martes, 31 de diciembre de 2013

I move slow and steady.

31 de diciembre de 2012, últimas horas, me caigo en la ducha.
Tendemos a dar un gran significado cósmico a cada ocurrencia en nuestras vidas. Para no desentonar demasiado de la tradición humana y, además, en estas fechas tan señaladas, utilizaré mi ínfimo accidente para ilustrar la situación.
Entré a la ducha como lo haría a cualquier hora de cualquier día, quizás con demasiada despreocupación. Fue tan repentino que de repente estaba tirada en el suelo, ni siquiera sentía los golpes. ¿No es así como ocurre todo? Rápido, raro, fuerte, devastador. Pasa, pero no te das cuenta al momento, no reaccionamos tan deprisa. La vida nos atropella y apenas tenemos tiempo para percatarnos de ello. Como cuando se cae un jarrón, en el momento en que está cayendo puede darte tiempo a detener el desastre o ver cómo se precipita incontrolable hacia el suelo. El tiempo se para y a la vez va más rápido.

Escribí eso hace un año, con la firme intención de seguir escribiendo, pero por algún motivo no continué. He rescatado hoy esta entrada, intacta, título incluido, a pesar de que hay cosas que ya no me gustan. Quiero recordarme hace un año tal como era, sin ningún retoque. Y me recuerdo más áspera, más desencantada, más cohibida. Estaba muy perdida. Creo que me miraba en el espejo y no sabía lo que veía o, más bien: no sabía lo que tenía que ver. Pensaba que no tenía ni idea de quién era, pero lo único que me pasaba era que no lograba verlo (o que no quería verlo, vaya). Es complicado. Ahora creo que esa caída en la ducha fue la predicción total de mi año (por muy cursi que suene): te vas a caer, va a doler, pero te vas a levantar y tarde o temprano desaparecerá el moratón. 

¿Cómo evitar mirar atrás hoy? Tengo que decir que 2013 ha sido el primer año en que he cumplido mis propósitos. Aunque, bueno, en algún momento del año decidí arrancarlos de la libreta en que los escribí y tirarlos a la basura. Lo importante es que no hice lo mismo a la hora de referirnos a mi vida. Hay momentos difíciles, momentos de debilidad... Lo de siempre, a todos nos pasa. Este ha sido el año en que he dejado de sentir que estaba en la sala de espera para empezar a vivir mi vida y por fin he logrado comenzar a vivirla. El año de las expectativas cumplidas.  El año con el mejor verano de muchos, de dormir en el suelo, pasar hambre, pasar frío, pasar calor, caminar hasta el cansancio y las nuevas experiencias. El año de los dieciocho, de acabar el instituto y entrar a la universidad. El año de crecer, de la paciencia, de la introspección.

Se suponía que 2013 tenía que ser el año de muchas cosas, de los cambios... Y lo fue. Pero el mejor cambio de todos, el que más me sorprendió, fui yo. Ahora sé que todo saldrá bien. Gracias.

"In three words I can sum up everything I've learned about life:
it goes on."
Robert Frost




jueves, 12 de diciembre de 2013

Poemas griegos a dos voces (Kavafis y su lengua propia)

Dijiste: "Iré a otra ciudad, iré a otro mar.

Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta.
Todo esfuerzo mío es una condena escrita;
y está mi corazón - como un cadáver - sepultado.
Mi espíritu hasta cuándo permanecerá en este marasmo.
Donde mis ojos vuelva, donde quiera que mire
oscuras ruinas de mi vida veo aquí,
donde tantos años pasé y destruí y perdí".
Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Vagarás
por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar -no esperes-
no hay barco para ti, no hay camino.
Así como tu vida la arruinaste aquí
en este rincón pequeño, en toda tierra la destruiste.


Kavafis, La Ciudad

Porque puedes cambiar de aires, puedes mudarte, huir, largarte... Pero nunca podrás huir de ti mismo.

«¿Vosotros no tenéis ningún sitio en el que creéis que estaríais mejor? ¿No tenéis ese sueño?»

(the grass is always greener on the other side)



miércoles, 11 de diciembre de 2013

La noche más fría de agosto (tercera despedida)

«Como la escaleras imposibles de Escher...» Totalmente. Nuestra imposibilidad me transportó a un frío invernal horrible en agosto. Hace un verano, dos, quizás diez. Desafiando el esquema habitual (como siempre). Caminaba por aquel camino de tierra, parecía un cementerio. Creo que cuando salí por la puerta no me atreví a mirar atrás... Aunque lo más probable es que lo hiciera y sollozara aún más. Sería la tercera vez, pero no la última. Las primeras dos fueron más dulces, más sencillas, más inocentes. Qué noche más oscura. La misma canción me recorría con la brisa veraniega, night breezes seem to whisper "I love you"... No sé si habría sicómoros, no sé si lo sepas pero no tengo ni idea de árboles, pero si había pájaros cantando, lo hacían tristemente. Recordaba mi insistencia letal en quedarme, just hold me tight and tell me you'll miss me. Qué le iba a hacer, si ya había perdido la cabeza. Pedía unas prórrogas más (esas sí que casi acaban conmigo), una promesa, una estadía más larga y mejor. Algo a lo que agarrarme, o nada a lo que agarrarme, si es que no veía ni el camino por el que andaba. Me abrazaba el costado y seguía andando, while I'm alone and blue as can be, dream a little dream of me. Volvía a recordar, stars fading but I linger on, dear (oh, how you linger on)... still craving your kiss (oh, how you crave my kiss). Increíble imposibilidad nuestra que logré vivir y posponer como la alarma por las mañanas. Claro, al llegar a la sexta casi muero. Viviendo en ilusiones, te estrellas rápidamente contra el suelo cuando te descuelgas. Aunque yo eso aún no lo sabía. Era el comienzo de mis andares de equilibrista, me dio por el funambulismo cuando me dio también por perderme en ti. Volviendo a mi camino pseudoeterno, I'm longing to linger 'till dawn dear... La brisa, la música y yo danzábamos juntas. Creo que hasta meses después no paré de caminar. Sweet dreams that leave all worries behind you. Tarde o temprano desperté y todo terminó, ¿cuál era la pesadilla y cuál la realidad? 

Relatividad, M. C. Escher




I've been flying high...

Ya puedo decir que ayer te vi, pero en mejores condiciones. ¿Qué te puedo contar? Supongo que sigo igual que siempre, aunque me temo que más completa de lo que jamás me viste. Más ligera, más contenta... Especialmente más que en los últimos meses. Tú también pareces estar igual que siempre. Es extraño, cómo la familiaridad se perpetua sin darse uno cuenta. A veces me parece que han pasado años luz, pero han sido apenas unos meses. Qué pena y qué miedo, cómo cambian las cosas. Me andaba preguntando últimamente si durante aquel tiempo que fue tuyo y mío (ya no me atrevo siquiera a llamarlo "nuestro" en pretérito perfecto) tomé más de lo que recibí en exceso, más de la cuenta. Cuando en ocasiones miro hacia atrás, a todos los cambios desde cualquier punto oscuro (incluso hay veces en que escojo un punto alegre) hasta ahora, me pregunto cuántas veces habrás podido cortarte el pelo desde entonces, o si tendrás algún jersey nuevo para el invierno (se me quedó algún plan en el tintero al respecto), cuánta música habrás descubierto, qué películas me estaré perdiendo... Hasta que me acuerdo que así como no lo sé, tampoco me incumbe. 

