And I. I too.
Quite collected at cocktail parties,
meanwhile in my head
I'm undergoing open-heart surgery.
The heart, poor fellow,
pounding on his little tin drum
with a faint death beat,
The heart, that eyeless beetle,
running panicked through his maze,
never stopping one foot after the other
one hour after the other
until he gags on an apple
and it's all over.
And I. I too again.
Red Riding Hood (extract), Anne Sexton
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| Stockholm, 2013 |
Las palabras se suceden casi sin pensar pero con mucho esfuerzo. Resume esto, quita ese párrafo, sangría, cita aquí... Negro, todo negro. Entonces aparecen unas líneas diagonales en la oscuridad: son blancas, forman triángulos, metamorfosean. Rojo, dos puntos rojos, dos manchas rojas de tinta, gotean en el agua cristalina. Un fluorescente, dos, tres: son blancos, se vuelve naranjas, acaban siendo rojos. El interior de los párpados guía el espectro cromático. Todo acaba en rojo. En llamas volubles y destructivas, en caos, en desastre. Una explosión a la larga catártica, difícil de procesar.
Veo las montañas desde la ventana. Son azules. Parece que nunca me bajé de ese autobús... Pero sólo a veces, no siempre, nada nunca es siempre (o quizás sí, esos ojos sin decir nada convencen de lo contrario). La lucha constante en que mi vida busca construirse en base a sueños poco realistas tirándose abajo a sí misma. Está atardeciendo a lo lejos.
Otro atardecer, otra ventana. Mucho verde, muchas rocas y el cielo naranja. Tan naranja que dan ganas de bebérselo. Tumbada, sentada, mirando el sol, a la sombra, en calma. Observando a extraños. La isla azul, la confusión. La paz, el cansancio. Siguiente escena.
Hace sol, hace calor, estamos en el césped. A ver, dónde vamos. Está por la calle de aquel sitio... ¿el rosa? Sí, ese. El que tenía letras de Los Planetas en las paredes. Nunca volví. Pues también está fatal. Vamos a otro. A lo de siempre, que está bien. Luego ya veremos. Anécdotas de cuando no estás. Y qué bien, qué suerte sería poder estar en todas partes. No es así, pero tampoco importa (y es que antes sí importaba y era terrible y atroz y fatal). Qué más dará.
Tuvo sentido hasta que dejo de tener sentido.
Es de noche. Dormir no es una opción, aunque es lo más deseable, lo más recomendable. Nada, se me ha metido entre ceja y ceja que no quiero dormir y no me duermo. Vuelvo al rojo. La oscuridad. Tengo las uñas pintadas de rojo y las luces apagadas. Arriba brillan estrellas fluorescentes. Si miras por la ventana, corre la brisa suave y hay estrellas de verdad y una luna enorme. Sea cual sea la fase lunar, la luna es siempre la misma, lo que pasa es que estás viendo hoy una cosa, mañana otra y en una semana alguna más. Todo se reduce al final a lo mismo.
Yo también sufro varias operaciones a corazón abierto en mi cabeza mientras tanto.