jueves, 21 de enero de 2016

Not just cross myself out, not just disappear

La pastillita azul sale del plástico transparente y juega entre mis dedos. Nos miramos fijamente, se desliza por mi garganta y comienza la cuenta atrás. Vivo entonces contrarreloj, tic-tac, ve bajando el ritmo, la luz cada vez más tenue, por favor. Tic-tac-tic-tac. De azul se van pintando mis párpados y supongo que puedo ver desde dentro mi cerebro flotando en esa nube azulada y densa. Tic-tac, me desvanezco. Creo que voy dejando de existir, aunque sigo aquí. Me resisto a ser noctámbula, ahora soy azul petróleo. Me fragmento mientras siento que me escapo de mí misma, mis manos no aguantan tantos trozos de mí. Se me escurre todo entre los dedos sin poder hacer absolutamente nada, me estoy perdiendo, siempre cojo los mapas al revés y desimanto las brújulas. Tengo muchas preguntas, confieso, si no soy esto no sé quién soy entonces. ¿Ha sido todo una enorme farsa insomne? Tic-tac-tic-tac-tic-tac, se te está acabando el tiempo. Tic. Tac. Me estoy desapareciendo y todav-tic-tac... Todavía hace frío. Tengo las manos congeladas. Me estoy desvaneciendo. Tic-tac-tic...



I've been trying to get out, 
Find a subtle way out,
Not just cross myself out, 
Not just disappear

I've been trying to stay out, 
But there's something in you
I can't be without,
I just need it here


jueves, 31 de diciembre de 2015

De lechuzas tristes

Todo lo que he tenido y lo que no he tenido; lo que se ha marchado, lo que ha venido... Todo, absolutamente todo lo que está y lo que no está, lo guardo aquí. Todo aquello que ha cambiado, aquello que pesa, aquello que existe. La ausencia, la soledad, la pérdida. Los cajones se me están desbordando, encerrada dentro de mí misma creo que van a enterrarme y van a comerme desde dentro, van a salir de mi pecho donde este monstruo se va afilando los dientes. La bestia inquieta y yo siempre corremos en círculos, encontrándonos y des-encontrándonos. 

En el bosque los árboles son tupidos y la luz apenas llega, suficiente para ver la luna y para que las siluetas y las sombras me absorban entre espejismos y persecuciones. No veo los pantanos hasta que me he hundido dentro. No veo nada pero siento las criaturas oscuras que flotan a mi alrededor, se van moviendo en acrobacias acuáticas silenciosas, casi imperceptibles, malévolas. Comienzan lentas y se vuelven trepidantes mientras se deslizan por el agua verdosa y yo nado desnuda e indefensa entre la niebla, totalmente confundida, perdida. Me convierto en ninfa, yo ya soy una con esta naturaleza perversa, retorcida. Las noches son tenebrosas y los días nunca llegan. Ahora estoy hecha de las hojas de los árboles negros: mis dedos son ramas secas; mis ojos moras silvestres, venenosas. Tengo los pulmones anidados de nenúfares color granate, en mis costillas graniza todo el tiempo. Sueño con ver pájaros; todos los cuervos son negros. Jamás, jamás, nunca más. Mis lágrimas son de lodo y mis jadeos incesantes y mudos. 

Entonces llega el despertar y me araño el costado con estas ansias de arrancarme todo el daño que me he causado. En esta partida no me descarto, solamente sigo acumulando. Más que llenarme de aire, creo que mi diafragma se dilata con la incipiente imposibilidad que voy atrayendo. Víctima de mi ansiedad me encierro dentro de la cárcel de mis costillas para no salir nunca, nunca, nunca más. Y sale el sol. ¿Aún existe el sol? Yo estoy lista, ya estoy lista para caerme por el precipicio. De nuevo veo el reflejo de la luna llena danzando redondo sobre el mar oscuro y estoy lista, estoy lista para caerme por el acantilado. There's a light, what light! Caigo y ahora soy mar y soy luna y marea y arrastro la arena y soy todo y no soy nada a la vez. Soy, soy. Aún existo, aún tengo frío.

