miércoles, 19 de abril de 2017

Perdona por ignorar tu mensaje

Me encantaría poder contestar a tu mensaje, pero es que ahora mismo no estoy disponible. El momento llega y se va y yo permanezco petrificada. Finjo ignorar de manera natural las llamadas. Y no contesto a tiempo a este correo, no miro mi bandeja de entrada (hay un globito rojo con el número 10 dentro como advertencia, intenta decirme algo). Notificación tras notificación, rozo cada una con los dedos hasta cerrarlas. Vuelvo a ignorarte. Perdona contestarte tan tarde al correo. Hago click aquí y allá para poder ignorar los mensajes mientras me creo distracciones. Ojeo publicaciones. Esa interacción más distante me tranquiliza: me hace sentir dentro sin comprometerme. Voy siguiendo historias, evadiendo el compromiso  del mensaje. Veinte conversaciones sin leer. Buceo en la inmensidad del contacto-sin-contacto, contacto 2.0. Noticias de ti 2.0 en nuestra no-relación 2.0. Busco tocarte a través de clicks.

miércoles, 26 de octubre de 2016

las respuestas a las preguntas

El estado inerte de la espera, el cansancio asiduo. Supongo que dejé de sentirme identificada con este espacio que creé y he re-creado cientos de veces desde entonces. Me di cuenta de todas mis carencias, encontré respuestas atemorizantes a preguntas que jamás me atreví a formular, y entonces tuve que parar para poder absorber y escupir algo de provecho. Todavía no ha ocurrido. De todos modos, he decidido volver (aunque sea solo un rato). Dejé de sentirme identificada con la imagen de mí misma que tenía hasta. Hasta que llegaron los cambios, todos de golpe, aunque paulatinos. Pasaron meses y meses a la deriva. Sigo en el barco desvencijado que intenté venderte tantas veces y al que jamás te dejó arrimarte la marea. Yo mientras me ahogué; morí y resucité, morí y resucité. Una gran desgracia que desembocó en la conciencia total del veneno que me pesa toneladas en la sangre, me tira hacia abajo, no me deja vivir (respirar, moverme, ser). No estoy pensando demasiado, no en esto, porque ya pienso suficiente en lo otro y lo otro y lo otro. Voy cerrando puertas (espero), voy cerrando todas las puertas. Giro la llave, el traqueteo me provoca nauseas: déjame volver a mis obsesiones, a mis caprichos, a mis malas costumbres. Sigo intentando girar la llave. No me puedo creer que lo que comenzó a ser dejase de existir en la nube donde volaba con mi bruxismo y la realidad se fragmentó y se fragmentó y se fragmentó. Mis movimientos eran precisos, a cámara lenta. Me caí también a cámara lenta. Y ya me voy, me voy de nuevo, tengo que cerrar otra puerta.

miércoles, 3 de agosto de 2016

I've done things in small doses

Recogí las gafas del suelo y las puse encima de la mesa antes de irme. Intenté una vez más sacudirme esta postura tan incómoda de encima, la misma que mientras anochecía me petrificó en aquella mesa de piedra. Exactamente la misma que me enterró de madrugada bajo todas mis lágrimas y lamentos. Pequeños gestos que buscan resaltar que sigo existiendo en unas realidades y otras, tan dañina e inocente como siempre: cándida y maligna. Tropiezo una y otra vez, llevo tropezándome años. Ya tengo experiencia. Dejé de sentir, dejé de escribir, dejé de leer. Dejé de ser. No dejé de esperar. Y aquí estoy otra vez, con surcos de sal en las mejillas todavía frescos, con las manos llenas de esperanzas y los ojos más abiertos que nunca. Buscando. Esperando. Moviéndome en esta postura tan incómoda que nunca me sacudo. Eché un último vistazo por la habitación y dejé la puerta entreabierta. Nunca volví. La pared blanca ya está lejos. Aún necesito ayuda para poder dormir, aunque ahora me muero de calor. 

