La noche me cortó la respiración.
«Muere» La oscuridad me paralizó por completo. Estaba agotada. «Vuelve» Es una constante en mi vida, estar exhausta. Me agarré con las manos a las sábanas, aferrándome a ellas, retorciéndome.
«Muere»Sin fuerzas. Sigo caminando sin fuerzas. «Vuelve»Estoy pegada a la cama. El colchón se vuelve
de piedra, igual que yo, aunque comienzo a hiperventilar. «Muere» Entonces me arrastro por la casa con total desgana.Lo único que se
mueve es mi pecho, subiendo y bajando, inflado con jadeos por el miedo. «Muere»Siento cómo el sollozo se está formando en mi pecho, tan grande como mi diafragma logra inflarse, aunque una vez estalla se escapa de cualquier atadura, cualquier tipo de control. «Vuelve»La escuché con una claridad espeluznante.«Muere»Lo veo venir como quien ve cómo se acercan las olas desde la orilla. Sé que van a arrastrarme mar adentro, en el océano de tristeza azul que me embriaga día sí, día no; día sí, día también. «Vuelve» Me arrastró con una zarpa
enorme a la realidad, arrancándome del mundo paralelo del sueño. «Muere»Ya estoy viendo la gran zambullida fría y aguda como mil agujas que se clavan certeras a la vez en todo mi cuerpo. «Vuelve» Ya casi se ha acumulado del todo, el ataque está casi listo, a punto. Un último suspiro mientras siento cómo mis facciones se contraen. Comienza como una suave llovizna, las lágrimas iniciales, dulces, suaves, inofensivas, inocentes. Se convierten en cascadas. «Vuelve»Parecía sacada de una película de terror. «Muere, muere»Al principio el llanto es medianamente silencioso: sólo está acompañado de quejidos casi inarticulados. «Vuelve»Estaba ahí tumbada sin
saber si estaba viniendo a por mí o no. Luego… «Vuelve» Luego comienzan los alaridos.«Vuelve, vuelve, vuelve»Ese susurro carrasposo me invadió
entera. «Muere»Mi cuerpo se volvió hueco y dentro resonaba,
vibrando, el horroroso murmullo. Se dedicó a rebotar dentro de mis pulmones
entremezclándose con el aire, impidiéndome respirar, provocando el sofoco.«Muere» Los alaridos de dolor. «Vuelve» Las preguntas, las dudas. «Vuelve» La eterna petición, la única en ese momento de ruptura con el control y el equilibrio. «Vuelve, vuelve, vuelve, vuelve» Creo que ha salido a cazar y está intentando apoderarse de mí. «Muere, muere, muere»Le hablo a la nada. «Vuelve» Solamente mi propio eco y el silencio del otro lado me responden. «Vuelve» El eco me está
arañando la espalda. Estoy asustada, estoy horriblemente asustada. Quiero
llorar, quiero gritar, quiero quitarme de encima al monstruo gris que se
esconde detrás de esa voz repulsiva. «Muere»
Me escondo.«Muere» Estoy aturdida.«Muere» ¿De dónde ha salido? «Muere, muere, muere, muere» Paran las súplicas. «Vuelve» Se detienen los gemidos. «Vuelve» Simplemente me quedo sentada en el suelo, abrazada a mis rodillas. «Vuelve» Vuelvo a
intentar dormir.«Muere» Sintiendo una lágrima, gorda y larga, ardiendo mientras se desliza de mi ojo y recorre mi mejilla. «Vuelve»Tuerzo el cuello hacia una caricia tranquilizadora. «Muere» Sigue retumbando. «Muere»Todo me quema, por fuera y por dentro. «Vuelve»Intento olvidarla. «Muere» No deja de atormentarme. Y otro último suspiro pone fin a todos los lamentos. Sin fuerzas.
Soñé que era tu cumpleaños y yo te hacía una tarta y nos reuníamos en mi casa. Nadie quería estar ahí ni yo estaba para nadie, era todo muy extraño. Supongo que es porque todavía me acuerdo, todavía hay un pequeño hilo débil que entrelaza todo esto conmigo. Creo que llovía y al final nadie quería comer tarta. Llegabais tarde. Vuestras caras me eran demasiado lejanas. Un par de ojos cansados, enrojecidos. No verás los entresijos de mi mente ni sabrás quién eres, pero de entre todos los cumpleaños era el tuyo. Y estábamos en este presente tan raro con todas las piezas de mi vida desperdigadas y perdidas por el suelo. Será que me gusta tropezarme con mi propio caos. Creo que la cesta en que las guardo tiene un pequeño agujero y por eso cuando salgo a recogerlas como si fuera a buscar moras o fresas o cerezas al bosque la labor es infructuosa. Te conjugaba en presente, a ti y a otras tantas personas que se han quedado tan atrás en los últimos años... Y no era nada fuera de lo normal. Sólo es disparatado al despertar. En fin, no sé, si mis sueños son un mundo supongo que anoche cumpliste años, así que... felicidades.
