He vuelto a sentirlo, cómo la Relevancia de todas las cosas se desgarra de mí. Otra vez vuelve a escaparse entre mis dedos y vuelvo a estar hecha de sombras y papeles frágiles que arden de un instante a otro. No me extingo. Esta vez soy yo las llamas. Logro abrazar mis huesos astillados con mis músculos desgastados. No me esfumo otra vez. Ya no puedo permitírmelo más. Aceptar la idea de aceptar que está bien no estar bien. Deshaciendo y recolocando. Pequeños pasos. Crecer, esa palabra... Dejar ir, dejar atrás. Dejarme atrás.
Escribo a lápiz, pienso a lápiz: las mentes no paran de moldearse, las opiniones cambian. Mis miedos crecen. Mis armas también. A veces. Crecer, sí, crecer. Fechas de caducidad, fechas límite. Parámetros dentro de los cuales encajar planes, dentro de los cuales encajar vidas, dentro de los cuales encajarte a ti. Otra vez vuelve a escaparse de mí la Realidad, la realización de una vida que sigo sin entender y a duras penas consigo aceptar. Aceptación en vez de resignación. Infinitas posibilidades, por si me falla un sueño que aún queden otros.
El camino que no sé cómo construir. Me comprometo a poner aquí delante de mis pies descalzos una primera piedra diminuta. Estoy preparada para el frío. Tengo todavía un montón de vidas y pieles que mudar, de las que mudarme. Comienzo al menos a pintar las piezas del rompecabezas para algún día poder juntarlas. El mosaico de los últimos veinte años, el de los siguientes, el de los que queden. Bratislava, creo que hoy te he dejado de querer. O quizás no, pero estoy dispuesta a averiguarlo. Hasta que tenga sentido. Me lanzo de lleno. Lo que sea que tenga en las entrañas, lo que sea que me espere por delante: me adentro, apostándolo todo otra vez, por mí.
Escribo a lápiz, pienso a lápiz: las mentes no paran de moldearse, las opiniones cambian. Mis miedos crecen. Mis armas también. A veces. Crecer, sí, crecer. Fechas de caducidad, fechas límite. Parámetros dentro de los cuales encajar planes, dentro de los cuales encajar vidas, dentro de los cuales encajarte a ti. Otra vez vuelve a escaparse de mí la Realidad, la realización de una vida que sigo sin entender y a duras penas consigo aceptar. Aceptación en vez de resignación. Infinitas posibilidades, por si me falla un sueño que aún queden otros.
El camino que no sé cómo construir. Me comprometo a poner aquí delante de mis pies descalzos una primera piedra diminuta. Estoy preparada para el frío. Tengo todavía un montón de vidas y pieles que mudar, de las que mudarme. Comienzo al menos a pintar las piezas del rompecabezas para algún día poder juntarlas. El mosaico de los últimos veinte años, el de los siguientes, el de los que queden. Bratislava, creo que hoy te he dejado de querer. O quizás no, pero estoy dispuesta a averiguarlo. Hasta que tenga sentido. Me lanzo de lleno. Lo que sea que tenga en las entrañas, lo que sea que me espere por delante: me adentro, apostándolo todo otra vez, por mí.
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| Hannibal |
fin del Ciclo de verano
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