No he sabido juntar una palabra con otra para lograr encapsular aquellas horas, me he negado rotundamente a darles este espacio en el cual cobran importancia. Ahora siento todo tan distante y tan vivo a la vez, tras el último intercambio surgió un nuevo significado oculto. Era invisible y se materializó en aquellas horas funestas/majestuosas. Se hizo tangible el silencio de una correspondencia entredicha. Me he sentado montones veces a juntar una palabra con otra para lograr encapsular aquellas horas. Este es el intento número... ¿veinte? Digamos veinte. No tiene ningún tipo de relevancia encriptada, no es absolutamente nada, simplemente un número redondo: veinte. Veinte años, es la única relación que encuentro. Los años veinte, los felices años veinte. Podríamos haber flotado en aquella neblina de champagne y jazz. He acristalado aquellas aciagas/sublimes horas: jamás se repetirán, aunque creo que una parte de mí se quedó atrapada en algún momento de la madrugada, quizás me encuentres en los pliegues del sofá. Ojalá, a veces querría ser una florecita en un tiesto al sol y quedarme allí observando la luz jugar. Habría siempre sol y no te apagarías, no te ensombreces. No desapareces, sino que te dilatas en el tiempo (aunque no en el espacio, en el espacio no estás, he ahí la gracia de este juego-que-en-realidad-no-es-un-juego). Sin embargo, aunque ahora no tiemblo, siempre me estremezco. Palpito ausente en una espera cada vez menos angustiosa. Una espera, no sé, una dilatación en el tiempo (otra vez). Ahora la bestia duerme, descansa en una paz de nubes bajas cargadas de una lluvia leve. Tras el aguacero, espero. Fascinada, te hago y te deshago en la nube del recuerdo.
domingo, 28 de febrero de 2016
lunes, 8 de febrero de 2016
Fuga de escape (I)
No sé juntar una palabra con otra para lograr encapsular aquellas horas de algún modo. Es más, en el tiempo que he tardado en intentar averiguarlo todo se ha deshecho y aquellas dichosas horas aguardan intranquilas su fin. La cuestión ha perdido el poco sentido que parecía poder haber cobrado en algún momento. Quise pues convertirte en mundano, gris: forcé una brocha empapada en la bruma incansable hacia tu semblante. Te quiero creer insulso, totalmente apagado. En mi visión tu pelo ha perdido su brillo y tus ojos tienen un fino velo que no me deja verlos. Ahora tacho tu rostro y tacho tu vida, pero no consigo que dejes de existir. Tísico, piel mortalmente pálida, sinsentido. Imagino además tu voz muerta que se pierde entre balbuceos absurdos. Tus labios se secan y se encogen y van desapareciendo. Te has deformado por completo. Es ahora cuando creo poder poner mis ideas en orden y mirar a través de ti. I feel it closing in, day in, day out, day in, day out --se acerca el momento. Las horas han pasado más rápido que cualquiera de los demás días. O eso creo. Voy avanzando hacia atrás. Llevo la cuenta, claro, cómo no: comienzan a brillarme los ojos con la mirada cansada. Mi anticipación es inextinguible. Ojalá se fuera diluyendo en el tiempo, ya imagino el perfil ausente y yo muerta de miedo cayéndome al vacío de preguntas sin responder que chocan con los muros de esta tristeza inefable. Ya comienzo a verlo a lo lejos, ya me tiemblan las piernas, ya estoy de nuevo en el punto de partida.
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