Solamente llevé a cabo la empresa porque no pensé que fuera a generar desastre alguno. No sé si lo habría hecho de todos modos de haber sabido el resultado. Cogí el cuchillo y comencé a cortar por el costado. Pretendía tallar un cuadrado, como una pequeña puertecita. Comencé con la línea vertical de la izquierda, continué con la de abajo horizontal. Una fina línea roja de sangre guardaba mi rastro en la piel, como un camino de migas de pan en el bosque. Completé el cuadrado: cuatro lados, medianamente iguales, casi simétricos. Pude entonces adentrarme, pasear con mis dedos por la entrada. Desgarré la piel y, contra todo pronóstico, montones de sangre comenzaron a brotar de la ventanita de carne. El ente respira. Este ser está vivo. Ahora noto el calor, el latido, la vibración. Veo que ahí dentro hay vida. Tengo las manos rojas y creo que pierdo el control. Me mareo. Hago de mis manos una pequeña tacita que buscar recoger esa cascada roja de actividad y supervivencia. La observo sedienta, fluye entre mis dedos y se resbala por mis manos. Pruebo a dar un trago. Dos. Tres. No más. Moderación. Quiero revolcarme en el suelo donde ha ido a parar ese desastre, tumbarme en el charco hasta inundarme. Meto las manos dentro del agujero que creía vacío y siento mi piel invadida por pura energía. Necesito empaparme de todo ese vigor interno. Deseo febrilmente comerme la piel de un modo tan salvaje que apenas puedo contenerme y dejarla en su sitio. Cierro la puerta. Arreglo la herida como puedo. Hago un trabajo desastroso. Me alejo lentamente. Intento decir algo pero se me ahoga la voz en la garganta. Logro por fin girarme, manchada entera de sangre y tan viva como un corazón latiendo a mil por hora.
Dos puertas abiertas enfrentadas. Sus haces de luz convergen en el pasillo. Salen de la apertura en diagonal hacia arriba. Y una de las luces se apaga. Ya está. Así de simple. ¿Quién tiene en cuenta la que se queda encendida? Qué crimen. Intento desenroscar la bombilla, para qué se va a quedar ahí sola, pero me quemo los dedos cada vez que me acerco. No logro ayudarla. Quiero sacarla de ahí y estrellarla contra el suelo. La custodio unos días: no quiero perderme el fundido, el apagón. Porque tendrá que fundirse, tendrá que apagarse. Es ese el orden de las cosas. Te enciendes y te apagas. ¿No? No sé. Quien afirme algo ahora mismo, en este segundo, miente. Porque me adueño de este segundo. ¿Por qué? Mi custodia mirando la luz me ha sacado fuera de mí. Ahora estoy cegada pero veo con claridad. La claridad del deslumbramiento. Veo figuras como si hubiera una pantalla de leche que se sostiene fina y horizontal y el movimiento la atravesara a trozos. Un brazo se mueve aquí, una pierna allá. Paseo entre realidad e ilusión a mi antojo, encuentro el equilibrio en la cuerda floja y me gusta caerme en la red sin saber que la hay. Me hago dueña auto-proclamada y falsa del tiempo y hago con él lo que quiero. Un reloj color plata se deshace entre mis dedos y recojo el material derretido y al tocarlo se convierte en plastilina que moldeo como quiero. Nadie puede detenerme puesto que yo estas manecillas, trocitos de metal incrustados en las puntas de mis dedos ahora, las manejo como me viene en gana. Juego con la masa y dejo que vuelva a derretirse y que se escurra por mi cabeza mientras se desliza por mi cuerpo. Yo soy el tiempo, pero la bombilla sigue ganándome en fuerza y resistencia y ni siquiera yo soy dueña de mí: el tiempo no controla al tiempo, el tiempo es independiente y dependiente, controlable e incontrolable. La realidad irreal que te hace ahogarte intentando comprenderla, asimilarla, cualquier cosa. Ni clavándome un reloj en el cerebro podría concebir el tiempo. Que los engranajes se instalen en toda esa masa viscosa, no hará nada, nada, nada de nada.
Esa bombilla decide no apagarse y yo me siento en el pasillo preguntándome hasta cuándo estará así. ¿Se fundirá? ¿Podré tocarla? Quiero sentirla, quiero sentirla sin que me queme la piel. Pero lo único que siento es que al intentar hacerme con el control del tiempo lo limito con mi humana cárcel de huesos y músculos y nervios. Yo limito al tiempo al intentar atraparlo. Yo impido que la luz se funda al observarla despacio.
Orienté mi cama a la ventana pero no veo el sol por la mañana. No veo siquiera las luces blancas del amanecer extraño. Nada. No veo nada. No puedo abrir los ojos y por eso no veo nada. Por más que lo intento es imposible. Y duele, además duele. Palpo mis párpados con miedo y delicadeza. ¿Qué ha ocurrido aquí? El escozor y la inflamación me resultan tan desconocidos que en cuestión de segundos entro en un pánico terrible. Casi puedo sentir el color: una fina línea roja, la piel raspada. ¿Y estos bultos? Mis atributos de luto. Me han cosido los ojos mientras dormía y solamente al despertar he logrado darme cuenta. ¿Y el dolor de la aguja? ¿Y el hilo, enredándome las pestañas? ¿Podría haber adivinado las manos, los dedos hábiles, del demonio nocturno que me maldijo y castigó sin motivo? Las travesuras del perverso. El mal arraigado. La diferencia no-tan-sutil entre el malo y el malvado. Es gradual. Requiere observación. Observación. Me han cosido los ojos mientras dormía y ni cuenta me he dado. Siento fruncir el ceño y moverse los malignos puntos de sutura. ¿Qué hacer? No profiero ni una queja, ni un lloro, ni un grito. Una exhalación leve es lo único que separa mis labios. Nada de eso parece adecuado para este terror tan fascinante. La labor es endiabladamente buena. Comienzo a pasear las puntas de mis dedos por mis párpados de nuevo. ¿Puede haber algo hermoso en esto? Me han cosido los ojos mientras dormía y las costuras parecen hasta simétricas, bonitas. No puedo verlas pero las siento bonitas. La ola de encantamiento se lleva las arenas del espanto. Estoy así, yazco así en la cama. Exaltada pero tranquila. Me han cosido los ojos mientras dormía y ya no puedo abrirlos.