lunes, 8 de diciembre de 2014

Nº 2: El desconocido (XV)

The Royal Tenenbaums
Su tío acababa de morir. Estábamos en la pequeña ciudad de piedra para el entierro. O quizás vivíamos allí. Quién sabe. Recuerdo que en una de las habitaciones de la casa había un gran baúl lleno de ropa antigua de la familia. Estaba algo desvencijada y sus colores que un día seguro fueron vivos ya estaban más bien muertos. La casa tenía bastantes habitaciones y era muy gris. Pasaron varios días. Nuestras vidas allí transcurrían con toda la normalidad posible, aunque nunca llegó el entierro. La dilación era palpable en el aire. Vagábamos de casa en casa y de calle en calle. Finalmente, uno de esos días, el sueño llegó a su fin en un pequeño evento que dio la vuelta al sujeto central del delirio nocturno. Le abracé, y en ese abrazo entre sollozos me pedí perdón. Era su tío el que acababa de morir, pero era yo quien perdía la compostura. Lloré en su hombro y me perdí en su camisa. Me deshice en disculpas y reproches y alivio. En fin, me deshice. No recuerdo si me recompuse o no me recompuse, pero eso ya da igual. Todo se desvaneció y fue la única sensación que permaneció. 

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