Tendemos a dar un gran significado cósmico a cada ocurrencia en nuestras vidas. Para no desentonar demasiado de la tradición humana y, además, en estas fechas tan señaladas, utilizaré mi ínfimo accidente para ilustrar la situación.
Entré a la ducha como lo haría a cualquier hora de cualquier día, quizás con demasiada despreocupación. Fue tan repentino que de repente estaba tirada en el suelo, ni siquiera sentía los golpes. ¿No es así como ocurre todo? Rápido, raro, fuerte, devastador. Pasa, pero no te das cuenta al momento, no reaccionamos tan deprisa. La vida nos atropella y apenas tenemos tiempo para percatarnos de ello. Como cuando se cae un jarrón, en el momento en que está cayendo puede darte tiempo a detener el desastre o ver cómo se precipita incontrolable hacia el suelo. El tiempo se para y a la vez va más rápido.
¿Cómo evitar mirar atrás hoy? Tengo que decir que 2013 ha sido el primer año en que he cumplido mis propósitos. Aunque, bueno, en algún momento del año decidí arrancarlos de la libreta en que los escribí y tirarlos a la basura. Lo importante es que no hice lo mismo a la hora de referirnos a mi vida. Hay momentos difíciles, momentos de debilidad... Lo de siempre, a todos nos pasa. Este ha sido el año en que he dejado de sentir que estaba en la sala de espera para empezar a vivir mi vida y por fin he logrado comenzar a vivirla. El año de las expectativas cumplidas. El año con el mejor verano de muchos, de dormir en el suelo, pasar hambre, pasar frío, pasar calor, caminar hasta el cansancio y las nuevas experiencias. El año de los dieciocho, de acabar el instituto y entrar a la universidad. El año de crecer, de la paciencia, de la introspección.
Entré a la ducha como lo haría a cualquier hora de cualquier día, quizás con demasiada despreocupación. Fue tan repentino que de repente estaba tirada en el suelo, ni siquiera sentía los golpes. ¿No es así como ocurre todo? Rápido, raro, fuerte, devastador. Pasa, pero no te das cuenta al momento, no reaccionamos tan deprisa. La vida nos atropella y apenas tenemos tiempo para percatarnos de ello. Como cuando se cae un jarrón, en el momento en que está cayendo puede darte tiempo a detener el desastre o ver cómo se precipita incontrolable hacia el suelo. El tiempo se para y a la vez va más rápido.
Escribí eso hace un año, con la firme intención de seguir escribiendo, pero por algún motivo no continué. He rescatado hoy esta entrada, intacta, título incluido, a pesar de que hay cosas que ya no me gustan. Quiero recordarme hace un año tal como era, sin ningún retoque. Y me recuerdo más áspera, más desencantada, más cohibida. Estaba muy perdida. Creo que me miraba en el espejo y no sabía lo que veía o, más bien: no sabía lo que tenía que ver. Pensaba que no tenía ni idea de quién era, pero lo único que me pasaba era que no lograba verlo (o que no quería verlo, vaya). Es complicado. Ahora creo que esa caída en la ducha fue la predicción total de mi año (por muy cursi que suene): te vas a caer, va a doler, pero te vas a levantar y tarde o temprano desaparecerá el moratón.
¿Cómo evitar mirar atrás hoy? Tengo que decir que 2013 ha sido el primer año en que he cumplido mis propósitos. Aunque, bueno, en algún momento del año decidí arrancarlos de la libreta en que los escribí y tirarlos a la basura. Lo importante es que no hice lo mismo a la hora de referirnos a mi vida. Hay momentos difíciles, momentos de debilidad... Lo de siempre, a todos nos pasa. Este ha sido el año en que he dejado de sentir que estaba en la sala de espera para empezar a vivir mi vida y por fin he logrado comenzar a vivirla. El año de las expectativas cumplidas. El año con el mejor verano de muchos, de dormir en el suelo, pasar hambre, pasar frío, pasar calor, caminar hasta el cansancio y las nuevas experiencias. El año de los dieciocho, de acabar el instituto y entrar a la universidad. El año de crecer, de la paciencia, de la introspección.
Se suponía que 2013 tenía que ser el año de muchas cosas, de los cambios... Y lo fue. Pero el mejor cambio de todos, el que más me sorprendió, fui yo. Ahora sé que todo saldrá bien. Gracias.
"In three words I can sum up everything I've learned about life:
it goes on."
Robert Frost




















