Estoy rodeada de un montón de figuritas llenas de mugre. Algunas son de mármol, otras de porcelana, todas están fatal. Tienen distintas formas. Esta de aquí es un elefante y aquella de allí es un perro. Hay todo tipo de representaciones de objetos mundanos. Es su mundanidad lo que me aniquila, esa es la condena. Y pulirlas una a una. Si bien podría vivir rodeada de ellas en esta pequeña habitación demasiado abarrotada, descubro que no puedo más, o no quiero más. Comienzo a sentir la claustrofobia de este tedioso castigo interno. Froto una por una cada pequeña figura de porcelana, de mármol. Todas, una a una. Muy despacio, con mucho cuidado. Con ahínco. El empeño me deja las manos destrozadas, se me pelan los dedos y se me rompen las uñas. Demasiadas cosas que curar a la vez, pero todo el tiempo del mundo entre las costillas. Duele todo una barbaridad cuando respiro. Me palpo el costado, el pecho, los brazos, las piernas. Me faltan trozos por todas partes.
Me asomo a las heridas-abismos que no sé de dónde vienen y por qué no se van. Me cubro entera de vendajes y los cambio cada día. Me lavo las manos exhaustivamente, levanto las gasas y esparadrapos y vendas y todo. Escuece. Dicen que eso es que está curando. Dicen. Lo espero. Lo espero todo. Las heridas supuran. Las limpio. Cambio el vendaje. Así todos los días. A veces hasta más de dos veces. Hay días en calma, días que son tormentas en mitad del mar. Pero hay días. Aprendo realmente y de repente que hay días, que pasan, lo mejor de todo es que pasan. Se convierten en semanas, en meses, en años. Y es impresionante. Yo sigo cambiando los vendajes, claro. Cada vez que me asomo dentro me pregunto cómo puede ser tan profunda cada lesión. "Because it's the halves that halve you in half. I didn't know, don't know about the in-between bits; the gory bits of you, and the gory bits of me." Y las lavo, las sano, las cuido. Salen cristales y clavos y espinas y todo-tipo-de-cosas-puntiagudas de esos barrancos de sangre. Pero salen. El alivio es espectacular, igual que el eterno fluir escarlata.
Pulo las figuras, cambio los vendajes, limpio las heridas y pasan los días. Me dejo las manos, me dejo las fuerzas, y cobro vida. Todo va bien. Todo irá mejor.
Me asomo a las heridas-abismos que no sé de dónde vienen y por qué no se van. Me cubro entera de vendajes y los cambio cada día. Me lavo las manos exhaustivamente, levanto las gasas y esparadrapos y vendas y todo. Escuece. Dicen que eso es que está curando. Dicen. Lo espero. Lo espero todo. Las heridas supuran. Las limpio. Cambio el vendaje. Así todos los días. A veces hasta más de dos veces. Hay días en calma, días que son tormentas en mitad del mar. Pero hay días. Aprendo realmente y de repente que hay días, que pasan, lo mejor de todo es que pasan. Se convierten en semanas, en meses, en años. Y es impresionante. Yo sigo cambiando los vendajes, claro. Cada vez que me asomo dentro me pregunto cómo puede ser tan profunda cada lesión. "Because it's the halves that halve you in half. I didn't know, don't know about the in-between bits; the gory bits of you, and the gory bits of me." Y las lavo, las sano, las cuido. Salen cristales y clavos y espinas y todo-tipo-de-cosas-puntiagudas de esos barrancos de sangre. Pero salen. El alivio es espectacular, igual que el eterno fluir escarlata.
Pulo las figuras, cambio los vendajes, limpio las heridas y pasan los días. Me dejo las manos, me dejo las fuerzas, y cobro vida. Todo va bien. Todo irá mejor.

