miércoles, 26 de octubre de 2016

las respuestas a las preguntas

El estado inerte de la espera, el cansancio asiduo. Supongo que dejé de sentirme identificada con este espacio que creé y he re-creado cientos de veces desde entonces. Me di cuenta de todas mis carencias, encontré respuestas atemorizantes a preguntas que jamás me atreví a formular, y entonces tuve que parar para poder absorber y escupir algo de provecho. Todavía no ha ocurrido. De todos modos, he decidido volver (aunque sea solo un rato). Dejé de sentirme identificada con la imagen de mí misma que tenía hasta. Hasta que llegaron los cambios, todos de golpe, aunque paulatinos. Pasaron meses y meses a la deriva. Sigo en el barco desvencijado que intenté venderte tantas veces y al que jamás te dejó arrimarte la marea. Yo mientras me ahogué; morí y resucité, morí y resucité. Una gran desgracia que desembocó en la conciencia total del veneno que me pesa toneladas en la sangre, me tira hacia abajo, no me deja vivir (respirar, moverme, ser). No estoy pensando demasiado, no en esto, porque ya pienso suficiente en lo otro y lo otro y lo otro. Voy cerrando puertas (espero), voy cerrando todas las puertas. Giro la llave, el traqueteo me provoca nauseas: déjame volver a mis obsesiones, a mis caprichos, a mis malas costumbres. Sigo intentando girar la llave. No me puedo creer que lo que comenzó a ser dejase de existir en la nube donde volaba con mi bruxismo y la realidad se fragmentó y se fragmentó y se fragmentó. Mis movimientos eran precisos, a cámara lenta. Me caí también a cámara lenta. Y ya me voy, me voy de nuevo, tengo que cerrar otra puerta.

miércoles, 3 de agosto de 2016

I've done things in small doses

Recogí las gafas del suelo y las puse encima de la mesa antes de irme. Intenté una vez más sacudirme esta postura tan incómoda de encima, la misma que mientras anochecía me petrificó en aquella mesa de piedra. Exactamente la misma que me enterró de madrugada bajo todas mis lágrimas y lamentos. Pequeños gestos que buscan resaltar que sigo existiendo en unas realidades y otras, tan dañina e inocente como siempre: cándida y maligna. Tropiezo una y otra vez, llevo tropezándome años. Ya tengo experiencia. Dejé de sentir, dejé de escribir, dejé de leer. Dejé de ser. No dejé de esperar. Y aquí estoy otra vez, con surcos de sal en las mejillas todavía frescos, con las manos llenas de esperanzas y los ojos más abiertos que nunca. Buscando. Esperando. Moviéndome en esta postura tan incómoda que nunca me sacudo. Eché un último vistazo por la habitación y dejé la puerta entreabierta. Nunca volví. La pared blanca ya está lejos. Aún necesito ayuda para poder dormir, aunque ahora me muero de calor. 

martes, 31 de mayo de 2016

encased-decayed

Es terrible el vértigo de leer cada palabra que yo creo delicadamente escogida. Es terrible intentar adivinar los entresijos que jamás nadie parece ver. Me perdería en la selva intentando encontrar la luz entre los árboles tupidos. Me quedaría atrapada en el laberinto. ¿Y si yo saliese y me quedase sola en el rellano? Podría bailar de neurona en neurona si las paredes y puertas fuesen de papel, si se quemasen y se hiciesen humo. Aunque fuesen humo denso. Me ahogaría y en el delirio de la asfixia vería la auténtica luz. Quizás está ahí la respuesta. Quizás no haya respuesta, o no haya pregunta. Todo flota en el aire. Apenas somos luces. Vamos titilando de noche y la calle es eterna. Etílica voy centelleando, la intensidad del brillo aumenta y creo que voy cambiando de color según vas hablando. En ese momento podrías haberme guardado en una cajita de cristal y nos habríamos metamorfoseado en prisma. No hay casi ruido, o tal vez ya no lo escucho porque todos los sonidos que no corresponden a tu voz se deflectan de mí mientras te vibran las cuerdas vocales con ideas que ya se han difuminado de los recovecos de mi mente. No es importante, ahora mismo ya no es importante. En algún momento me convertí en una ristra de lucecitas que se encendían con tus ideas y quise entrelazarme con cada palabra que ibas hilvanando. Los tonos de tus enunciaciones y yo habríamos tejido una alfombra preciosa. La conversación parecía irse formando como un collar de perlas.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Soñé que hablabas en francés