Tengo casi siempre a mano aquella caja de bombones con Champs-Elysées en la cubierta, y pensar que dimos vueltas alrededor y no logramos llegar... y nunca lo haremos. Nunca. Es difícil procesar un tiempo más que terminado; un par de lloros, algún recuerdo incrustado entre los dientes, unos cuantos meses tediosos a mi lado que te hice pasar. Detalles que se perderán en el tiempo (tarde o temprano). Como aquella frase por ahí perdida, «cuando uno dice que se va, es que ya se ha ido»... y para lo pronto que me fui, tardé demasiado en irme. Se acabó mucho antes y por eso en la auténtica ruptura, la escisión de los caminos, pude mirar hacia adelante. Frost tenía la razón y la vida siguió, sigue, seguirá. 

Breve intercambio de palabras después de siglos. Hola, qué tal, ando un poco enferma, perdona por la tos, todo bien, me alegro por ti, de que recuperes el tiempo perdido. Gracias por llamar. Y vaya que si lo agradezco.  Que te daba pena haber cruzado miradas y haber ido con prisas. Siempre igual de atento. Y cordial. Nos pusimos al día en dos segundos de superficialidad, como suele ocurrir en estos casos. He ahí el cierre de una era de tensión levemente insoportable. 

Que te vaya bien y que me vaya bien, las circunstancias van fluyendo y vuelven a su cauce... Y todo estupendo. Me despedí con un entusiasta «¡suerte!», queriendo englobar para ti los mejores deseos posibles (a pesar de todo, los mereces) y un alivio enorme ante la aparente normalidad. A veces siento enormemente no arrepentirme de nada, de la decisión final, pero las cosas acaban, finalizan, decaen, mueren. Dura todo lo que tiene que durar, y ya está, no hay más. 

***

lunes, 25 de noviembre de 2013

Leve crónica del hielo caníbal (nenúfar helado en el pulmón izquierdo).

El frío me recuerda helador todo el tormentoso suceso de autodestrucción y auto-re-composición. Y es que el frío se me agarró a las costillas, me arañó los pulmones y se me atragantó en mitad de alguna frase dolorosa y terrible. En medio de la penumbra comencé a escupirlo todo en pretérito perfecto. Durante un tiempo me quedé encerrada en una pequeña habitación de negación y hostilidad en que se mascaba la tragedia: yo misma enredaba y empeoraba la trama. Ponía una y otra vez obstáculos, endurecía las paredes, sellaba la puerta, apilaba ladrillos a mi alrededor, lo pintaba todo de negro. Qué complicado fue quitar tanta parafernalia en mitad de las tinieblas. 

El aire gélido no dejaba de soplar nunca, se me colaba entre los dedos, me congelaba por dentro, me destrozaba la garganta y me quebraba los huesos. Lentamente, día a día, quitaba un ladrillo, dos, tres... Rompí una pared, construí una ventana. El invierno seguía, pero yo aguantaba cada vez mejor e impasible su frialdad. Salía al sol, pisaba alguna rama seca, lloraba de vez en cuando. El frío seguía agarrado a mis costillas como si tuviera duras tenazas de hierro, pero convivíamos bien. Nos volvimos los dos de la misma especie, resultando en un incongruente consumo canibal cuando se alimentaba de mí. Yo bebía algún té caliente para calmarlo, él me anestesiaba en las noches largas. Me hablaba de sus idas y venidas, ilustraba los recuerdos. Algunos días me despertaba con él clavado como un dardo, otros estaba tranquilo y era un simple bulto blando y algo molesto. Jamás pasó desapercibido.  

El frío persistió aunque la primavera llegó y derritió todos los témpanos de hielo alrededor. Sobrevivió al renacer de las flores, a un sol más cálido, al lento cesar de los vientos. Pero yo ya comprendía al frío, dialogábamos cordialmente, ambos estábamos convencidos de que su estadía se acabaría tarde o temprano. Se convirtió en una temporal parte de mí indispensable y reveladora. Como una epifanía que se desenvolvía igual que los capullos convertidos en pétalos de las flores, igual que el delicuescente olor primaveral. Trazaba líneas en el espacio que bailaban, aunque a veces se seguía metamorfoseando en humo que me asfixiaba los pulmones: una letal espiral gris y espesa que se enredaba como una cuerda mortal y certera en el cuello de algún pobre desgraciado condenado a morir en la horca. Ya digo que aún, cualquier día, sin previo aviso, el frío se me pegaba a los huesos e intentaba quebrarme de nuevo. Me paralizaba, me dejaba total y completamente inmovilizada, doblando mis piernas, y tenía que negociar con él, hacerlo entrar en razón, recordarle que tenía los días contados. Era una batalla difícil. 

El calor estival tampoco logró acabar del todo con él, pero bajo el sol cegador del verano sí menguó su tamaño y también su poder. Había cada vez más luz. Se avecinaban cambios, fluctuación que me dejaba aturdida (y a él también, claro). Se me fue desprendiendo poco a poco de las costillas, apenas se agarraba ya. El malestar cesaba mientras las temperaturas subían: se me oscurecía la piel y se me aclaraba la mente. Parecía que se acercaba el fin de mi sentencia, que el frío se marchitaba. Todo mejoraba progresivamente. Me iba a acordando de los demás tiempos verbales, aunque persistía la angustia al hablar del pasado. La pesadumbre me seguía abatiendo como el primer día, pero tardaba apenas unos segundos en recuperarme, («nadie puede dudar de que las cosas recaen...») gran avance a considerar. 

Crecían pues bonitas plantas, lo cual requería también que a veces lloviera, pero siempre volvía a salir el sol. Se entremezclaban despedidas imaginarias y agridulces con nuevos comienzos constantes. Cada día era volver a empezar, pero recomenzar en un prado iluminado y lleno de pequeñas alegrías que habitaban ese resquicio entre costilla y pulmón. La felicidad se me comenzó a incrustar casi tan fulminante como un día lo hizo el frío, comprobando lo fácil y difícil que es a la vez olvidar el mal trago. Costaba creer de nuevo en la arrolladora fuerza de la incandescente claridad, lo cual intensificaba tanto la magia como la negatividad. Eso sí, era imposible negar lo rápido que vino el frío y lo lento que se asomaban los diminutos haces de cálida luz. 

Poco a poco las hojas comenzaron a caerse y el frío otoñal ha ido desnudando elegantemente los árboles, cada vez más levemente revestidos: primero de rojo intenso y luego de suave amarillo. El frío no se va y ya casi vuelve el invierno. La desazón aún se me incrusta tersa y dócil, en pequeñas y ocasionales dosis. Cuánto tarda pues en llegar la cicatriz de esa amargura, aún a veces luchando por abrirse de nuevo a pesar de la imposibilidad de su circunstancia. Como una minúscula flor luchando en mitad de la nieve: impensable. Qué calvario esas incansables ganas de asirse a la comodidad del malestar. 

