lunes, 14 de abril de 2014

Farewell my black balloon (primera y segunda despedida)

Like Crazy, 2011
Breves encuentros rápidos que se acaban fugazmente. Así tiene mucha más gracia. Sencillo, como todos los principios. Todo se sucede deprisa y lo que fácil viene, fácil se va. Un placer, ya nos veremos. Tienes un globo, es muy bonito, pero se te escapa con el viento. Mejor eso a verlo envejecer; se desinfla y se arruga en una esquina de tu habitación, no puedes hacer nada. Despedida sana. El orden correcto de las cosas, un buen límite, un buen final. Como cuando no ves hasta donde llega el mar mientras se pierde en el horizonte. Un río largo que va fluyendo y muere donde no alcanzas a verlo.
Un paréntesis.
Y ya está, la historia sigue. El reloj se paró un momento pero después de un par de ajustes y un cambio de batería siguió funcionando. El rellano entre piso y piso. Las escaleras son eternas. Esto ha sido sólo una pequeña fracción del camino. Un atajo en el bosque. Un árbol demasiado alto. La cara que nunca llegas a ver de la persona que está delante de ti en el metro. O detrás. La comida diminuta de las fiestas. Una pequeña muestra de lo que podría ser pero nunca será. El punto álgido en una montaña rusa. Qué le vamos a hacer, las circunstancias son las que son. El respiro entre la rutina. Todas esas cosas que sabes que tarde o temprano se van a acabar porque son demasiado buenas como para ser ciertas. Y es así. Demasiado bueno como para que se permita esa felicidad minúscula. La magia de las aventuras pasajeras. La atracción de lo perecedero. Despedida veloz, de todas aquellas cosas que pasan sin que te des cuenta.
La vida sigue fluyendo.
Aunque quizás...
(la esperanza de que la emoción se repita no llega a morir)





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