domingo, 29 de noviembre de 2015

tengo vértigo-de-montaña-rusa

Me das vértigo. Me das vértigo como las escaleras de la catedral, como las atracciones del parque. Me das vértigo como la canción de U2, aunque la he vuelto a escuchar y no encaja mucho aquí, no tiene mucho sentido, exactamente como esto. Como tú o como yo. Y quién eres tú y qué es este vértigo. Ese vértigo como cuando miras desde la azotea, como cuando vives en el piso dieciséis. Vértigo desde lo alto. Lo he buscado en el diccionario, a ver si así lo entiendo: yo, disidente de la lexicografía, me he documentado. Qué inseguridad, ¡qué pavor! Me caigo, no te caes, me caigo. Qué terror a las alturas, qué desazón de querer caerme por un barranco. Me tiro por la ventana, me caigo al vacío; al final están tus ojos y ahí nado hasta que me hundo y me ahogo y me asfixian estas ansias. Ansiedad, ansiedad, vértigo de lanzarme de lleno en la ansiedad. Las profundidades del fondo desierto de este vacío horroroso me llaman como un imán. Vértigo, vértigo como la película de Hitchcock. Tengo vértigo, me das vértigo-de-montaña-rusa, mucho vértigo. 

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