El humo salía de entre la espuma encima del agua roja. Mientras El Fantasma aparecía entre el estruendo del órgano, atardecía junto al río. Se me atragantan los colores anaranjados del cielo mientras ya es de noche y yo lo veo al salir de mi ensueño. Aunque no estoy en las butacas rojas, ni bajo el agua, y mucho menos paseando por el río. Estoy sentada, mirándolo todo de lejos, atragantándome con las circunstancias. Estoy enferma y harta, dolorida, adormilada. Psicosomatizando hasta la saciedad. Me duele la cabeza de tanto pensar, de intentar sortear los obstáculos dentro de mi mente a través de la neblina. Hay vacíos y agujeros negros y yo tengo miedo de caerme dentro.
Trazos desiguales, realidades inconexas cohabitando en el mismo espacio sin poder construir un puente entre unas y otras. Qué voy a hacer, si vivir es más que poner un pie delante de otro y eso es lo único que siento que estoy haciendo. Pareciera que me estuviera hundiendo en el fango y qué difícil es tener veinte años y tantas responsabilidades y decisiones que tomar. Todos los líos emocionales y todo lo que hay por hacer, por elegir. Cómo vivir con el dolor de crecer cuando parece tambalearse prácticamente todo. ¿Cuántas veces he dicho ya la palabra todo? Qué absolutista. Creo que ni siquiera estoy utilizando bien ese termino. En fin. Perdida, ya veis, perdida.
Trazos desiguales, realidades inconexas cohabitando en el mismo espacio sin poder construir un puente entre unas y otras. Qué voy a hacer, si vivir es más que poner un pie delante de otro y eso es lo único que siento que estoy haciendo. Pareciera que me estuviera hundiendo en el fango y qué difícil es tener veinte años y tantas responsabilidades y decisiones que tomar. Todos los líos emocionales y todo lo que hay por hacer, por elegir. Cómo vivir con el dolor de crecer cuando parece tambalearse prácticamente todo. ¿Cuántas veces he dicho ya la palabra todo? Qué absolutista. Creo que ni siquiera estoy utilizando bien ese termino. En fin. Perdida, ya veis, perdida.