Me preguntaba cómo sería desear de día ahora que no reptaba entre las sombras. Me quedé quieta, supongo que petrificada esperando encontrar una señal, una respuesta tras la persiana y las pestañas despegadas. Me encuentro con tu pared proyectada en mi pared proyectada en la pared. Va rebotando como un haz de luz y cuando intento alcanzarlo me siento acariciando la nada. De todos modos, no es la nada enmarañada de antes que me desdibujaba las entrañas confusa, es más bien la nada que es mía y que siempre me atrapa en sus redes. Me encuentro a mi hastío flotando extrañamente cómodo en el hermetismo calmado y aun así me maldigo cien veces por quedarme ahí quieta observando. Y más me maldigo ahora por darle forma y voz.

Quiero desdibujarlo en el aire, se metamorfosea en el humo de alguno de los cigarrillos que te fumes en la tarde. Cualquier tarde, cualquier rato cualquiera. Hasta entonces me quedo en cuarentena, catatónica por no poder ser mar para deshacerme a mí también. Me quedo estática, atrapada en el ruido del silencio innato que se te camufla en tu verborrea inerte. O quizá me equivoque, muy probablemente me equivoque.

jueves, 19 de mayo de 2016

continuación, pequeño inciso (y fin)

Fue así como terminó. Alguna pequeña ninfa que corre en el bosque rojo piensa que no tendría que haber acabado nunca. Cansados, ensangrentados, destrozados. Juntos para estar siempre separados. Comienza el camino, supongo. Y parece que el adiós se repite en bucle y que nunca es la última vez y sé que voy a desaparecer pero te suplico prórrogas y prórrogas y tengo tantas preguntas que se me quedan en la punta de la lengua y de los dedos y las pestañas, de donde solamente caen como gotas y de la garganta gritan ahogadas. ¿Qué me queda? ¿Una historia? ¿Una vida? ¿Y el futuro? ¿Y las palabras? ¡Metafísica estáis!

Soy finita. Yo soy fin. Fin.

Me encuentro y me desencuentro en el bucle donde camino y me desencamino mientras me re-encamino dentro donde el arado me atrapa y me escapo donde vuelve a cazarme. Una palabra. Una simple palabra, las sílabas que marcan la diferencia para aquella uña que sueña y se agarra al pellejo de un trozo de la carne muerta que sabe aún a veces al recuerdo de la gloria (y la paz, y la guerra). In your watery eyes I'm gonna rest all day, in your watery eyes I'm gonna rest all day. But where did they go? ¿Dónde se fueron? Mi mano busca disipar el humo que han levantado tus pasos al remover el polvo del camino viejo. Temblando bajo el edredón vuelvo a asfixiarme con el mismo olor: el olor de la pérdida eterna, te vas como en un cine continuado, una y otra y otra y otra y otra y otra
Fin.
Todavía estoy colgando y me sigo cayendo del precipicio y mi piel se queda colgando de las rocas y las rocas y la sangre y la piel rasguñada. Y rota.
Fin.
Sabes que la pequeña tregua durará lo mismo que siempre: siempre dura un poquito y quién va a confiar en el futuro. Fluctúas enfermizamente. ¿Te gustan los adverbios en -mente? Porque lentamente me sigo muriendo y lentamente espero. ¿A qué?  A mí. Creo. No. Fin.
No me callo y escribo. Tiemblo y escribo. Trastabilleo y escribo. Cruzo la puerta y te escribo. No, no. Escribo. Paso rápidamente (otra vez, -mente) y escribo. Te creo y te escribo. Soy finita. Yo soy fin. Fin.
Ahora me pregunto: ¿qué esperabas? No tú, no, yo. ¿Qué esperabas, boba? El hueso tenía que romperse limpio y de repente me quitaron la escayola y PUM astillas. Me atraganté con una. Las demás me hacen temblar. ¿Declaro la guerra? Claudico y escribo. Fin.