Y es que si vuelve el invierno, vuelven más vivos los recuerdos. La fragancia del daño, la tortura del miedo. La impensable salida de aquel espantoso laberinto, la espeluznante imposibilidad del ser y el ser de nuevo. El atractivo demoledor de la lúgubre sombra proyectada en la pared, en el suelo, en cualquier calle poco iluminada y llena de niebla. La eterna ambigüedad, la ceguera ante las impactantes revelaciones. 

El frío, seductor, sabe cómo danzar e invitarte mortífero a la perdición. 


domingo, 24 de noviembre de 2013

Los cambios ocurren deprisa pero los procesamos despacio. 
La cambiante naturaleza de las cosas... 
No entiendo estos períodos de nulidad. Me cuesta a veces incluso articular mis propios pensamientos para mí misma. Dentro de mi mente, se quedan suspendidos trazando espirales grises, rojas, azules, verdes, entramándose y deslizándose en el espacio sin cobrar forma alguna. 

Hoy abrí el libro por el mismo capítulo de siempre, donde había guardado aquella entrada de cine, y me encontré también con una tirita. Me pregunto si fue un pequeño guiño macabro hacia mí misma ponerla ahí, o un simple descuido. Ambas son plausibles, no me extrañaría ninguna de las dos. Aquel comportamiento destructivo, inasible, irascible, incandescente y totalmente irracional. Qué cómoda la oscuridad y qué insoportable la luz deslumbrante. La metamorfosis, el paso de lo turbio a  lo sanamente introspectivo.


¿Cómo se cicatriza? ¿Cómo cristaliza el dolor y pasa a estar en pretérito perfecto?






you have forsaken all the love you've taken, 
sleeping on a razor, there's nowhere left to fall
your body's aching, every bone is breaking
nothing seems to shake it, 
it just keeps holding on
...



jueves, 14 de noviembre de 2013

Imaginando un miércoles.

Me transporté de repente a aquella habitación cuadrada y gris, sentada en el alféizar de esa ventana rectangular de nuevo. Volvía a sentir la garganta seca, a cada trago se calcinaba aún más, me ardían los ojos y se me atragantaban una vez más las palabras. 
-Como tantas veces te he dicho, contigo estoy abierta en canal.


Pero no salía nada, absolutamente nada. Era como una gran bola de palabras inasibles e insostenibles. No querían salir, se me quedaron pegadas en la garganta ahogándome, apenas dejándome un resquicio para respirar. Y yo sólo quería explicarte de nuevo eso, que -metafóricamente hablando -un día di dos o tres toques en tu puerta, abriste y me encontraste abierta en dos, por la mitad. Bueno, más bien, el porqué, o el para qué, como prefieras. Me abrí -o me abriste -en canal un día cualquiera, no sabría señalarlo en el calendario (seguro que fue antes del mes en que olvidé seguir pasando las páginas, tachando los días). Sin embargo, ocurrió en el espacio de un segundo. Bajo esa luz cálida y marrón, de noche, me giré y ¡bam! Me atropelló un enorme camión que me dejó -otra vez -sin palabras. Sólo podía hablar abriendo demasiado los ojos, murmurando incoherencias y negando enfurecidamente. En fin, el caso es que en frente de ti me abrí de repente por la mitad y te invité a juguetear con mis órganos, como si no tuviera ninguna importancia. Creo que aún recuerdas la cantidad de sangre que nos ensució las manos y bañó tu recibidor . Hay manchas que nunca se han quitado de nuestra ropa, del suelo, de tu puerta y de mis dedos. 

Volví al alféizar de nuevo, donde las palabras se atravesaban en mi garganta, tan densas y puntiagudas que me asombraba que no vieras cómo sobresalían de mi piel, que brotaban dramáticamente de mis ojos, tal como comenzaban a asomarse las lágrimas. Creo que quizás sí lo viste.

Yo, en cambio, te corto con una chuchilla diminuta, echando en falta un sable, asomándome lentamente dentro. Yo siempre corriendo y tú siempre despacio. Es el único modo de que tenga sentido. Aquel alféizar casi se convierte en barco cuando mi desesperación comenzó a inundar la habitación con olas agitadas de resquemor y miedo. Pero qué iba a saber yo, si no era consciente de nada y a la vez lo sabía todo. 

Al menos al final pude articular palabras y explicarte lo mismo que te dije otras muchas veces y te repetiré infinitas más. Aún abierto mi torso de par en par, no entiendo cómo no fluye la sangre con suavidad y elegancia sino estrepitosa y espesa.





martes, 29 de octubre de 2013

Número 10, número 10, número 10, número 10, número 10, número 10, número 10, número 10, número 10, número 10.

A veces tengo un sentimiento muy extraño que no sé muy bien cómo describir. Por ejemplo, el otro día tenía un plato de sopa caliente en las manos y de repente lo único que quería hacer con él era tirarlo al suelo, dejar que esa sopa hirviendo se resbalara por mis piernas y pies, goteando a las baldosas del suelo. A pesar de saber el desastre que eso sería, sentí un irrevocable y ardiente deseo de dejar que se deslizara por mis dedos. Fue una sensación tan tentadora y efímera que casi no puedo contenerme. Podía ver las resquebrajadas piezas en el suelo, extendidas terriblemente en mi imaginación. Podía verlo perfectamente: esa pequeña e insignificante catástrofe, atrayéndome, excitándome hasta límites insospechados. La seductora, trastornada e insensata belleza de ello, las diminutas conmociones de una insignificante adrenalina corriendo a lo largo de mi cuerpo: mis huesos rompiéndose, mis músculos estirándose, mis venas retorciéndose y derritiéndose. Esa es la cuestión del deseo, calcinador en lo más remoto de la mente. Es curiosa la manera en que te atrapa y te levanta por los aires.

Esto habrá ocurrido en un segundo, en el sencillo espacio temporal de un segundo. ¿No es el tiempo simplemente... relativo? Es sólo que no puedo acabar de entender todo esto, el concepto del tiempo, del deseo, de toda la idea de vivir. Supongo que para eso estamos vivos. Al final, claro, no estrellé el plato de sopa contra el suelo, pero sí me he dejado llevar alguna vez por otros impulsos. ¿No es eso lo que mantiene a nuestras vidas bombeando?

Supongo que sólo podemos suponer.




martes, 8 de octubre de 2013

lunes, 7 de octubre de 2013




Quisiera reventarte bajo mis pies, quisiera volarte la tapa de los sesos, bañarme con tu sangre, beberme tus excesos... No dejaré que nadie te salve del infierno. 
Tus noches únicas van de la mano de mis noches turbias. No hay dignidad en tu forma de mirarme... Quisiera poder ponerte encima de la mesa, quitarte el uniforme, abrirte bien las piernas... las cartas boca arriba, mis manos en tu lengua.


