martes, 19 de abril de 2016

paréntesis inconexo de abril

inconexa, me siento inconexa
inconexa es la palabra con la cual puedo describir casi siempre mi estado
inconexa de todo
inconexa de mí inconexa de mi mente inconexa en mi mente
un montón de ideas que flotan
que no se traducen en sentimientos nunca
nunca casi nunca
quién es pues aquella
aquella
aquella que no se mira al espejo en días y se sorprende despeinada
totalmente inconexa de sí
inconexa en su estado de desconexión
esa es la respuesta
(ahora que lo pienso)
así en la inconexión vienen las respuestas a preguntas sin formular
(porque no he sabido que había necesidad de que se materializasen de alguna manera)
flotaban inconexas
o eso supongo
seguimos.

lunes, 11 de abril de 2016

Si algún día lees esto, hazme señales de humo

Qué puedo decir. No puedo decir nada. Jamás podré, supongo. He ahí la magia. Ninguna palabra alcanza a rozar lo que pasa en mi interior. Solamente quería dejar alguna prueba de que ocurrió. Que pasaron unos 365 días y sigo viva, que lo recuerdo y que hoy puedo respirar. Me convertí en mi propia cárcel y yo misma estoy doblando los barrotes, buscando la llave. Estoy bien. Tú también. Estamos bien. Hemos sobrevivido a la matanza. Rompimos algo tremendo, puedes tener algo bueno entre manos y destrozarlo. Si hubiese una tumba a la que llevarle flores, mañana iría vestida de negro al cementerio a dejar un ramo. Acariciaría la lápida. Me lamería una vez más las heridas. Quizás sigan abiertas, todavía duelen, pero estoy bien. El tiempo, es lo que tiene. Ocurrió y sentí que me moría, pero no fue así. O tal vez fue precisamente eso: que me morí y volví a nacer. El daño sigue, no deja nunca de llover del todo. Aún no. Quizás jamás escampe. Quién sabe. Mis sentimientos están en todas partes. Siguen durmiendo aquí, a veces tristes y a veces contentos, pero no se mueren.
 
De todas las canciones, que ahora borraste (claro que lo vi, ¿cómo no verlo? Lo vi antes de dejar de mirar), elijo algo nuevo que sea de tu desagrado. Que hable de mí. Porque esa es la cosa, la cuestión de todo esto: que te perdí a ti y me gané a mí. Terrible sacrificio. Si hubiese aprendido a hacerlo antes y hacerlo bien no estaríamos aquí. O, más bien, estarías aquí. La vida. El resto de palabras y de canciones y de miradas perdidas y de pasiones escondidas me las guardo dentro.
 
Estamos bien, y cada vez estamos mejor, y quizás algún día podamos compartir la nostalgia de aquello que fue sin rehuirnos la mirada. Una de esas amistades que entrañan mucho más. ¡Qué deseo tan kamikaze!
 
Y fin.
 
Cualquier otra cosa que pudiera decir florecería como un árbol cuyas raíces se me clavarían dentro y me acabaría atragantando. No puedo hablar si no es en presencia de mi abogado.
 
¡Qué dolor! ¡Qué tristeza! Creo que jamás dejará de ser triste este desenlace desafortunado.
 
