martes, 29 de abril de 2014

You call the shots

Hay momentos para los que no hay palabras. Me atraganto conmigo misma y mi imposibilidad y no hay nada más. Hagamos un trato. Yo me quedo así de cerca y tú no te vas muy lejos. Te prometo que cortaré los pepinillos y las rodajas de tomate si eres tú quien fríe las hamburguesas. A mí me da miedo el aceite y no me vas a tener ahí parada sin hacer nada. Mientras te quejarás de que no me gusta nada y seguirás echando vinagre en la ensalada, prometiéndome una pizza si después me quedo con hambre (aunque luego nunca pasa).

Entonces abro mucho los ojos y siento que se secan o se mojan y tengo que parpadear un par de veces y te imagino pensando... ¿En qué pensarás? Me mantienes la mirada. Comienza el duelo. No te rindes fácilmente. En cualquiera de los lugares de tus fotos, de tu hilo argumental gráfico. Tus ojeras son un poco color malva, un poco color lila, y son hasta bonitas. Me mantienes la mirada y el duelo sigue. O nos reímos o nos ponemos muy serios. De todos modos, yo me enredo en ti y siempre acabo sintiéndote temblar contra mí como una luna en el agua.



No hay comentarios:

Publicar un comentario