sábado, 26 de septiembre de 2015

Decisiones, decisiones, decisiones

El humo salía de entre la espuma encima del agua roja. Mientras El Fantasma aparecía entre el estruendo del órgano, atardecía junto al río. Se me atragantan los colores anaranjados del cielo mientras ya es de noche y yo lo veo al salir de mi ensueño. Aunque no estoy en las butacas rojas, ni bajo el agua, y mucho menos paseando por el río. Estoy sentada, mirándolo todo de lejos, atragantándome con las circunstancias. Estoy enferma y harta, dolorida, adormilada. Psicosomatizando hasta la saciedad. Me duele la cabeza de tanto pensar, de intentar sortear los obstáculos dentro de mi mente a través de la neblina. Hay vacíos y agujeros negros y yo tengo miedo de caerme dentro.

Trazos desiguales, realidades inconexas cohabitando en el mismo espacio sin poder construir un puente entre unas y otras. Qué voy a hacer, si vivir es más que poner un pie delante de otro y eso es lo único que siento que estoy haciendo. Pareciera que me estuviera hundiendo en el fango y qué difícil es tener veinte años y tantas responsabilidades y decisiones que tomar. Todos los líos emocionales y todo lo que hay por hacer, por elegir. Cómo vivir con el dolor de crecer cuando parece tambalearse prácticamente todo. ¿Cuántas veces he dicho ya la palabra todo? Qué absolutista. Creo que ni siquiera estoy utilizando bien ese termino. En fin. Perdida, ya veis, perdida.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Los cincuenta lugares del mundo que debes visitar antes de morir, ¡haz click aquí ya!

Con un pie puesto en el Transiberiano y otro en la realidad, la coraza hecha pedazos. Mirada tímida que se lanza a un abismo de hielo. Ahora sí, ahora  no. Creo que me he quedado ensartada en una estaca congelada y afilada al caerme al vacío. Qué mala costumbre la de tirarme a la nada, siempre desequilibrando la balanza. Traigo en estos sacos de tela viejos y roídos mis sentimientos de siempre. Déjalos en la alfombrilla. O bueno, al menos en el rellano: ya estamos en otoño, empezará a refrescar, que no cojan frío, por favor. Déjalos por la mañana al sol un rato, ni siquiera hay que regarlos como a las plantas, ya iré yo a recogerlos. Me los llevo a cuestas de nuevo. Los subo al desván que no tengo, está en construcción, vaya obras más lentas. ¡Leven anclas! ¿Es que nadie escucha nada ya? ¡Que leven anclas de una vez! Y una vez más nadie atiende al llamado. Suenan todas las canciones tristes en el puerto. Ya basta de metáforas marítimas, Robinson Crusoe te dejó tocada, cállate ya. Los barcos, los barcos, los barcos. A es A. Rosa es una rosa es una rosa es una rosa. Mi barco está hundido, destruido, derruido, blablabla-ido. Este no-estado, nuestra no-circunstancia. Aquí está, entre mis manos, retorciéndome entera: me empapaste, me escurriste y me dejaste arrugada en una esquina. Cae la lluvia y no me seco. Pero qué exagerada, cuánto drama. Te pintas los ojos, y los labios, y las mejillas; te pones algo bonito. Es otoño ya, pero hace calor y la naturaleza sigue floreciendo en el verde de tu iris y en tus faldas. Lees un artículo cualquiera de una de esas páginas web que hacen recopilaciones de listas y ya, qué boba, tienes un pie puesto en el Transiberiano. Qué no entiendes, que Moscú no te está esperando. 


"don't try to talk yourself into this love and sleep like a baby while I'm staying up,
it's as much what you say as it is what you don't,
you can't try to stay:
you either will or you won't."

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Y las fechas se cayeron del calendario