 


domingo, 27 de diciembre de 2015

Scattered on the moon

Mis sueños cercenados yacen en alguna superficie baldía. Incapaz de agarrar mi caos de ninguna manera apenas logro respirar tranquila. La niebla. Todavía recuerdo la niebla. Sí, esa niebla. Podríamos habernos quedado ahí suspendidos o caminando sobre la luna, pero aquella realidad es tan lejana que creo que es ese gran recuerdo el que me mutila los sentimientos y hace que se desborde el desastre que soy. Volvió la niebla otro día que el frío me caló hasta los huesos al bajarme del tren y apenas se veían los edificios y yo sabía que caminaba hacia la sentencia que, de nuevo, yo misma había firmado. Cavo mi propia tumba una y otra vez. Yo también: caí en flechas, muriero(n) to(do)s. ¿Se puede decir? Jamás leas esto. Jamás lo harás. Realmente no es tan importante pero de nuevo en mi mente he imaginado mi discurso incesante en que callas. Me estremezco sólo de pensar en escuchar las palabras que confieso de camino a la estación de metro: una grabación de cinco minutos relatando las posibilidades que azotan mi existencia. Aquí confluye todo. Y la luna, ¿brillaba así ayer la luna? Cada vez más helada (yo), cada vez menos amarilla (ella), cada vez más menguante (ambas). Sueño de una noche de invierno. Me quedé atrapada en alguna que otra noche de verano, o alguna tarde. Me quedé atrapada en demasiados lugares. Volví, volví allí un día de camino a casa y me senté y lloré. Yo también he flotado en nubes etílicas y de mí han llovido palabras. A veces granizaban y le caían al pobre en la cabeza y no tenía escapatoria. Incansable, siempre incansable con esto de las palabras. Lo que pretendía ser un respiro, un delirio cómico, ha acabado acongojándome en un retorcido giro de los acontecimientos. 

Creo que me quedé desperdigada en la superficie de la luna y sin gravedad no puedo recuperar mis trocitos. Mis palabras siguen resonando en mis oídos, congeladas. Ejecutándome. La guillotina. Tuer la femme; elle qui reste là, dans la lune. Ay ay ay. Acribillada, soy un queso gruyère. La angustia: je me réveille; je me souviens. The long and winding road. 

(les interrumpimos con una breve pausa. su interlocutora acaba de recordar que se comió un bol de cereales hace unas cuatro horas y entonces hizo una breve pausa. esta será menos breve. en unos instantes seguiremos con nuestra programación. disculpen las molestias y gracias por seguir con nosotros)

Ay. A mí sí me gustan las comas, casi siempre, pero a veces sobran, sí, sobran. Robo realidades paralelas. Los eventos se desenvolvieron en unas 24 horas, give or take. Lo realmente culminante ocupó casi diez. Sunday Morning. Encased in case I need it. The clasping casement, enclosed. Mmmm. Todos los miércoles me acordaba de lo mismo, escribí. Son días largos, paso mucho rato sola. Me quedo dormida, no llego a clase, como sola, me doy varios paseos en metro y/o autobús y tren. Weightless. Preposterously blooming in the gloom. Y sólo una vez. Luego silencio. Silencio eterno, throw me a bone, will ya? Me desespero to the moon and back, amigos. 

Tráeme un edredón, que sopla esta brisa helada y tengo frío de no escuchar nada. 

(no llevo nada bien los asuntos inconclusos)

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Otra noche sin dormir

Me imagino sentada en la orilla de tu cama, ya que no puedo dormir qué más da dónde esté, te imagino a menos de un metro de distancia, porque ya que no estás aquí, qué más nos da que estés tan cerca. Mi incansable verborrea ha agotado tu nombre, casi que veo desdibujarse las letras, creo que vas a dejar de existir en cualquier momento. La pared está tan blanca, está siempre tan blanca y tan fría. La puerta se mantuvo cerrada y tú insondable. Mis tanteos torpes se desvanecen: estamos en mi mente, aquí puedo jugar a lo que quiera, puedo derribar la puerta y destruir la pared si quiero, aquí dentro no puedes hablar ni vas a hablar y no me tiembla la voz y te castigo con palabras y palabras y más palabras.