martes, 31 de mayo de 2016

encased-decayed

Es terrible el vértigo de leer cada palabra que yo creo delicadamente escogida. Es terrible intentar adivinar los entresijos que jamás nadie parece ver. Me perdería en la selva intentando encontrar la luz entre los árboles tupidos. Me quedaría atrapada en el laberinto. ¿Y si yo saliese y me quedase sola en el rellano? Podría bailar de neurona en neurona si las paredes y puertas fuesen de papel, si se quemasen y se hiciesen humo. Aunque fuesen humo denso. Me ahogaría y en el delirio de la asfixia vería la auténtica luz. Quizás está ahí la respuesta. Quizás no haya respuesta, o no haya pregunta. Todo flota en el aire. Apenas somos luces. Vamos titilando de noche y la calle es eterna. Etílica voy centelleando, la intensidad del brillo aumenta y creo que voy cambiando de color según vas hablando. En ese momento podrías haberme guardado en una cajita de cristal y nos habríamos metamorfoseado en prisma. No hay casi ruido, o tal vez ya no lo escucho porque todos los sonidos que no corresponden a tu voz se deflectan de mí mientras te vibran las cuerdas vocales con ideas que ya se han difuminado de los recovecos de mi mente. No es importante, ahora mismo ya no es importante. En algún momento me convertí en una ristra de lucecitas que se encendían con tus ideas y quise entrelazarme con cada palabra que ibas hilvanando. Los tonos de tus enunciaciones y yo habríamos tejido una alfombra preciosa. La conversación parecía irse formando como un collar de perlas.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Soñé que hablabas en francés

Me preguntaba cómo sería desear de día ahora que no reptaba entre las sombras. Me quedé quieta, supongo que petrificada esperando encontrar una señal, una respuesta tras la persiana y las pestañas despegadas. Me encuentro con tu pared proyectada en mi pared proyectada en la pared. Va rebotando como un haz de luz y cuando intento alcanzarlo me siento acariciando la nada. De todos modos, no es la nada enmarañada de antes que me desdibujaba las entrañas confusa, es más bien la nada que es mía y que siempre me atrapa en sus redes. Me encuentro a mi hastío flotando extrañamente cómodo en el hermetismo calmado y aun así me maldigo cien veces por quedarme ahí quieta observando. Y más me maldigo ahora por darle forma y voz.

Quiero desdibujarlo en el aire, se metamorfosea en el humo de alguno de los cigarrillos que te fumes en la tarde. Cualquier tarde, cualquier rato cualquiera. Hasta entonces me quedo en cuarentena, catatónica por no poder ser mar para deshacerme a mí también. Me quedo estática, atrapada en el ruido del silencio innato que se te camufla en tu verborrea inerte. O quizá me equivoque, muy probablemente me equivoque.

jueves, 19 de mayo de 2016

continuación, pequeño inciso (y fin)

Fue así como terminó. Alguna pequeña ninfa que corre en el bosque rojo piensa que no tendría que haber acabado nunca. Cansados, ensangrentados, destrozados. Juntos para estar siempre separados. Comienza el camino, supongo. Y parece que el adiós se repite en bucle y que nunca es la última vez y sé que voy a desaparecer pero te suplico prórrogas y prórrogas y tengo tantas preguntas que se me quedan en la punta de la lengua y de los dedos y las pestañas, de donde solamente caen como gotas y de la garganta gritan ahogadas. ¿Qué me queda? ¿Una historia? ¿Una vida? ¿Y el futuro? ¿Y las palabras? ¡Metafísica estáis!

Soy finita. Yo soy fin. Fin.

Me encuentro y me desencuentro en el bucle donde camino y me desencamino mientras me re-encamino dentro donde el arado me atrapa y me escapo donde vuelve a cazarme. Una palabra. Una simple palabra, las sílabas que marcan la diferencia para aquella uña que sueña y se agarra al pellejo de un trozo de la carne muerta que sabe aún a veces al recuerdo de la gloria (y la paz, y la guerra). In your watery eyes I'm gonna rest all day, in your watery eyes I'm gonna rest all day. But where did they go? ¿Dónde se fueron? Mi mano busca disipar el humo que han levantado tus pasos al remover el polvo del camino viejo. Temblando bajo el edredón vuelvo a asfixiarme con el mismo olor: el olor de la pérdida eterna, te vas como en un cine continuado, una y otra y otra y otra y otra y otra
Fin.
Todavía estoy colgando y me sigo cayendo del precipicio y mi piel se queda colgando de las rocas y las rocas y la sangre y la piel rasguñada. Y rota.
Fin.
Sabes que la pequeña tregua durará lo mismo que siempre: siempre dura un poquito y quién va a confiar en el futuro. Fluctúas enfermizamente. ¿Te gustan los adverbios en -mente? Porque lentamente me sigo muriendo y lentamente espero. ¿A qué?  A mí. Creo. No. Fin.
No me callo y escribo. Tiemblo y escribo. Trastabilleo y escribo. Cruzo la puerta y te escribo. No, no. Escribo. Paso rápidamente (otra vez, -mente) y escribo. Te creo y te escribo. Soy finita. Yo soy fin. Fin.
Ahora me pregunto: ¿qué esperabas? No tú, no, yo. ¿Qué esperabas, boba? El hueso tenía que romperse limpio y de repente me quitaron la escayola y PUM astillas. Me atraganté con una. Las demás me hacen temblar. ¿Declaro la guerra? Claudico y escribo. Fin.