Siempre acabo olvidando pasar las hojas. No por nada en especial. Creo. Supongo. Espero. Comienzo entrecortada pero luego me suelto. Lloro en sollozos sin lágrimas frente al trono de porcelana, incapaz de. Punto. Incapaz. Me siento impotente de todo: comer, llorar, vivir, doler. No sale nada y me ahogo en la ineptitud de mi estado. Soy diminuta en mi insuficiencia. Temblando de frío, febril, torpe y perdida. Corroída por dentro, de rodillas, en las baldosas azules. Intenta salirse mi alma de entre mis labios de nuevo pero no doy la talla. Exponiéndome y huyendo, me escondo, no quiero enfrentarme a. Punto. Trato de discernir real de irreal, paranoia de verdad. Qué creer y qué sentir cuando todo vuelve a tambalearse de nuevo. Se me revuelve el estómago y me da el corazón mil vuelcos. Ni siento ni padezco pero de golpe me estoy desangrando. Arrinconada como un ratoncito, a punto de ser cazada. En el nicho la tierra es fresca y dentro del ataúd ya se pudre mi carne. Sigo construyendo el panteón, dedicado a mí, a nosotros, a mis sentimientos insalvables de la demencia. Aterrorizada escribo y pienso. Apenas puedo ya describir una náusea que poco me aflige, aunque persista el estómago cerrado que me limita. Doy vueltas alrededor de cada palabra, mareada. En cada letra me cuelgo y cuestiono todas las verdades del Universo. Se están entremezclando dos estados opuestos del mismo modo que coexisten en mis entrañas y se combinan agitando cada milímetro de mí. Sigo afectada, mudando pieles, sin poder quitarme dolores de cabeza y de corazón y de espalda. I found a place, full of charms, but it just is out of reach (for) now. El bucle, el bucle de humo y sombras, el bucle de ensueño. Soy ceniza de un cigarro mal liado olvidada y perdida con el viento. Gris, apagada. Inconexa. Pensando en. Punto. 


is he coughing now on a bathroom floor?
for every speck of tile, there's a thousand more
you won't ever see but most hold inside yourself eternally

does-she-does-she-does-she-does-she-does-she-does-she
no lo repitas muy fuerte (me digo), que vuelve (susurro)
y nadie quiere eso.

domingo, 20 de septiembre de 2015

The Decomposition Notebook

El día es azul claro. Un montón de pistas, fragmentadas, afiladas, se me clavan dentro. Picasso y su Periodo Azul, el mío parece perpetuo, yo también parezco sufrir el luto. Una colección de errores fatales que se superponen, cristalizados, rotos: minúsculos cristales pulverizados que son propulsados por la ventisca de esta asquerosa tormenta. Se cuelan en mis párpados y no puedo ver o pestañear siquiera. Se va el rojo de mis labios y se dilatan mis pupilas con los escalofríos de las primeras arcadas sobre las baldosas frías. El mundo se mueve, toda esta realidad no existe: soy espejismos y reflejos en espejos distorsionados. Mi realidad vibra mientras se tambalea. Mi visión apenas capta juegos de luces extraños y confusos donde hay una neblina entre la realidad externa y mi vorágine interna. La dicotomia constante de su sombra y su bondad. Coexisten y me aferro a los días soleados mientras casi he olvidado aquella felicidad tan lejana que ahora ya no alcanzo ni con la mirada. Me vacío y busco los retazos de mí con los cuales ahora quiero reparar el interior hueco, desolado. Intento atrapar todas mis palabras y se escapan de mis manos, rozándome delicadas y punzantes las puntas de los dedos. Me desbordo. Una y otra vez. Comienzo a vivir en un bucle de náuseas y pena, una humillación continua. Me enfrento a platos de comida que jamás terminan y sus restos me devuelven la mirada, inquisitivos.

Hay piezas que se quiebran una y otra vez y comienzo a dudar si podré juntarlas de nuevo. Un jarrón de cristal que se estrella contra el suelo y revienta, el golpe queda en ese caos estático: un momento congelado en el tiempo, retrato de mi ruptura personal con la realidad. De nuevo siento que el sentido de todas las cosas que se mueven a mi alrededor comienza a esfumarse, se va extinguiendo y solamente voy flotando en el humo gris y espeso, cuya función ya es simplemente retratar tristemente el espantoso resultado del último bombardeo a mis cimientos.

Vuelvo a la vida aunque casi prefiero nadar en mi deconstrucción personal. Ave herida que en un día de lluvia se resguarda bajo cualquier techo. Azul, color herido, sangra púrpura y espeso. En el espejo veo que el rompezabezas se ha descompuesto y todas las piezas están desordenadas, algunas extraviadas. Las campanas llaman y nadie puede atender a la señal. Hay una cadena, una cadena y ya en lugar de seguirla me ata las manos y se enrosca como una serpiente alrededor de mi cuerpo. Se desliza hasta mi cuello y me ahorca.

Aquí yacen de nuevo las esperanzas insulsas. Aquí, yazco aquí de nuevo.