 
Siempre fue la historia de seguir la zanahoria con tu aliento aquí detrás 
 
 
FUE TAN LARGO EL DUELO
QUE AL FINAL CASI LO CONFUNDO CON MI HOGAR


jueves, 31 de marzo de 2016

último día de marzo

una se pierde en sus divagaciones y se olvida de que tiene que olvidarse de la narrativa y sentir. sentir, sentir, sentir. qué montón de patrañas. ¡patrañas! luego te destrozan la vida y tienes que volver a empezar y uf, cómo cuesta cuando ya llevas tanto tiempo con la misma mecánica. engranar, desengranar. el problema viene cuando duele, porque cuando duele ya es ineludible. un momento estás tranquilamente sentada, respirando, bebiendo agua, y de un momento a otro duele. y cuando duele parece que importa demasiado y eso provoca rechazo inmediato. y miedo. qué sensiblona, qué vergüenza. y vienen los fantasmas. los problemas reales comienzan con los fantasmas ajenos. te respiran en la nuca y no te dejan vivir, no te dejan ser. ¿cómo vas a ser del todo si no te quitan ojo? luego se materializan y te fastidian la vida. de una vez que reconoces el dolor se te agolpan las cosas y te vienen las lágrimas. ¿y para qué quieres llorar? ¡siempre cuestionándome! incansable. cansina. ya buscando excusas para el desbordamiento. excusas, excusas, no necesitamos excusas: está ahí, y ya. las lágrimas vienen, las lágrimas vienen. en los párpados una terrible proyección de todas las imágenes tristes. todo lo que te trae de cabeza. hasta lo último que quieres que te duela te duele. si te duele será que es importante y darle importancia te mata y te mueres. y ya. ¿y qué haces? te levantas, sigues. en tu histrionismo cansado te evaporas. te evocas y te desvaneces como humo de incienso. la desesperación, la angustia. verbalízate, ¡verbalízate!  sin imágenes, sin gestos. no tuerzas la cara, no arrugues la frente. ruge, ruge, te están rugiendo las tripas. de ahí sale el amor, de ahí sale el odio. el enfado se quiebra en la garganta y el auténtico dolor se cocina en las entrañas y se sirve sobre las dos. de la tarde. cuando hace sol, en la terraza. cuando no, ponemos una estufa. ay, el tedio, ¡el tedio! siempre el tedio. cuando crees rozar la pureza con los dedos, te los encuentras cenizos y ensangrentados. ¡y así todo el rato! pon la lavadora en el programa largo. esto es como sentarse a ver cómo da vueltas la ropa.

domingo, 6 de marzo de 2016

The aftermath of grief

Crees que te vas a morir, pero no. No te mueres. Los minutos no se paran, aunque parezca que sí, no se paran y no te mueres. No te caes por un barranco, no atropellas a nadie. Nada. La vida sigue. Crees que va a ser mil veces peor de lo que luego resulta siendo. Quizás sea porque lo imaginaste tan terrible que tu ficción superó con creces a la realidad. Y no te mueres. Las calles siguen ahí donde las dejaste, los recuerdos siguen ahí: te paras, los miras, y sigues caminando. Parece terrible y mundanamente sencillo. Quizás es que lo es. Hay paz, hay dolor y hay paz. Y no te mueres. Creo que eso es lo más importante de todo, que piensas que va a ser insoportable, pero no te mueres. Lo que deseaste imposible se hace realidad y se cierne sobre ti pero no logra engullirte, no te asfixia. ¡Qué bien! No te mueres, y menos mal. Todas estas palabras van brotando, pero ya no van a parar al mismo lugar, ya no saben ir hacia allí. No encuentran ese viejo camino, aquel arado por mis pies que se arrastraban una y otra vez para llevarme a morir al mismo sitio una y otra vez. Mis palabras ya no encuentran el camino. Será porque no me morí.
 
Hannibal
 
 
 


domingo, 28 de febrero de 2016

Like, why the fuck would I want to lick your teeth, but I do (II)