Mientras te imagino voy uniendo los puntos que configuran tu imagen borrosa y tenue. Un recurso en esta narrativa, no eres sino un recurso. Una excusa para que suelte mi perorata. No quiero nada más. Estoy tachando tu nombre, lo voy arañando letra por letra, desgastado de que vaya por aquí y por allí haciendo malabares con él. Es aquí cuando imagino todo aquello que te diría y que jamás te diré, jamás podré decirte. No se me quiebra la voz y no me das miedo, no me das nada de miedo. Siento que todo fluye, mi discurso es tranquilo y firme. Tengo razón, tengo razón, a veces pareciera que sólo eso me importara. Pero es mi cabeza y aquí puedo tener razón.

Finalmente, ya que yo tengo las reglas del juego, yo elijo. Aquí yo inventé las reglas, yo escribí el libro, yo tengo el poder de decisión. No me permito imaginar el final que deseo. Me limito a arañar ahora recuerdo a recuerdo todo lo acaecido hasta ahora. Todo. No existes, realmente no existes. La pared no es blanca, la puerta es invisible. No existes, no existe nada. Un producto de mi imaginación mientras me veo sentada en la orilla de tu cama. Aún estoy temblando. 

domingo, 29 de noviembre de 2015

tengo vértigo-de-montaña-rusa

Me das vértigo. Me das vértigo como las escaleras de la catedral, como las atracciones del parque. Me das vértigo como la canción de U2, aunque la he vuelto a escuchar y no encaja mucho aquí, no tiene mucho sentido, exactamente como esto. Como tú o como yo. Y quién eres tú y qué es este vértigo. Ese vértigo como cuando miras desde la azotea, como cuando vives en el piso dieciséis. Vértigo desde lo alto. Lo he buscado en el diccionario, a ver si así lo entiendo: yo, disidente de la lexicografía, me he documentado. Qué inseguridad, ¡qué pavor! Me caigo, no te caes, me caigo. Qué terror a las alturas, qué desazón de querer caerme por un barranco. Me tiro por la ventana, me caigo al vacío; al final están tus ojos y ahí nado hasta que me hundo y me ahogo y me asfixian estas ansias. Ansiedad, ansiedad, vértigo de lanzarme de lleno en la ansiedad. Las profundidades del fondo desierto de este vacío horroroso me llaman como un imán. Vértigo, vértigo como la película de Hitchcock. Tengo vértigo, me das vértigo-de-montaña-rusa, mucho vértigo. 

martes, 24 de noviembre de 2015

"And meanwhile in my head I'm undergoing open-heart surgery"

Dentro de Valeria son las 4am y no puede conciliar el sueño, ha dejado pasar las últimas cuatro horas entre frustraciones; yo la estoy observando desde fuera, cómo gira y cómo se estremece y quiere gemir de dolor pero a estas horas no hay ruido, y ahora tampoco hay sueño (ni sueños). En el bucle de la desesperación respira tranquila, aparenta respirar tranquila. Valeria está pintando ilusiones estúpidas para intentar llamar a Morfeo y sumergirse en algún paraíso imposible. Morfeo, qué trillado. Qué previsible, qué aburrida. Me aburres porque no te duermes y mañana estarás lloriqueando por ahí, duérmete, por qué no eres capaz de dormirte, que te duermas ya. Me desesperas, me sacas de quicio. Vuélate ya la tapa de los sesos, acaba con esto, acaba con esas malditas expectativas también: déjate ya de tanta película y tanto rollo. Me aburres. Pareces un tren averiado, me sacas de mis casillas con tanta vuelta. Deja de imaginarte que... Que pares. Para. Duérmete. Para.