One Day

jueves, 10 de septiembre de 2015

Significado

Y al tercer día finalmente lloré. Al menos esta vez no fue el primero. Salieron los mares revueltos que me estaban ahogando. Me quemaba la piel, ya quería arrancármela a tiras. Qué importará el detonante si al final a las diez de la mañana ya se me nublaba la visión y se me revolvían las entrañas. Atrapada en mí misma, en algún momento se desbordaría tanto dolor acumulado: ninguna presa es lo suficientemente alta ni fuerte para contenerme. No debería haber una presa. Me empeñé en construirla de todos modos. Estaba destinada al fracaso desde que con mi mano puse la primera piedra, el primer ladrillo: los cimientos. Condenada desde el origen de mi pensamiento. Tanto rato meditando desde la ventana del coche en la ciudad gris con tanto tráfico, mirando los autobuses y su humo pestilente y espeso. Todavía lo recuerdo. Y ahora no dejamos de hablar de significado y estos artículos no van a leerse solos y tengo miedo de que mi cerebro tampoco procese esto. Se ha quedado estancado. Creo. Temo. Y vi el color, el color temido: ya desgastado, probablemente resultado de una mala ejecución. La noche anterior el disco de Eels y tantas canciones bonitas y algo de alivio. Creer que hay algo al otro lado, ver que no hay nada al otro lado. Todo se postrará ante mí infinito, las puertas de la percepción impecables. ¿Cuándo? La rutina no es hilo conductor suficiente. No es nada. Poco ociosa también me encuentro perdida. La perdición es entonces algo intrínseco a mi composición, a mi significado: un nuevo elemento que no puedo tachar y me esfuerzo en ignorar, ya por costumbre y pena. Cuántos veranos, cuántos veranos me preguntaba la canción. ¿Qué es algo agradable? Lo añoro. Puedo hablar de todo lo repulsivamente odioso. Cada detalle minucioso, desgranado en lágrimas y heridas y derrotas. Una herida en la rodilla de la noche del viernes. No recuerdo cómo perdí el zapato, pero sí la sensación desgarradora mientras se deslizó de mi mano. ¿Cómo? ¿Cuándo? Quizás se quedó en el jardín, junto a la piscina. Quizás en la calle perpendicular a la mía. ¿En el coche? Nadie me ha dado noticias de él. Algo más que añadir a la lista y otra vez la desazón. Envuelvo con mi índice y pulgar derechos el corazón izquierdo. Intento volver a la realidad, Un vaso de agua, manchado de pintalabios rojo. Atraigo la jarra hacia mí con violencia. Tengo náuseas durante las siguientes dos horas. La visión, la visión, ¿qué haré cuando mute? Metamorfoseará para estrangularme, un demonio mezquino: podrías ser tú, pero no eres tú, nunca vas a serlo. Me lo escupe en la cara. Me siento en la silla roja y sobre la mesa de cristal me derrumbo. Mensajes de ánimo pero nunca más uno de los más necesitados. Ay. Y así no he leído qué pasaba con Alicia y Humpty Dumpty pero yo también me caí del muro y me hice pedacitos. ¿Cómo voy a recogerme con estos miembros rotos? Aun así, lo hago. Alguna fuerza astral, magia divina, ¡milagro! Fuerza de voluntad, empeño, perseverancia: palabras de slogan facilón, positivo... barato, a veces. Un párrafo sin espaciado, al mentor con nombre de flor no le gustaría esto. Quizás a esos modernistas de las veintiséis páginas que tengo que leer para mañana y no estoy leyendo sí. Tal vez a nadie directamente. ¿Qué busco? No sé, pero un significado parece un buen lugar para empezar.



Y cada vez me siento más como un criminal.


lunes, 7 de septiembre de 2015

Bratislava, creo que hoy te he dejado de querer

He vuelto a sentirlo, cómo la Relevancia de todas las cosas se desgarra de mí. Otra vez vuelve a escaparse entre mis dedos y vuelvo a estar hecha de sombras y papeles frágiles que arden de un instante a otro. No me extingo. Esta vez soy yo las llamas. Logro abrazar mis huesos astillados con mis músculos desgastados. No me esfumo otra vez. Ya no puedo permitírmelo más. Aceptar la idea de aceptar que está bien no estar bien. Deshaciendo y recolocando. Pequeños pasos. Crecer, esa palabra... Dejar ir, dejar atrás. Dejarme atrás.