jueves, 12 de mayo de 2016

Tri-vacio

de todas las cruces, la peor. psicológicamente destruida, siento un pinchazo en el costado. siempre hay algún dolor y viene a acecharme para recordarme que no dejo de existir. pero ojalá que tú sí. me refiero, ojalá que tú dejes de existir. qué será de tu bamboleo tóxico, yo soy solamente una más de las víctimas. nos arrastras a todas tus presas a tu guarida oscura donde mi cadáver ya se va pudriendo despacio. yo sabía mucho antes, seguí las pistas escondidas, quise adivinar cómo se iba a ir colocando el puzzle. las piezas estaban envenenadas. seguí y perseguí en mi afán de escudriñar dentro de los pliegues de la herida y supe la verdad antes, mucho antes. vi y una vez ves no puedes dejar de ver. sentí en cada poro la mentira calarme dentro y se me fue erosionando algún hueso mientras lo frotaba intentando limar la aspereza incipiente de un nuevo engaño ignorado. escuché y fui testigo y nadie puso una venda delante de mis ojos para que yo pudiese seguir no-viendo todo aquello que ya había visto y no podía dejar de ver. me empapé del dolor que esperé que nunca rompiese a llover sobre mí, porque moriría y no quería morir, jamás podría aguantarlo y fue entonces cuando. sí. cuando. vi y vi y vi, vi todo, vi. la náusea y la respiración ausente. el volante que temblaba ante mis manos frías. quién pudiera haberlo girado! sí, qué puedo decir, todavía lo deseo. lo imagino cada vez que vuelven de nuevo a mi cada uno de sus movimientos: la asquerosa sonrisa, el cuello arqueado para mirar a mayores alturas (claro, conozco esta postura, yo fui esa misma postura tantas veces), esos dientes de mármol, ese cabello de ébano, las pestañas danzantes. espectacular! y la alargada figura de negro, impasible. y no pude dejar de verlo. no he podido dejar de verlo desde entonces. creo que está volviendo a ocurrir, como tantas otras veces. y adiós! el aire enrarecido y pesado del miedo que sentí, el pavor y el dolor y nada más que mi visión nublándose y yo repitiéndome: sigue, sigue, aquí no, sigue. una premonición horas antes. confesiones diseminadas en el tiempo, trocitos de verdad desenmascarando el crimen. y yo. y ahora tú con tus lágrimas, ojalá te ahogases! cómo te atreves. y seguí viendo y vi, vi tanto, tuve que ver tanto hasta que un día valió la pena no poder dejar de mirar. las tácticas pobres, la maldad que quizá el vicario falló en esconder. no importa, chapucera y descuidada. y ese día vi, y lo vi todo, vi mis aciertos y sus errores. vi que lo hacías fatal, además. las briznas verdes se volvieron intensas y el sol me dio cobijo. encontré placer en el lugar menos indicado y mis ojos se bañaron en tan hermosa visión y algo intoxicada miré hasta que mis ojos se saciaron o tuvieron que saciarse porque fue suficiente. he seguido viendo y mis ojos ven a través de otros ojos y observo y sigo latente esperando. y es que desde entonces te he visto tantas otras veces. te has regodeado, me has observado tú también (aunque hayas querido mentir) y creo que mi desidia se ve reflejada en ti y me rebota de vuelta y me quemo por dentro. adiós, adiós! hasta siempre. cuando nos volvamos a ver ojalá se me haya olvidado tu perversidad para no reconocer en ti ni un ápice de vida. adiós!

martes, 19 de abril de 2016

paréntesis inconexo de abril

inconexa, me siento inconexa
inconexa es la palabra con la cual puedo describir casi siempre mi estado
inconexa de todo
inconexa de mí inconexa de mi mente inconexa en mi mente
un montón de ideas que flotan
que no se traducen en sentimientos nunca
nunca casi nunca
quién es pues aquella
aquella
aquella que no se mira al espejo en días y se sorprende despeinada
totalmente inconexa de sí
inconexa en su estado de desconexión
esa es la respuesta
(ahora que lo pienso)
así en la inconexión vienen las respuestas a preguntas sin formular
(porque no he sabido que había necesidad de que se materializasen de alguna manera)
flotaban inconexas
o eso supongo
seguimos.

