan mi existencia. Aquí confluye todo. Y la luna, ¿brillaba así ayer la luna? Cada vez más helada (yo), cada vez menos amarilla (ella), cada vez más menguante (ambas). Sueño de una noche de invierno. Me quedé atrapada en alguna que otra noche de verano, o alguna tarde. Me quedé atrapada en demasiados lugares. Volví, volví allí un día de camino a casa y me senté y lloré. Yo también he flotado en nubes etílicas y de mí han llovido palabras. A veces granizaban y le caían al pobre en la cabeza y no tenía escapatoria. Incansable, siempre incansable con esto de las palabras. Lo que pretendía ser un respiro, un delirio cómico, ha acabado acongojándome en un retorcido giro de los acontecimientos. 

Creo que me quedé desperdigada en la superficie de la luna y sin gravedad no puedo recuperar mis trocitos. Mis palabras siguen resonando en mis oídos, congeladas. Ejecutándome. La guillotina. Tuer la femme; elle qui reste là, dans la lune. Ay ay ay. Acribillada, soy un queso gruyère. La angustia: je me réveille; je me souviens. The long and winding road. 

(les interrumpimos con una breve pausa. su interlocutora acaba de recordar que se comió un bol de cereales hace unas cuatro horas y entonces hizo una breve pausa. esta será menos breve. en unos instantes seguiremos con nuestra programación. disculpen las molestias y gracias por seguir con nosotros)

Ay. A mí sí me gustan las comas, casi siempre, pero a veces sobran, sí, sobran. Robo realidades paralelas. Los eventos se desenvolvieron en unas 24 horas, give or take. Lo realmente culminante ocupó casi diez. Sunday Morning. Encased in case I need it. The clasping casement, enclosed. Mmmm. Todos los miércoles me acordaba de lo mismo, escribí. Son días largos, paso mucho rato sola. Me quedo dormida, no llego a clase, como sola, me doy varios paseos en metro y/o autobús y tren. Weightless. Preposterously blooming in the gloom. Y sólo una vez. Luego silencio. Silencio eterno, throw me a bone, will ya? Me desespero to the moon and back, amigos. 

Tráeme un edredón, que sopla esta brisa helada y tengo frío de no escuchar nada. 

(no llevo nada bien los asuntos inconclusos)

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Otra noche sin dormir

Me imagino sentada en la orilla de tu cama, ya que no puedo dormir qué más da dónde esté, te imagino a menos de un metro de distancia, porque ya que no estás aquí, qué más nos da que estés tan cerca. Mi incansable verborrea ha agotado tu nombre, casi que veo desdibujarse las letras, creo que vas a dejar de existir en cualquier momento. La pared está tan blanca, está siempre tan blanca y tan fría. La puerta se mantuvo cerrada y tú insondable. Mis tanteos torpes se desvanecen: estamos en mi mente, aquí puedo jugar a lo que quiera, puedo derribar la puerta y destruir la pared si quiero, aquí dentro no puedes hablar ni vas a hablar y no me tiembla la voz y te castigo con palabras y palabras y más palabras.

Mientras te imagino voy uniendo los puntos que configuran tu imagen borrosa y tenue. Un recurso en esta narrativa, no eres sino un recurso. Una excusa para que suelte mi perorata. No quiero nada más. Estoy tachando tu nombre, lo voy arañando letra por letra, desgastado de que vaya por aquí y por allí haciendo malabares con él. Es aquí cuando imagino todo aquello que te diría y que jamás te diré, jamás podré decirte. No se me quiebra la voz y no me das miedo, no me das nada de miedo. Siento que todo fluye, mi discurso es tranquilo y firme. Tengo razón, tengo razón, a veces pareciera que sólo eso me importara. Pero es mi cabeza y aquí puedo tener razón.

Finalmente, ya que yo tengo las reglas del juego, yo elijo. Aquí yo inventé las reglas, yo escribí el libro, yo tengo el poder de decisión. No me permito imaginar el final que deseo. Me limito a arañar ahora recuerdo a recuerdo todo lo acaecido hasta ahora. Todo. No existes, realmente no existes. La pared no es blanca, la puerta es invisible. No existes, no existe nada. Un producto de mi imaginación mientras me veo sentada en la orilla de tu cama. Aún estoy temblando.