Una vez me gustó tanto un chico que me compré un libro donde salían sus poemas. Hace eones, también, escribí un retazo de algunas horas que pasamos juntos y por algún casual acabó aquello publicado en un recopilatorio de microrrelatos. No fue más que darme de bruces contra una pared blanca y fría durante meses y meses. Ahora lo entiendo todo bien, tanto tiempo después de cerrar esa puerta con candado por fin, mucho más lejos del punto de partida: fue un error de cálculo, un fallo de semántica.
«Calculamos mal la distancia entre nosotros
Eran cientos de kilómetros de frío
Supongo que por eso sólo me has rozado».
(pero ahora, aunque hace frío, mis historias ya no carecen de sentido)
No hay comentarios:
Publicar un comentario