Digamos que más o menos una vez al mes me dan ganas de arrancarme la piel, de desollarme, porque no me aguanto. A veces más, a veces menos, pero siempre acaba ocurriendo. Comienzo a estar exhausta y de repente me duelen todas las articulaciones y siento que los huesos se me quieren romper y viene ese deseo de quitarme a tiras con dientes y uñas la piel, poco a poco pero salvajemente. Siento que mis músculos buscan desgarrarse y que me atraganto con mi propia garganta. Y la única solución es dormir, dormir, dormir y dormir. O correr, intentar respirar, estirarme hasta el infinito. Intentar estallar en mil pedacitos que se quedarían desperdigados por todas partes, pero en paz. Finalmente, sin darme cuenta si quiera, todo se desvanece y vuelve a la normalidad.





martes, 1 de octubre de 2013

En mitad de toda la gente y el bullicio mañanero me di cuenta de que quería estar sola. No quería a la marea de personas a mi alrededor, no quería nadie con quien hablar, no quería que hubiese nadie, absolutamente nadie. También quería echarme a llorar, ya que toda esa gente no iba a desaparecer.
De pequeña no me gustaba nada el aguacate. Recuerdo que mi madre insistía en meterlo en las ensaladas y en casi cualquier comida... Y no sólo mi madre, estaba presente el aguacate en varias comidas familiares. No entendía la función del aguacate en la comida. Me comía un trozo de aguacate y tenía casi más vacío que comida en la boca. Era algo que no podía comprender. Me resultaba muy desagradable, como una palabra que se queda corta, que te deja mal sabor de boca. No sé, todo lo contrario -ya que estamos con las palabras -a aquellas que te llenan, que se chocan contra el paladar y se enredan con la lengua e inundan todo, todo, absolutamente todo.
Si hay algo de lo que estoy segura, es de que la mayoría de los niños han intentado leer el diccionario. A mí me parecía apasionante. No sé con qué fin, pero leía muy rápido, como si algo se me fuese a quedar. Yo aún así lo intentaba.
Desde pequeña siempre he sido de muchos excesos y pocos términos medios. Me ocurre que a veces cojo algo y no lo suelto. Puede resultar obsesivo y enfermizo, para qué negarlo. Lo encuentro absolutamente terrible. Quizás por eso ahora me encanta el aguacate y antes lo odiaba. Tal vez por el mismo motivo quería estar completamente sola y, ante la imposibilidad, me dejé inundar por mí misma y la marabunda de gente.Será también una de las posibles razones por las que casi quería comerme el diccionario pero luego, al ver el fracaso, lo abandoné por completo.
Lo bueno es que me he dado cuenta de algo: "hacer siempre lo incorrecto es una forma de acertar"... hasta que aciertas.



viernes, 6 de septiembre de 2013

Nunca creí que pudiese imaginar de manera tan nítida ni el dolor de una bala ni el de la pérdida. Ambos se combinaban, se entrelazaban como un dardo impregnado de un veneno mortal. Y tan mortal, es lo que tiene un disparo en el vientre.
-Hay muchas cosas que siempre he querido decirte. La primera es que llevo pensando desde que era pequeña en tu muerte. La segunda...
-¡¡Llama a una ambulancia!!
-Pero...
-¡LLAMA A UNA AMBULANCIA!
-¿Seguro?
-¡LLAMA! ¡YA!
Dijeron que tardarían diecisiete minutos. ¿Diecisiete minutos? ¿DIECISIETE MINUTOS? Les grité que en diecisiete minutos me daba tiempo perfectamente a morirme, que en qué estaban pensando, que era demasiado, una desfachatez, ¡una vergüenza! Empecé a llorar más y más y más y más, ahogándome en mi llanto sin poder articular palabra. Ni siquiera me dio tiempo a terminar mi confesión. O a seguir insultando a los inútiles de la ambulancia. O a despedirme de nadie. No me dio tiempo ni a morirme entre tantos lloros y sollozos y muecas. Entonces se hizo más vivo el dolor de la pérdida, más que el de la bala, despertándome, como si fuera una enorme garra que me estrujaba e intentaba arrancar la vida y el corazón. 
También yo me quedé sin saber cuál era la segunda cosa, y la tercera, la cuarta, la quinta... 

martes, 3 de septiembre de 2013

Diálogos unilaterales para dos.

No sabía muy bien cómo sacar el tema, así que se imaginó primero la situación en su cabeza. Respiró hondo, manteniendo la compostura y pensó en los dos hablando, el uno frente al otro, ella mirando a veces al horizonte, a veces a él.
Entonces, se imaginó comenzando a decir:
-Recuerdo...
Pausa dramática para tragar saliva y recomponerse de nuevo. Quizás dudar, balbucear un poco. Mirar hacia el horizonte, hacia sus ojos y hacia el suelo.
-Recuerdo cuando te pregunté si estabas enamorado de mí en los baños de aquel garito. ¿Te acuerdas tú? Iba bastante borracha y te lo pregunté porque no aguantaba más.
Ahora él asentiría e interrumpiría con algún comentario.
-Me dijiste que sí, pero yo sabía perfectamente que no era cierto.
Diría ahora que sí, que no era cierto y que él también lo sabía.
-Pero vivimos en esa fantasía de que sí, que tú también me querías. Me explicaste muchos meses después, una vez fue cierto, que había sido por mi bien, por no desestabilizar más aún mi equilibrio emocional. En realidad, en un rincón muy pequeño en que era perfectamente consciente de que me estabas mintiendo sentí un puñal atravesarse. Más que un puñal, una estaca mal afilada con astillas por doquier.
Porque, claro, si estaba mal afilada era más difícil de clavar del todo y dolía más.
-Los dos queríamos que fuera cierto, pero sólo hizo que empeoraran las cosas. Eso sí, no te niego que fui feliz, muy feliz, estaba eufórica.
Llegados a este punto sabía que la conversación 1- no ocurriría jamás, 2- si ocurriera por algún motivo jamás ocurriría así, 3- prefería no desenterrar temas acabados.
Pero para eso están la imaginación y sus diálogos internos.

lunes, 26 de agosto de 2013

I love the sound of you walking away



(I cannot turn to see those eyes as apologies may rise, I must be strong, stay an unbeliever)



Querida Celeste,

Te encontramos tumbada en la arena de noche, a orillas del mar, solamente embravecido por tu presencia allí. Fuimos uniendo tus lunares, como quien une los puntitos de los dibujos en aquellos cuadernillos de cuando éramos pequeños. Te buscamos constelaciones con sentido pero desistimos ante la incoherencia de tu ser, decidiendo crear un nuevo universo a partir de ti. Verás, no nos dejaste otra opción, teníamos que hacerlo. Entonces eras tú el cielo y la arena la tierra: un mundo terriblemente sencillo, cosa que no esperaba de ti. Supongo entonces que los grandes misterios tienen fácil solución. La antítesis de tu ser se resumía en la intrincada unión de tus lunares y la casual unión de tu cuerpo con el entorno. Cosmos y caos, un equilibrio imposible que sólo en ti podía ser cierto. Fuiste el gran enigma de mi vida y la única respuesta que encontré fue irme, no sin antes perderme en ti, claro. Te escribo para explicarte, para explicarte lo mejor que pueda, por qué me mudé de tu luna en busca de otra galaxia en la que vivir.