lunes, 11 de abril de 2016

Si algún día lees esto, hazme señales de humo

Qué puedo decir. No puedo decir nada. Jamás podré, supongo. He ahí la magia. Ninguna palabra alcanza a rozar lo que pasa en mi interior. Solamente quería dejar alguna prueba de que ocurrió. Que pasaron unos 365 días y sigo viva, que lo recuerdo y que hoy puedo respirar. Me convertí en mi propia cárcel y yo misma estoy doblando los barrotes, buscando la llave. Estoy bien. Tú también. Estamos bien. Hemos sobrevivido a la matanza. Rompimos algo tremendo, puedes tener algo bueno entre manos y destrozarlo. Si hubiese una tumba a la que llevarle flores, mañana iría vestida de negro al cementerio a dejar un ramo. Acariciaría la lápida. Me lamería una vez más las heridas. Quizás sigan abiertas, todavía duelen, pero estoy bien. El tiempo, es lo que tiene. Ocurrió y sentí que me moría, pero no fue así. O tal vez fue precisamente eso: que me morí y volví a nacer. El daño sigue, no deja nunca de llover del todo. Aún no. Quizás jamás escampe. Quién sabe. Mis sentimientos están en todas partes. Siguen durmiendo aquí, a veces tristes y a veces contentos, pero no se mueren.
 
De todas las canciones, que ahora borraste (claro que lo vi, ¿cómo no verlo? Lo vi antes de dejar de mirar), elijo algo nuevo que sea de tu desagrado. Que hable de mí. Porque esa es la cosa, la cuestión de todo esto: que te perdí a ti y me gané a mí. Terrible sacrificio. Si hubiese aprendido a hacerlo antes y hacerlo bien no estaríamos aquí. O, más bien, estarías aquí. La vida. El resto de palabras y de canciones y de miradas perdidas y de pasiones escondidas me las guardo dentro.
 
Estamos bien, y cada vez estamos mejor, y quizás algún día podamos compartir la nostalgia de aquello que fue sin rehuirnos la mirada. Una de esas amistades que entrañan mucho más. ¡Qué deseo tan kamikaze!
 
Y fin.
 
Cualquier otra cosa que pudiera decir florecería como un árbol cuyas raíces se me clavarían dentro y me acabaría atragantando. No puedo hablar si no es en presencia de mi abogado.
 
¡Qué dolor! ¡Qué tristeza! Creo que jamás dejará de ser triste este desenlace desafortunado.
 
 
Siempre fue la historia de seguir la zanahoria con tu aliento aquí detrás 
 
 
FUE TAN LARGO EL DUELO
QUE AL FINAL CASI LO CONFUNDO CON MI HOGAR


jueves, 31 de marzo de 2016

último día de marzo

una se pierde en sus divagaciones y se olvida de que tiene que olvidarse de la narrativa y sentir. sentir, sentir, sentir. qué montón de patrañas. ¡patrañas! luego te destrozan la vida y tienes que volver a empezar y uf, cómo cuesta cuando ya llevas tanto tiempo con la misma mecánica. engranar, desengranar. el problema viene cuando duele, porque cuando duele ya es ineludible. un momento estás tranquilamente sentada, respirando, bebiendo agua, y de un momento a otro duele. y cuando duele parece que importa demasiado y eso provoca rechazo inmediato. y miedo. qué sensiblona, qué vergüenza. y vienen los fantasmas. los problemas reales comienzan con los fantasmas ajenos. te respiran en la nuca y no te dejan vivir, no te dejan ser. ¿cómo vas a ser del todo si no te quitan ojo? luego se materializan y te fastidian la vida. de una vez que reconoces el dolor se te agolpan las cosas y te vienen las lágrimas. ¿y para qué quieres llorar? ¡siempre cuestionándome! incansable. cansina. ya buscando excusas para el desbordamiento. excusas, excusas, no necesitamos excusas: está ahí, y ya. las lágrimas vienen, las lágrimas vienen. en los párpados una terrible proyección de todas las imágenes tristes. todo lo que te trae de cabeza. hasta lo último que quieres que te duela te duele. si te duele será que es importante y darle importancia te mata y te mueres. y ya. ¿y qué haces? te levantas, sigues. en tu histrionismo cansado te evaporas. te evocas y te desvaneces como humo de incienso. la desesperación, la angustia. verbalízate, ¡verbalízate!  sin imágenes, sin gestos. no tuerzas la cara, no arrugues la frente. ruge, ruge, te están rugiendo las tripas. de ahí sale el amor, de ahí sale el odio. el enfado se quiebra en la garganta y el auténtico dolor se cocina en las entrañas y se sirve sobre las dos. de la tarde. cuando hace sol, en la terraza. cuando no, ponemos una estufa. ay, el tedio, ¡el tedio! siempre el tedio. cuando crees rozar la pureza con los dedos, te los encuentras cenizos y ensangrentados. ¡y así todo el rato! pon la lavadora en el programa largo. esto es como sentarse a ver cómo da vueltas la ropa.