Escribo a lápiz, pienso a lápiz: las mentes no paran de moldearse, las opiniones cambian. Mis miedos crecen. Mis armas también. A veces. Crecer, sí, crecer. Fechas de caducidad, fechas límite. Parámetros dentro de los cuales encajar planes, dentro de los cuales encajar vidas, dentro de los cuales encajarte a ti. Otra vez vuelve a escaparse de mí la Realidad, la realización de una vida que sigo sin entender y a duras penas consigo aceptar. Aceptación en vez de resignación. Infinitas posibilidades, por si me falla un sueño que aún queden otros.

El camino que no sé cómo construir. Me comprometo a poner aquí delante de mis pies descalzos una primera piedra diminuta. Estoy preparada para el frío. Tengo todavía un montón de vidas y pieles que mudar, de las que mudarme. Comienzo al menos a pintar las piezas del rompecabezas para algún día poder juntarlas. El mosaico de los últimos veinte años, el de los siguientes, el de los que queden. Bratislava, creo que hoy te he dejado de querer. O quizás no, pero estoy dispuesta a averiguarlo. Hasta que tenga sentido. Me lanzo de lleno. Lo que sea que tenga en las entrañas, lo que sea que me espere por delante: me adentro, apostándolo todo otra vez, por mí.

Hannibal

fin del Ciclo de verano
* * *

domingo, 6 de septiembre de 2015

"Here's looking at you, kid"

Hannibal

Soy la versión obsoleta, acabada, pasada de moda. La versión obsoleta de todo aquello que hacía, leía, escuchaba. Una ventanita al pasado donde estoy yo y mientras tanto me siento en una silla de madera, dentro de una alcoba desnuda, desprovista de color, solitaria. Allí donde me siento y pienso. Lejos, lejísimos, le leo, escucho y pienso. Lo que veo no son más que espejismos, invenciones, recuerdos distorsionados.

Me asomé por la terraza a ver los fuegos artificiales. Solamente podía ver un trocito del cielo iluminado de explosiones: una imagen casi lánguida retratando mi circunstancia en decadencia. Las luces y los sonidos me absorben. Me llego a sentir extasiada por unos instantes. No puedo evitar remontarme a todas las veces anteriores. Los fuegos artificiales son una de mis cosas favoritas en el mundo. Me maravilló darme cuenta de los trocitos de nosotros reconocibles en las cosas que nos fascinan. Desde mi perspectiva obsoleta aún en algunas de estas nuevas piezas veo pizcas de aquello que no me cuesta recordar. Y duele, pero a la vez me alegra. La ausencia no ha significado detrimento.


martes, 1 de septiembre de 2015

El corazón más pesado a este lado del Mississippi


Resquebrajada. Quebrada. Rota. Un saco desgastado que tuvo que llevar a hombros repleto de mí y mis desastres y mis miedos. Todos los monstruos que me desgarraron. Habría logrado hundir al mejor de los nadadores. Me pesaba tanto el cuerpo que podría haber dormido mil años. Casi lo hago. Lo intenté, lo sigo intentando. Me escondo ahora mientras intento sostener entre mis manos este corazón tan pesado. Cómo pude, cómo pude. Todavía no entiendo cómo no vi antes en el espejo mi reflejo insulso y desmenuzado. Metamorfoseé en un parásito espantoso.

Volví a uno de tantos lugares en que están escritos todos nuestros errores y nuestros aciertos. Me vi sentada del revés, a él leyendo Guerra y paz una fría tarde de invierno. Recuerdos tan lejanos de unas personas que ya no somos nosotros, de cuando no éramos, sencillamente. Tantas cosas que quisiera poder borrar y jamás podré eliminar de nuestro historial. Haciendo un recuento de todo solamente puedo sonreír y llorar, de alegría y tristeza, ambas, a la vez. El punto medio se nos escapaba casi todas las veces. Me avergüenzo de la soga que até a su cuello, firmé nuestra sentencia de muerte y ahora que intento borrarla comprendo que jamás ninguno de los dos podrá. A mis dedos frágiles y mi corazón débil solamente les queda un puñado de esperanza que arde como mil soles: no reescribir tanto como escribir de nuevo, redactar el acta otra vez. Damos el certificado de defunción por válido mientras dos aves fénix renacen de las cenizas de esta masacre.

Solamente queda saber si surcarán algún día los mismos cielos. 

Who Framed Roger Rabbit