No he sabido juntar una palabra con otra para lograr encapsular aquellas horas, me he negado rotundamente a darles este espacio en el cual cobran importancia. Ahora siento todo tan distante y tan vivo a la vez, tras el último intercambio surgió un nuevo significado oculto. Era invisible y se materializó en aquellas horas funestas/majestuosas. Se hizo tangible el silencio de una correspondencia entredicha. Me he sentado montones veces a juntar una palabra con otra para lograr encapsular aquellas horas. Este es el intento número... ¿veinte? Digamos veinte. No tiene ningún tipo de relevancia encriptada, no es absolutamente nada, simplemente un número redondo: veinte. Veinte años, es la única relación que encuentro. Los años veinte, los felices años veinte. Podríamos haber flotado en aquella neblina de champagne y jazz. He acristalado aquellas aciagas/sublimes horas: jamás se repetirán, aunque creo que una parte de mí se quedó atrapada en algún momento de la madrugada, quizás me encuentres en los pliegues del sofá. Ojalá, a veces querría ser una florecita en un tiesto al sol y quedarme allí observando la luz jugar. Habría siempre sol y no te apagarías, no te ensombreces. No desapareces, sino que te dilatas en el tiempo (aunque no en el espacio, en el espacio no estás, he ahí la gracia de este juego-que-en-realidad-no-es-un-juego). Sin embargo, aunque ahora no tiemblo, siempre me estremezco. Palpito ausente en una espera cada vez menos angustiosa. Una espera, no sé, una dilatación en el tiempo (otra vez). Ahora la bestia duerme, descansa en una paz de nubes bajas cargadas de una lluvia leve. Tras el aguacero, espero. Fascinada, te hago y te deshago en la nube del recuerdo. 

lunes, 8 de febrero de 2016

Fuga de escape (I)

No sé juntar una palabra con otra para lograr encapsular aquellas horas de algún modo. Es más, en el tiempo que he tardado en intentar averiguarlo todo se ha deshecho y aquellas dichosas horas aguardan intranquilas su fin. La cuestión ha perdido el poco sentido que parecía poder haber cobrado en algún momento. Quise pues convertirte en mundano, gris: forcé una brocha empapada en la bruma incansable hacia tu semblante. Te quiero creer insulso, totalmente apagado. En mi visión tu pelo ha perdido su brillo y tus ojos tienen un fino velo que no me deja verlos. Ahora tacho tu rostro y tacho tu vida, pero no consigo que dejes de existir. Tísico, piel mortalmente pálida, sinsentido. Imagino además tu voz muerta que se pierde entre balbuceos absurdos. Tus labios se secan y se encogen y van desapareciendo. Te has deformado por completo. Es ahora cuando creo poder poner mis ideas en orden y mirar a través de ti. I feel it closing in, day in, day out, day in, day out --se acerca el momento. Las horas han pasado más rápido que cualquiera de los demás días. O eso creo. Voy avanzando hacia atrás. Llevo la cuenta, claro, cómo no: comienzan a brillarme los ojos con la mirada cansada. Mi anticipación es inextinguible. Ojalá se fuera diluyendo en el tiempo, ya imagino el perfil ausente y yo muerta de miedo cayéndome al vacío de preguntas sin responder que chocan con los muros de esta tristeza inefable. Ya comienzo a verlo a lo lejos, ya me tiemblan las piernas, ya estoy de nuevo en el punto de partida. 

sábado, 30 de enero de 2016

Inhóspito frío en el vagón de tren en enero

No importa cuánta ropa me ponga encima que voy a seguir teniendo frío. Lo tengo, está aquí agarrado a mis huesos mientras me congela los músculos. Lo tengo y lo siento pero sobre todo es que lo poseo. No tengo papeles ni lápices ni nada, solamente este vagón de tren tan frío y este dolor en las rodillas y las piernas y la vida. El Frío se mece entre mis manos y me cuelga de los dedos, tan tierno y tan inquieto. Es aquí donde está su hogar, o quizás soy yo quien vive en el Frío. Tengo y siento frío, igual que tengo y siento tristeza. Parecen inherentes. Ojalá no lo fueran, porque también parecen inherentes a mí. Y me estoy helando.  

Mamá, creo que me estoy convirtiendo en un árbol seco, soy su silueta sombría a contraluz, tan frágil y tan fría. Y te juro que creo que cualquier día se me van a acabar rompiendo las ramas. 


Podría ser cualquier día, pero es hoy. 
All things go, all things grow. 

(hoy me gustaría que pudieras arreglarme)