Son las 4am y no puedo dormir y me imagino paraísos imposibles en los que sumergirme, me cuento a mí misma la historia que deseo, en este momento la deseo: casi es una ampliación de la escena del crimen, los crímenes, pecado capital tras pecado capital. Qué bobada. ¿Me acordaré mañana de esto que me narro pero quiero narrarte a ti y me callo porque no tengo a quién ir a decir...? Decir, decir, decir qué. La última vez que intenté decir nada acabé de nuevo nadando en el fango, en este asqueroso pantano en que yo misma me he metido y ahora son las 4am y tenía que ser el insomnio. Quiero dormir. No hay suerte. Vuelva usted mañana. Vaya. Y sigo. Escribí y escribí y escribí (me encanta el polisíndeton, ¿y por qué me acuerdo yo ahora de eso? Ah, claro, sí, las acotaciones de esa escena que me narro pero quiero narrarte para que la narremos mudos en movimientos ciegos, ajá, sí).

No, finalmente no me acordé. Vaya. Qué decepción, otra desilusión. 

 El hombre se acuesta temprano. No puede conciliar el sueño. Da vueltas, como es lógico, en la cama. Se enreda entre las sábanas. Enciende un cigarrillo. Lee un poco. Vuelve a apagar la luz. Pero no puede dormir. A las tres de la madrugada se levanta. Despierta al amigo de al lado y le confía que no puede dormir. Le pide consejo. El amigo le aconseja que haga un pequeño paseo a fin de cansarse un poco. Que enseguida tome una taza de tila y que apague la luz. Hace todo esto pero no logra dormir. Se vuelve a levantar. Esta vez acude al medico. Como siempre sucede, el médico habla mucho pero el hombre no se duerme. A las seis de la mañana carga un revólver y se levanta la tapa de los sesos. El hombre esta muerto pero no ha podido quedarse dormido. El insomnio es una cosa muy persistente.
En el insomnio, Virgilio Piñera 

martes, 10 de noviembre de 2015

Ven a mi lado y comprueba el tejido

Tus ojos son un prisma que deflecta mi mirada en haces de luz inciertos. Mi reflejo recae con estos rayos sobre la pared blanca que entonces toqué y sentí fría y distante. Yacen en el recuerdo y se cuelan por la ventana a través de las cortinas, de las persianas. Pongo la canción. Mi reflejo se convierte en sombra y se parte en dos, en tres, en siete. Prisma cristalino que no envía ninguna señal de vida a ninguna parte, pero yo recojo cada una de ellas e intento descifrarlas; alienígenas colándose en mi desorden, ensombreciéndome y alumbrándome -estoy ardiendo. Intento hilvanar cada pista inerte, inocua e ilusoria. Me persiguen monstruos mientras doy caza a quimeras. Ven, ven a comprobar el tejido: esta soga que me atas al cuello... yo te la doy, te la estoy dando. Átala, átala bien, átala bien fuerte. Rózala con tus dedos, de nuevo en la escena del crimen, retuérceme. Pero no lo haces. Porque no lo sabes. No sabes nada. Y sigues, y sigues, y sigues mientras no haces nada. Y yo recojo, y recojo, y recojo tu nada y ciega miro tus resquicios y sorda te escucho donde no hablas. Tus palabras mudas se me enredan en las pestañas y mis ojos se cierran en la oscuridad de aquellas cuatro paredes. Y una ventana. Se repite la canción. No quiero nada y no quiero nada y no quiero nada y dentro de esa nada quiero algo pero no quiero nada y no quiero nada y no quiero nada pero ojalá hubiera algo. Mi camino se está entretejiendo entre escombros y la niebla se está volviendo espesa. Más espesa. Las horas se caen del reloj, las fechas se caen del calendario: ese montón de números se amontona en una pila maldita de fallos y aciertos y tiran de mis párpados y de nuevo me encuentro sumida en un sueño denso de un delirio incierto. Me sumerjo en aguas verdosas, intranquilas, con un oleaje salvaje donde la bestia nada y va acechándome. Me va arrinconando hasta que pone mi espalda contra las rocas de la orilla, al borde del acantilado desde el cual he caído y he llegado aquí. De repente un recuerdo y la montaña rusa está en su punto álgido y desde su culmen mis tripas se precipitan al vacío. Ata la soga a mi cuello, quizás así no me caiga. Deambulando en las nubes, doy un paso y cae la lluvia. Me convierto en pequeñas gotas de nada, de nada, de nada: me deshago en la nada, en la nada, en la nada. Otra vez la canción, la canción como prorroga.