Celeste, fuiste durante siglos mi mapa y mi perdición. Mi laberinto. Una carretera recta, estival, sin fin. Detesto decirte esto, pero cada día era como si todo volviera a empezar. Sentía dentro casi la misma incertidumbre de la primera vez que nos vimos: me levantaba todos los días sin saber y acababa cada noche en éxtasis. La misma emoción, ese pequeño saltito de alegría en mi corazón. Verás, Celeste, la clave de tu misterio era que tú creías firmemente en la sencillez de tu existencia. Es ahí donde tu magia reside y residirá, porque aunque yo ya no te vea y te sienta sigues siendo real. Hasta que no me fui no lo vi claro: pensaba que sólo si te erguías frente a mí estabas viva. Ahora veo el egocentrismo y egoísmo de esa idea, pero no podía concebir que semejante personaje fuera de carne y hueso. Inocente de mí que creí haber podido imaginar una perfección tan desconcertante.

Te recuerdo especialmente en tu caminar. Tu columna vertebral bailaba bajo tu piel, tus músculos se estiraban y contraían como palmeras meciéndose mientras ésta se contorneaba. Se bamboleaban así también tus lunares: las constelaciones, vivas, fluían en el cielo que era tu espalda. Te recuerdo pues así, paseando, deambulante pero segura. Y sobre todo te recuerdo de noche… Quizás incluso bajo el sol de media tarde, anaranjado, corriendo a esconderse tras la luna. Me gustaba verte a oscuras porque noctámbula se veía mejor tu brillo. Todavía no logro descifrar si era yo quien te hacía compleja, complicándote y complicándome, complicando lo nuestro. Ardías como el fuego y me incendiaste de tal modo que parecía un coche en llamas sin frenos precipitándose por un acantilado.

A pesar de tu luz y mi adoración transpiraron entre nosotros horas oscuras. Las noches eran entonces más sombrías, atenuándose entonces el brillo que se desprendía de ti… O que por lo menos yo veía desprenderse de ti. Es fascinante lo que hace un poco de distancia, un poco de tiempo: logran estas cosas tan mundanas hace unas horas que dude acerca de ti. Igualmente, ninguna hora fue lo suficientemente oscura como para convertirse en el motivo de mi despedida. Más bien: eran razones para quedarme.

Celeste, me he ido, pero no creo que esté huyendo para siempre. No puedo desliarme del todo de la vorágine de tu ser. Supongo que sólo sabremos el desenlace en un futuro distante. Me consuela y aflige a partes iguales que no me estarás esperando, pero yo a ti tampoco. He ahí la clave de por qué nos encontraremos. Como siempre, fluiremos, y lo haremos entonces con algo más de perspectiva. Habrán cambiado los lentes a través de los cuales juzguemos la vida, habrá cambiado todo pero no lo esencial: que somos tú y yo, y eso significa más que las constelaciones en el cielo nocturno o que el sol saldrá cada mañana por el oriente para perecer en el occidente. Seguirán siendo ciertas tus constelaciones y el Universo que eres tú, que nació ese día en la playa mientras yacías a orillas del mar. La esencia permanecerá y nos hilará de nuevo. Aún así, sólo funcionará si me marcho ahora. Por eso me voy corriendo, sin mirar atrás. Es algo que siempre admiré de ti. Al despedirte, te marchabas, sin miramientos. Jamás miraste atrás y ahora yo tampoco lo hago por ti, por mí, por nosotros.

Espero –sin esperar –que vuelvas pronto a embravecer mi mar. O lo haga yo, para unir tus lunares.




martes, 20 de agosto de 2013

This is where the magic happens.

Si me enamoré de algo...


por encima de todo, al menos,


fue de poder ser quien quisiera ser. 


De la posibilidad de ser quien fuera cuando fuera.


Y entonces vi que estaba en mí.


(pero no venía mal que el lugar acompañase)

(Londres 19Jn-03Jl)

jueves, 25 de julio de 2013

Se desnudaron entre la costumbre y el calor.
-Bueno, ¿y qué tal te va lo de estar enamorado?
-Algunos días muy bien...
-¿Y los demás?
Levantó la vista. Vio su cara girada hacia ella: ojos cerrados y respiración lenta. Volvió a recostarse sobre su pecho y se durmió segundos después. 

martes, 28 de mayo de 2013

De extremo a extremo.

Comienzo a preguntarme si esa pequeña nación se rige la mayoría de las veces por el miedo. Quizás sea el caso de todas las demás pequeñas naciones. Entonces, en nuestro diálogo interno le dije: 
-Aunque aúllen los fantasmas, las montañas y sus horrores me devoren. Aunque sienta que sólo mi sombra es capaz de sostenerme y no dejarme ir... Serás mi sombra entonces. Lo llevo a fuego. 
Y es que a veces ahí dentro todo se vuelve tragedia y no siento, no, sino que sangro, me desbordo. Pero luego me paralizo, razono y se me pasa la tontería.  Y entonces vuelvo, y vuelvo, y vuelvo... ¿donde voy y de donde vuelvo se refiere al mismo lugar?

She's dying to meet you.

Baby Says - The Kills

Baby says, "if ever you see skin as fair 
or eyes as deep and as dark as mine,
I'll know you're lying".

lunes, 20 de mayo de 2013

L'écume des jours - Boris Vian.

16
Colin iba corriendo por la calle.
-Va a ser una boda muy bonita... Es mañana, mañana por la mañana. Estarán todos mis amigos...
La calle conducía a Chloé.
-Chloé, tus labios son dulces. Tienes la tez de fruta. Tus ojos ven como es debido. y tu cuerpo hace correr calor por el mío...
Por la calle corrían canicas de cristal y, detrás de ellas, niños.
-Harán falta meses y meses para que me sacie de darte besos. Harán falta meses y meses para agotar los besos que quiero darte, en las manos, en el pelo, en los ojos, en el cuello...
Tres chiquillas cantaban una canción de corro redonda y la bailaban en triángulo.
-Chloé, querría sentir tus senos sobre mi pecho, mis dos manos cruzadas sobre ti, y tus brazos alrededor de mi cuello, tu cabeza perfumada en el hueco de mi hombro, y tu piel palpitante, y el olor que se desprende de ti...
El cielo estaba claro y azul, el frío era todavía intenso, pero se le sentía ceder. Los árboles, negros del todo, ostentaban, en el extremo de sus ramas marchitas, retoños verdes y henchidos.
-Cuando estás lejos de mí, te veo con ese vestido de botones de plata, pero, ¿cuándo lo llevabas puesto? No, no fue la primera vez. Fue el día de la primera cita, bajo tu abrigo pesado y dulce lo llevabas ceñido al cuerpo.
Empujó la puerta de la tienda y entró.
-Querría montones de flores para Chloé -dijo.
-¿Cuándo hay que entregarlas? -preguntó la florista.
Era joven y frágil, y tenía las manos rojas. Ella adoraba las flores.
-Llévenlas mañana por la mañana y después llévenlas a mi casa. Que nuestra alcoba quede repleta de lirios, de gladiolos blancos, de rosas y de montones de otras flores blancas y, sobre todo, pongan también un gran ramo de rosas rojas...

Es bueno recordar de a pocos o tener mucho que contar.