domingo, 6 de marzo de 2016

The aftermath of grief

Crees que te vas a morir, pero no. No te mueres. Los minutos no se paran, aunque parezca que sí, no se paran y no te mueres. No te caes por un barranco, no atropellas a nadie. Nada. La vida sigue. Crees que va a ser mil veces peor de lo que luego resulta siendo. Quizás sea porque lo imaginaste tan terrible que tu ficción superó con creces a la realidad. Y no te mueres. Las calles siguen ahí donde las dejaste, los recuerdos siguen ahí: te paras, los miras, y sigues caminando. Parece terrible y mundanamente sencillo. Quizás es que lo es. Hay paz, hay dolor y hay paz. Y no te mueres. Creo que eso es lo más importante de todo, que piensas que va a ser insoportable, pero no te mueres. Lo que deseaste imposible se hace realidad y se cierne sobre ti pero no logra engullirte, no te asfixia. ¡Qué bien! No te mueres, y menos mal. Todas estas palabras van brotando, pero ya no van a parar al mismo lugar, ya no saben ir hacia allí. No encuentran ese viejo camino, aquel arado por mis pies que se arrastraban una y otra vez para llevarme a morir al mismo sitio una y otra vez. Mis palabras ya no encuentran el camino. Será porque no me morí.
 
Hannibal
 
 
 


domingo, 28 de febrero de 2016

Like, why the fuck would I want to lick your teeth, but I do (II)

No he sabido juntar una palabra con otra para lograr encapsular aquellas horas, me he negado rotundamente a darles este espacio en el cual cobran importancia. Ahora siento todo tan distante y tan vivo a la vez, tras el último intercambio surgió un nuevo significado oculto. Era invisible y se materializó en aquellas horas funestas/majestuosas. Se hizo tangible el silencio de una correspondencia entredicha. Me he sentado montones veces a juntar una palabra con otra para lograr encapsular aquellas horas. Este es el intento número... ¿veinte? Digamos veinte. No tiene ningún tipo de relevancia encriptada, no es absolutamente nada, simplemente un número redondo: veinte. Veinte años, es la única relación que encuentro. Los años veinte, los felices años veinte. Podríamos haber flotado en aquella neblina de champagne y jazz. He acristalado aquellas aciagas/sublimes horas: jamás se repetirán, aunque creo que una parte de mí se quedó atrapada en algún momento de la madrugada, quizás me encuentres en los pliegues del sofá. Ojalá, a veces querría ser una florecita en un tiesto al sol y quedarme allí observando la luz jugar. Habría siempre sol y no te apagarías, no te ensombreces. No desapareces, sino que te dilatas en el tiempo (aunque no en el espacio, en el espacio no estás, he ahí la gracia de este juego-que-en-realidad-no-es-un-juego). Sin embargo, aunque ahora no tiemblo, siempre me estremezco. Palpito ausente en una espera cada vez menos angustiosa. Una espera, no sé, una dilatación en el tiempo (otra vez). Ahora la bestia duerme, descansa en una paz de nubes bajas cargadas de una lluvia leve. Tras el aguacero, espero. Fascinada, te hago y te deshago en la nube del recuerdo. 

lunes, 8 de febrero de 2016

Fuga de escape (I)

