sábado, 20 de septiembre de 2014

And I'll lay right down in my favorite place (ROJO II)


Solamente llevé a cabo la empresa porque no pensé que fuera a generar desastre alguno. No sé si lo habría hecho de todos modos de haber sabido el resultado. Cogí el cuchillo y comencé a cortar por el costado. Pretendía tallar un cuadrado, como una pequeña puertecita. Comencé con la línea vertical de la izquierda, continué con la de abajo horizontal. Una fina línea roja de sangre guardaba mi rastro en la piel, como un camino de migas de pan en el bosque. Completé el cuadrado: cuatro lados, medianamente iguales, casi simétricos. Pude entonces adentrarme, pasear con mis dedos por la entrada.  Desgarré la piel y, contra todo pronóstico, montones de sangre comenzaron a brotar de la ventanita de carne. El ente respira. Este ser está vivo. Ahora noto el calor, el latido, la vibración. Veo que ahí dentro hay vida. Tengo las manos rojas y creo que pierdo el control. Me mareo. Hago de mis manos una pequeña tacita que buscar recoger esa cascada roja de actividad y supervivencia. La observo sedienta, fluye entre mis dedos y se resbala por mis manos. Pruebo a dar un trago. Dos. Tres. No más. Moderación. Quiero revolcarme en el suelo donde ha ido a parar ese desastre, tumbarme en el charco hasta inundarme. Meto las manos dentro del agujero que creía vacío y siento mi piel invadida por pura energía. Necesito empaparme de todo ese vigor interno. Deseo febrilmente comerme la piel de un modo tan salvaje que apenas puedo contenerme y dejarla en su sitio. Cierro la puerta. Arreglo la herida como puedo. Hago un trabajo desastroso. Me alejo lentamente. Intento decir algo pero se me ahoga la voz en la garganta. Logro por fin girarme, manchada entera de sangre y tan viva como un corazón latiendo a mil por hora.  

Penny Dreadful

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