Estoy intentando convencerme de que abandonar a una persona no es lo peor que se le puede hacer. Puede resultar horroroso, pero no tiene por qué ser una tragedia. Si uno no dejase nunca a nada y a nadie, no tendría espacio para lo nuevo. Evolucionar constituye una infidelidad: a los demás, al pasado, a las antiguas opiniones de uno mismo. Cada día debería tener al menos una infidelidad esencial, una traición necesaria. Se trataría de un acto optimista, esperanzador, garantizaría la fe en el futuro. Una afirmación de que las cosas pueden ser no sólo diferentes, sino mejores. (Todas las canciones hablan de mí.)

Últimamente no hacemos más que hablar de cambios, de Heráclito, del olor de las nubes. ¡Tranquilidad! Pero vaya tontería, exclamar tranquilidad, así no hay manera de tranquilizar a nadie.  "Calma... calma... los ingleses dicen caaaalm."

No me quiero despedir. Sí, hay que dejar espacio para lo nuevo, pero... Pero, ¿por qué? Sí, claro que sé por qué, pero no quiero saberlo. Tengo que saberlo. Sé que lo sé, sé que tengo que saberlo, pero a veces no lo quiero. No se puede querer nada siempre, todo el tiempo, 100%. O quizás sí, pero es que 18 años no son suficientes para afirmar nada. O quizás sí, pero no nos atrevemos. Aunque a veces sí, a veces nos atrevemos. Es imposible decidirse. 
Bueno, intento no pensarlo, pero es que es domingo... Y los domingos tienen un tinte muy dramático y una banda sonora depresiva. Son días de vestir de azul, de bajar por el ascensor y no por las escaleras, de lluvia y frío. De alguna pequeña alegría que, por ser domingo, se magnifica y aprecia mejor. Es una tontería, lo de los domingos, pero cada cual cree en sus propias tonterías. 
Todos los finales dicen que son nuevos comienzos, pero por su condición de finales a mí se me presentan como un túnel oscuro y sin final, como fauces enormes listas para masticar(me) y engullir(me) sin pensarlo dos veces. 
Para rematar, el frío acompaña. Las nubes grises, el cielo opaco, la brisa polar. El olor a lluvia y el olor a primavera se entremezclan y me estrangulan con su hedor agridulce que sólo huele a despedida. Apesta a final, a que se acabó y no hay nada que podamos hacer. Y tendría que ser fácil, pero es difícil dejarlo ir.

jueves, 9 de mayo de 2013

Estaré ahí cuando aterrices




I know it isn't dignified to run... But if you run, you can run to the Coney Island rollercoaster, ride to the highest point and leap across the filthy water, leap until the Gulfstream's brought you down. I could be there when you land, I could be there when you land, I could be there when you land... 

(you know you are so elegant when you run)

You can run to that statue with the dictionary, climb to her fingernail and leap, yeah, take an atmospheric leap and let the jet stream set you down. 

(I could be there when you land)

(come on over here)

miércoles, 8 de mayo de 2013

Donde sea que aterrices...

Pisar un charco con las botas, dejar huellas mojadas en el cemento seco.
 Las primeras pisadas en la nieve prístina. Cuando empieza a llover, al comienzo, las gotitas... Levantar la cabeza, cerrar los ojos y sonreír.
El frío nocturno veraniego, que no llega a frío. El sol en un día frío sin viento. Las listas infinitas de cosas que hacer cuando tengamos tiempo libre.
El sol de media tarde, naranja. El sol de media tarde, naranja, cuando vas en tren a Madrid (o a cualquier otra parte).
Las voces graves. Un bajo sonando. Un bajo sonando al principio de una canción.
Las burbujas. Hacer burbujas. Hacer burbujas gigantes en Sol. Los globos de colores. Los globos que se han quedado en mi habitación. Los jarrones con flores (insólitos habitantes de la mesa del comedor).
 Las instantáneas. Los inconvenientes analógicos. Los relojes analógicos. Las cámaras analógicas. Las libretas.
Los rotuladores de colores. La purpurina. Las lentejuelas. Los jerséis enormes. La plastilina. La tiza. Las rayuelas. Rayuela. Las cartas. Los cereales rellenos de leche.
Las uñas azules.
Mis olores favoritos...
Ese olor, 
ese
olor.
Olor penetrante.
Que inunda, que invade, que coloniza las tierras.
 Ese olor,
ese
olor.
Confunde, inhabilita, paraliza.
Ese, ese, ese.
Es curioso. Desbordante, sí, relajante. Envolvente, envolvente es la palabra.
Como estar en casa, que te envuelve, te envenena, te asfixia, te revive.
Muero y renazco en ese,
  ese,
olor.
Y me flota el cerebro, me flota el cerebro, flota el cerebro, el cerebro y se llenan los huecos.
Y despacio, despacio, len-ta-men-te, mente, mente flotante.
Huele a verano, a verano, a verano y a primavera y a otoño y a invierno. Huele a verano, a todas las estaciones del año.
No es olor,
es Olor.
No huele,
sino Huele.
Huele a cielo, a paraíso, a infierno. Al Edén, en el distante Edén, a esta alma cargada de pena si en el distante Edén...
Huele a que me desenvuelvo y me hago un ovillo: a que me deshago y me desintegro (sin querer), me caigo y me recojo (me caigo y me levanto).
Huele a que recaes, recaigo
(recaigo seguido, las cosas recaen),
 recae, recaéis, recaemos, recaen seguido.
 Me disuelvo.
Ese olor,
ese
olor.
Olor penetrante, penetrante como una bala. Atónita ante el olor, aún sin lograr descifrarlo, sigo.
Ese, ese Olor.
Bueno,
¿es suficiente esta descripción?

viernes, 19 de abril de 2013

Finales

Y cuando, al llegar al término del viaje la hija se levantó la primera y estiró sus formas juveniles, pareció cual si confirmase con ello los nuevos sueños y sanas intenciones de los padres. (La Metamorfosis - Kafka) Llegaban, cantando, once niñas ciegas del orfelinato de Julio el Apostólico. (La Espuma De Los Días - Boris Vian) Los primeros rayos del sol chocaban contra sus ventanas. Unos momentos después, la calle de Aribau y Barcelona entera quedaban detrás de mí. (Nada - Carmen Laforet) Esperó a que el oficial llegara al lugar alumbrado por el sol, en que los primeros pinos del bosque llegaban a la ladera cubierta de hierba. Podía sentir los latidos de su corazón golpeando contra el suelo, cubierto de agujas de pino. (Por quién doblan las campanas - Hemingway) So we beat on, boats against the current, borne back ceaselessly into the past. (The Great Gatsby - Fitzgerald) Ansi, sa volonté fut faite, et non la mienne. (Antéchrista - Nothomb) -¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? -le preguntó. Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches. -Toda la vida -dijo. (El amor en los tiempos del cólera - García Márquez) So, if this does end up being my last letter, please believe that things are good with me, and even when they're not, they will be soon enough. And I will believe the same about you. Love always, Charlie. (The Perks Of Being A Wallflower - Chbosky) -Muera el perro -dijo el 18. | -Ahá -dijo Ovejero para alentarlo. (Rayuela - Julio Cortázar)