No sé juntar una palabra con otra para lograr encapsular aquellas horas de algún modo. Es más, en el tiempo que he tardado en intentar averiguarlo todo se ha deshecho y aquellas dichosas horas aguardan intranquilas su fin. La cuestión ha perdido el poco sentido que parecía poder haber cobrado en algún momento. Quise pues convertirte en mundano, gris: forcé una brocha empapada en la bruma incansable hacia tu semblante. Te quiero creer insulso, totalmente apagado. En mi visión tu pelo ha perdido su brillo y tus ojos tienen un fino velo que no me deja verlos. Ahora tacho tu rostro y tacho tu vida, pero no consigo que dejes de existir. Tísico, piel mortalmente pálida, sinsentido. Imagino además tu voz muerta que se pierde entre balbuceos absurdos. Tus labios se secan y se encogen y van desapareciendo. Te has deformado por completo. Es ahora cuando creo poder poner mis ideas en orden y mirar a través de ti. I feel it closing in, day in, day out, day in, day out --se acerca el momento. Las horas han pasado más rápido que cualquiera de los demás días. O eso creo. Voy avanzando hacia atrás. Llevo la cuenta, claro, cómo no: comienzan a brillarme los ojos con la mirada cansada. Mi anticipación es inextinguible. Ojalá se fuera diluyendo en el tiempo, ya imagino el perfil ausente y yo muerta de miedo cayéndome al vacío de preguntas sin responder que chocan con los muros de esta tristeza inefable. Ya comienzo a verlo a lo lejos, ya me tiemblan las piernas, ya estoy de nuevo en el punto de partida. 

sábado, 30 de enero de 2016

Inhóspito frío en el vagón de tren en enero

No importa cuánta ropa me ponga encima que voy a seguir teniendo frío. Lo tengo, está aquí agarrado a mis huesos mientras me congela los músculos. Lo tengo y lo siento pero sobre todo es que lo poseo. No tengo papeles ni lápices ni nada, solamente este vagón de tren tan frío y este dolor en las rodillas y las piernas y la vida. El Frío se mece entre mis manos y me cuelga de los dedos, tan tierno y tan inquieto. Es aquí donde está su hogar, o quizás soy yo quien vive en el Frío. Tengo y siento frío, igual que tengo y siento tristeza. Parecen inherentes. Ojalá no lo fueran, porque también parecen inherentes a mí. Y me estoy helando.  

Mamá, creo que me estoy convirtiendo en un árbol seco, soy su silueta sombría a contraluz, tan frágil y tan fría. Y te juro que creo que cualquier día se me van a acabar rompiendo las ramas. 


Podría ser cualquier día, pero es hoy. 
All things go, all things grow. 

(hoy me gustaría que pudieras arreglarme)

jueves, 21 de enero de 2016

Not just cross myself out, not just disappear

La pastillita azul sale del plástico transparente y juega entre mis dedos. Nos miramos fijamente, se desliza por mi garganta y comienza la cuenta atrás. Vivo entonces contrarreloj, tic-tac, ve bajando el ritmo, la luz cada vez más tenue, por favor. Tic-tac-tic-tac. De azul se van pintando mis párpados y supongo que puedo ver desde dentro mi cerebro flotando en esa nube azulada y densa. Tic-tac, me desvanezco. Creo que voy dejando de existir, aunque sigo aquí. Me resisto a ser noctámbula, ahora soy azul petróleo. Me fragmento mientras siento que me escapo de mí misma, mis manos no aguantan tantos trozos de mí. Se me escurre todo entre los dedos sin poder hacer absolutamente nada, me estoy perdiendo, siempre cojo los mapas al revés y desimanto las brújulas. Tengo muchas preguntas, confieso, si no soy esto no sé quién soy entonces. ¿Ha sido todo una enorme farsa insomne? Tic-tac-tic-tac-tic-tac, se te está acabando el tiempo. Tic. Tac. Me estoy desapareciendo y todav-tic-tac... Todavía hace frío. Tengo las manos congeladas. Me estoy desvaneciendo. Tic-tac-tic...



I've been trying to get out, 
Find a subtle way out,
Not just cross myself out, 
Not just disappear

I've been trying to stay out, 
But there's something in you
I can't be without,
I just need it here