Dentro de Valeria son las 4am y no puede conciliar el sueño, ha dejado pasar las últimas cuatro horas entre frustraciones; yo la estoy observando desde fuera, cómo gira y cómo se estremece y quiere gemir de dolor pero a estas horas no hay ruido, y ahora tampoco hay sueño (ni sueños). En el bucle de la desesperación respira tranquila, aparenta respirar tranquila. Valeria está pintando ilusiones estúpidas para intentar llamar a Morfeo y sumergirse en algún paraíso imposible. Morfeo, qué trillado. Qué previsible, qué aburrida. Me aburres porque no te duermes y mañana estarás lloriqueando por ahí, duérmete, por qué no eres capaz de dormirte, que te duermas ya. Me desesperas, me sacas de quicio. Vuélate ya la tapa de los sesos, acaba con esto, acaba con esas malditas expectativas también: déjate ya de tanta película y tanto rollo. Me aburres. Pareces un tren averiado, me sacas de mis casillas con tanta vuelta. Deja de imaginarte que... Que pares. Para. Duérmete. Para.
Son las 4am y no puedo dormir y me imagino paraísos imposibles en los que sumergirme, me cuento a mí misma la historia que deseo, en este momento la deseo: casi es una ampliación de la escena del crimen, los crímenes, pecado capital tras pecado capital. Qué bobada. ¿Me acordaré mañana de esto que me narro pero quiero narrarte a ti y me callo porque no tengo a quién ir a decir...? Decir, decir, decir qué. La última vez que intenté decir nada acabé de nuevo nadando en el fango, en este asqueroso pantano en que yo misma me he metido y ahora son las 4am y tenía que ser el insomnio. Quiero dormir. No hay suerte. Vuelva usted mañana. Vaya. Y sigo. Escribí y escribí y escribí (me encanta el polisíndeton, ¿y por qué me acuerdo yo ahora de eso? Ah, claro, sí, las acotaciones de esa escena que me narro pero quiero narrarte para que la narremos mudos en movimientos ciegos, ajá, sí).
No, finalmente no me acordé. Vaya. Qué decepción, otra desilusión.
No, finalmente no me acordé. Vaya. Qué decepción, otra desilusión.
El hombre se acuesta temprano. No puede conciliar el sueño. Da vueltas, como es lógico, en la cama. Se enreda entre las sábanas. Enciende un cigarrillo. Lee un poco. Vuelve a apagar la luz. Pero no puede dormir. A las tres de la madrugada se levanta. Despierta al amigo de al lado y le confía que no puede dormir. Le pide consejo. El amigo le aconseja que haga un pequeño paseo a fin de cansarse un poco. Que enseguida tome una taza de tila y que apague la luz. Hace todo esto pero no logra dormir. Se vuelve a levantar. Esta vez acude al medico. Como siempre sucede, el médico habla mucho pero el hombre no se duerme. A las seis de la mañana carga un revólver y se levanta la tapa de los sesos. El hombre esta muerto pero no ha podido quedarse dormido. El insomnio es una cosa muy persistente.
En el insomnio, Virgilio Piñera
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