Porque está muy mal. Es muy fea esa costumbre de leer la última frase de los libros antes de tiempo. Fatal. Demasiados finales, todos juntos, en mi mesita de noche. Y más.

miércoles, 17 de abril de 2013

Bruises - Band Of Skulls


Something real,
Another feeling that you never feel,
Another reason that you wanna be alive:
Just to watch the bruises heal.

martes, 16 de abril de 2013

La Maga, capítulo 33



"Ninguna razón para la lástima. Allí donde esté tiene el pelo ardiendo como una torre y me quema desde lejos, me hace pedazos nada más que con su ausencia. Y patatí y patatá. Se va a arreglar perfectamente sin mí y sin Rocamadour. Una mosca azul, preciosa, volando al sol, golpeándose alguna vez contra un vidrio, zas, le sangra la nariz, una tragedia. Dos minutos después tan contenta, comprándose una figurita en una papelería y corriendo a meterla en un sobre y mandársela a una de sus vagas amigas con nombres nórdicos, desparramadas en los países más increíbles. ¿Cómo le podés tener lástima a una gata, a una leona? Máquinas de vivir, perfectos relámpagos. Mi única culpa es no haber sido lo bastante combustible para que a ella se le calentaran a gusto las manos y los pies. Me eligió como una zarza ardiente, y he aquí que le resultó un jarrito de agua en el pescuezo. Pobrecita, carajo."

lunes, 15 de abril de 2013

"Si la gente fuese más responsable...", eso significa que la circunstancia real es que la gente es poco responsable. Por tanto, "si no hubiésemos...", pero lo hicimos. Claro, también, "si hubiésemos...", ya, pero no lo hicimos. 
Recuerdo vagamente un cuento que leí de pequeña. Se llamaba "What if...?". ¿Y si...? ¿Y si aparece una ballena en la orilla y se queda atrapada? Así empezaba, creo. Lo importante a contemplar era que saltaba de una suposición a otra, cosa que en su momento no supe apreciar pero que ahora veo como el desarrollo inevitable de mis ensoñaciones. A veces, quizás no a todos, pero a veces... A veces no puedo evitar entrar en el bucle de "y si...". El "y si...", formado por dos conjunciones, puntos suspensivos y, aquí, comillas, es muy peligroso. Pequeño pero letal, podríamos decir. De "y si..." en "y si..." podría no haber nacido, podría no haber mundo, podría ser el universo entero una farsa. Por supuesto, a veces es útil, pero igualmente. Podría ahorcarme uniendo "y si..." tras "y si..." hasta formar una cuerda con la que colgarme. Entonces, cada "y si..." es una daga mortal, dardos apuntando a la diana en que inevitablemente me convierto.
¿Y si aquella noche nos hubiésemos ido pronto a casa y no nos hubiésemos quedado y acabado pagando 15€ para entrar al Ochoymedio? ¿Tendría más dinero? ¿Y si en vez de comprarme los sandwiches vegetales de 1,30€ me hubiese comprando los montados de 0.80€? ¿Y si hubiese empezado a ahorrar antes? ¿Y si hubiese ido menos en metro? ¿Y si no me hubiese comprado Lolita de Nabokov? Que ni siquiera he podido leerlo. Así, en bucle. Voy divagando, aunque no siempre sobre mi economía. Va más allá de eso, claro, porque... ¿Y si hubiese hecho todo bien desde un principio? ¿Y si pudiese ir atrás un año? Un año, justo un año. Sólo pido ir atrás un año para reconstruirlo todo. El problema está en que no se soluciona así, no es así como se reconstruye, no se hace así y punto. Los "y si..." sólo valen para rectificar en acciones futuras, no en lo que ya hemos roto. Para recomponerlo todo... Bueno, ¿qué se hace para recomponerlo todo? ¿No está ahí la cuestión? ¿Y si pudiera arreglarlo todo, solucionarlo todo, enmendarlo todo? Además, ¿qué todo? 
Me siento como un autobús urbano dando vueltas y vueltas y más vueltas. Como un vinilo girando en un tocadiscos, que parece deformarse con cada movimiento circular, parece plastilina. 

martes, 9 de abril de 2013

jueves, 4 de abril de 2013

Let me see what you've got, what you're made of, what you're not II

More at: http://www.flickr.com/photos/lyingonyourside/

On the count of twelve...
one. a gun with a dart for my sweetheart. two. only you can remove such an ache, so... three. let me see what you've got, what you're made of, what you're not. four. sore, just a ripped and bloody claw. five. a punching fist that's within me. six. six little stitches, threath through my heart. seven. seven shining reasons tearing us apart. eight. lose your hate, it's a game, come on, love me, it's your fate. nine. nine cold crimes in the night, please forgive me. ten. ten tears that are frozen on your face. eleven. I know I'm not your favourite man. twelve. I'll take you like only I can.





viernes, 29 de marzo de 2013

Inconvenientes analógicos


El problema con las cámaras analógicas, en especial si las usas poco, es que a la vida le da tiempo a avanzar demasiado para cuando llega el momento de revelar las fotos. Las digitales en cambio solucionan esto: ves la foto en ese mismo instante y deshacerte de ella está al alcance de un simple click. Son también menos tangibles, el efecto es más opaco, más vago. 
Vamos creando para saldar cuentas con los miedos. Tememos la oscuridad, por lo que tenemos antorchas, linternas, lámparas, bombillas y velas que nos resguardan. Inundamos con tanta luz la oscuridad que de noche ya ni podemos ver casi las estrellas.  Temiendo lo grotesco, la demencia, la miseria, el horror, decidimos encerrarlo todo en pequeños lugares, concentrándolo todo: instituciones mentales, hospitales, cementerios, casas de acogida, vertederos... No nos gusta no saber, y queremos conocer hasta el más recóndito rincón del Universo. Encerramos a las bestias para poderlas observar a través de cristales. Y jugamos con todo. Tememos nuestra mortalidad e intentamos compensarla con máquinas infinitas que, remplazando una y otra vez sus piezas, tienen casi más aguante que nosotros (incluso si también nosotros cambiásemos de piezas). Construimos edificios mil veces más altos de lo que jamás podremos crecer, volamos en aviones a falta de alas, remamos en barcos a falta de branquias... Intentamos compensar por todo aquello de lo que carecemos, casi sin centrarnos en lo que sí tenemos. 




I saw love disfigure me into something I am not recognizing. See, the cage, it called. I said, "come on in". I will not open myself up this way again. Nor lay my face to the soil, nor my teeth to the sand. I will not lay like this for days now upon end. You will not see me fall, nor see me struggle to stand. 
(You see, honey, I'm not some broken thing. I do not lay here in the dark waiting for thee.)






jueves, 7 de marzo de 2013

Hasta en césped con lodo y días helados




Please, fall to the ground with me. It's kind of cold, but please don't mind, I just want you to be around.

jueves, 28 de febrero de 2013

2046.

2046

"Antes, cuando las personas tenían secretos que no querían compartir, subían a una montaña, encontraban un árbol y hacían un agujero en él, y susurraban el secreto en el agujero. Luego, lo cubrían con lodo. De este modo, nadie más podría nunca descubrirlo."

