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| Hannibal |
En el juego del misterio hay dos sujetos: el deseante y el deseado. Poetizando. El portador y el perseguidor. El anhelo se escurre despacio entre los dedos del anhelante, paciente y ardiente. Pero, ¿cuál es el objeto de deseo exactamente: el misterio, el portador o el conjunto?
Quizás es el afán por iluminar la penumbra.
Comienza el baile.
Misterio danza y Perseguidor lo sigue. Se tambalea como una peonza, brillante como una canica nueva. Perseguidor y Misterio tropiezan, bailan juntos, ninguno se quita la máscara. Nadie conoce las intenciones de nadie. ¿No es acaso el deseo una simple pretensión egoísta? ¿Inseguridad? ¿Curiosidad? ¿Miedo? La búsqueda de las piezas del puzzle sin saber cuáles son, cuántas hay, cuántas faltan. El tanteo en la oscuridad, sumido en la bruma de la incertidumbre, buscando lo desconocido.
“It is like walking up the stairs to your
bedroom in the dark, and thinking there is one more stair than there is. Your
foot falls down, through the air, and there is a sickly moment of dark surprise
as you try to readjust the way you thought of things."
The Reptile Room, Lemony Snicket

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