Me encuentro y me desencuentro en el bucle donde camino y me desencamino mientras me re-encamino dentro donde el arado me atrapa y me escapo donde vuelve a cazarme. Una palabra. Una simple palabra, las sílabas que marcan la diferencia para aquella uña que sueña y se agarra al pellejo de un trozo de la carne muerta que sabe aún a veces al recuerdo de la gloria (y la paz, y la guerra). In your watery eyes I'm gonna rest all day, in your watery eyes I'm gonna rest all day. But where did they go? ¿Dónde se fueron? Mi mano busca disipar el humo que han levantado tus pasos al remover el polvo del camino viejo. Temblando bajo el edredón vuelvo a asfixiarme con el mismo olor: el olor de la pérdida eterna, te vas como en un cine continuado, una y otra y otra y otra y otra y otra
Fin.
Todavía estoy colgando y me sigo cayendo del precipicio y mi piel se queda colgando de las rocas y las rocas y la sangre y la piel rasguñada. Y rota.
Fin.
Sabes que la pequeña tregua durará lo mismo que siempre: siempre dura un poquito y quién va a confiar en el futuro. Fluctúas enfermizamente. ¿Te gustan los adverbios en -mente? Porque lentamente me sigo muriendo y lentamente espero. ¿A qué? A mí. Creo. No. Fin.
No me callo y escribo. Tiemblo y escribo. Trastabilleo y escribo. Cruzo la puerta y te escribo. No, no. Escribo. Paso rápidamente (otra vez, -mente) y escribo. Te creo y te escribo. Soy finita. Yo soy fin. Fin.
Ahora me pregunto: ¿qué esperabas? No tú, no, yo. ¿Qué esperabas, boba? El hueso tenía que romperse limpio y de repente me quitaron la escayola y PUM astillas. Me atraganté con una. Las demás me hacen temblar. ¿Declaro la guerra? Claudico y escribo. Fin.
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