2046



I see the city lights from my car window

Debería estar durmiendo mis ocho horas necesarias para hacer mañana un buen examen de literatura. Ya que no estoy durmiendo, debería estar repasando para el examen. Y debería haber ido hoy a las dos primeras horas. Y debería ir mañana a clase de francés, y debería haber ido ayer también. Debería empezar mañana mismo a estudiar todos los exámenes finales de marzo. Debería replantearme mis horarios. Debería ser más paciente. Debería callarme más o aprender a decir las cosas. Debería estudiar y hacer los deberes todos los días. Debería haberme terminado Madame Bovary hace mucho. Debería hacer algo de deporte. Debería comer mejor o más variado, más pescado y carne y pollo. Debería desayunar todos los días. Debería aprender a superar y asumir las cosas, en general. Debería ser un poco más fuerte. Debería pensar menos, pienso demasiado. Debería tener más opciones a la hora de elegir una carrera universitaria. En serio, debería irme a dormir. Debería portarme mejor. Debería organizar mi habitación. Debería estar menos triste. Debería ir caminando a los sitios, en vez de coger el autobús porque me gusta que dé vueltas. Debería aprender a interpretar la sección del tiempo del telediario, o cuando lo miro por internet, porque la verdad es que no tengo ni idea y al final siempre acabo desabrigada o con más capas de ropa de las que necesito. Debería ahorrar y controlar más mis gastos, que al final siempre acabo igual. Y debería hacer tantísimas cosas y debería dejar de hacer otras tantas... Ojalá pudiera perderme entre las luces.



"¿Cómo se coloca todo bien? ¿Cómo lo consiguen las personas? Porque si te callas demasiadas cosas, un día estallan o se pudren. Pero si las dices, haces daño. Y a veces mueves la mano y sin querer tiras el vaso y se rompe y hay agua y cristales, dicen que eso es fácil de arreglar con una bayeta y barriendo cristales. Lo que no se arregla es que te gustaría clavarte uno, que saliera sangre y no llorar."

Deseo de ser punk - Belén Gopegui.

lunes, 25 de febrero de 2013

"¿Cómo salimos del laberinto de sufrimiento?"

"Las últimas palabras de Thomas Edison fueron: 'es muy bonito todo allí'. No sé dónde está 'allí', pero creo que está en algún lugar y espero que sea bonito."

 Leí el domingo pasado un libro que trajo consigo más dudas y dolor, más de este incansable existencialismo. Me acuerdo ahora de una de esas preguntas que se me clavó como lo hacía la tinta de las palabras en sus hojas. Preguntó Alaska, una de las protagonistas: ¿cómo salimos de este laberinto de sufrimiento? Escribió al lado del suspiro de Bolívar de “¡cómo voy a salir de este laberinto!”, en su copia de El general en su laberinto de García Márquez: Todo recto y deprisa. Todo recto y deprisa, fuera del laberinto. Entonces, ¿cómo salimos de este laberinto? Miles -Pudge-, otro de los protagonistas, decidió que para sobrevivir en el laberinto hay que aprender a perdonar. "Si tan sólo pudiéramos ver el interminable hilo de consecuencias que resultan de nuestras más pequeñas acciones... Pero sólo sabemos ser sensatos cuando es demasiado tarde para serlo." 
Supongo entonces que no es el laberinto de sufrimiento común, colectivo, generalizado. Más bien, uno propio, con fantasmas y terrores personalizados. Un laberinto individual, en primera persona, en que tanto los monstruos como las vías de escape dependen de cada uno. Por eso no hay una respuesta a esa pregunta, porque no hay un solo laberinto. Somos nuestro propio dolor, somos nuestro sufrimiento, somos nuestros monstruos: si queremos ver el misterio que nos ata, simplemente debemos mirarnos al espejo. ¿Y si llega el día en que no nos reconocemos? ¿Hay vuelta atrás? Si no la hay, supongo que la única respuesta y la única solución es tirar el libro entero a la hoguera y empezar otro. Pero hay que procurar cuidar el libro, no somos eternos, aunque nos empeñemos en querer sentirlo. 

No sé cómo salir del laberinto, es cierto, pero sí sé algo muy importante: sobreviviré. Aprenderé, viviré. Podré gritar: "¡salí, salí viva y estoy aquí para quedarme!". Esos pequeños himnos, pequeñas notas de ánimo que te ayudan a intentar buscar la salida del laberinto en vez de perderte más adentro, enredarte en los matorrales y clavarte las ramas amenazadoras en cada esquina. Tantos raspones y cicatrices no pueden ser sanos.
El ayer, el pasado, no debería ser una carga sino una bendición. Pero no siempre puede ser así. Aunque sea difícil de recordar, no siempre se puede vivir en pretérito. Quizás como en la canción, corra tan deprisa que salga, pero me destroce las rodillas. Aún así, ahora mismo, lo importante es salir. ¿De qué? Bueno, ¿no es esa la gran pregunta? En mi epitafio no debe rezar que morí sin haber comprendido por qué viví. 

viernes, 18 de enero de 2013

Our time is over



"La vida es... la vida es como... La vida es...", así empiezan un montón de frases. Y todos intentamos elaborar distintas metáforas. Todos tenemos una teoría, o varias, una filosofía a medio hacer.

La vida es muchas cosas. La vida es injusta, por eso yo hago trampas. Mientras tanto, vamos intentando explicar por el camino cómo hacerlo, cómo ir andando, cuál es el método más adecuado. Escribimos un manual, lo vamos completando, tachamos un párrafo, elaboramos un capítulo... Así, una y otra vez. Primeramente, ¿qué hacemos escribiendo e inventando consejos e instrucciones para vivir? ¿Por qué lo necesitamos? Queremos definir todo, absolutamente todo. Tenemos enciclopedias, diccionarios, recopilaciones y escritos de infinitos tipos. Y nadie nos ha dado el poder para hacer nada de esto, ni para tomar tierras y reclamarlas como nuestras. Tampoco para casi nada de lo que hacemos, casi todo atrocidades.
Tenemos una larga estela de filósofos, pensadores, escritores e infinidad de personajes más que nos exponen su visión. Tomamos un poco de aquí y allá, añadimos alteraciones, agregamos otras conclusiones, comparamos, cribamos, editamos. Jugamos a intentar vivir y comprender el vivir sin siquiera haber vivido. Pero es así como vamos viviendo. Edificamos, destruimos, volvemos a construir, derribamos. Una y otra vez. Repitiéndonos, como hago yo ahora en estos tristes y perdidos párrafos.

La vida es, dejémoslo ahí. La vida es y yo intento descubrir el camino antes de que llegue la hora. La vida es, y no quiero morir antes de tiempo. ¿Qué tiempo? Antes de haber descubierto el porqué. Aunque sea minúsculo, microscópico. Aunque no tenga sentido. Quiero mi por qué, quiero mi respuesta. Quizás sea esa la razón de mi vivir y de mi vivir atormentado. El primer paso es encontrarme a mí, gran desconocida. Encontrarme, rehacerme, reciclarme, reinventarme. No huir, sino fluir.