jueves, 31 de diciembre de 2015

De lechuzas tristes

Todo lo que he tenido y lo que no he tenido; lo que se ha marchado, lo que ha venido... Todo, absolutamente todo lo que está y lo que no está, lo guardo aquí. Todo aquello que ha cambiado, aquello que pesa, aquello que existe. La ausencia, la soledad, la pérdida. Los cajones se me están desbordando, encerrada dentro de mí misma creo que van a enterrarme y van a comerme desde dentro, van a salir de mi pecho donde este monstruo se va afilando los dientes. La bestia inquieta y yo siempre corremos en círculos, encontrándonos y des-encontrándonos. 

En el bosque los árboles son tupidos y la luz apenas llega, suficiente para ver la luna y para que las siluetas y las sombras me absorban entre espejismos y persecuciones. No veo los pantanos hasta que me he hundido dentro. No veo nada pero siento las criaturas oscuras que flotan a mi alrededor, se van moviendo en acrobacias acuáticas silenciosas, casi imperceptibles, malévolas. Comienzan lentas y se vuelven trepidantes mientras se deslizan por el agua verdosa y yo nado desnuda e indefensa entre la niebla, totalmente confundida, perdida. Me convierto en ninfa, yo ya soy una con esta naturaleza perversa, retorcida. Las noches son tenebrosas y los días nunca llegan. Ahora estoy hecha de las hojas de los árboles negros: mis dedos son ramas secas; mis ojos moras silvestres, venenosas. Tengo los pulmones anidados de nenúfares color granate, en mis costillas graniza todo el tiempo. Sueño con ver pájaros; todos los cuervos son negros. Jamás, jamás, nunca más. Mis lágrimas son de lodo y mis jadeos incesantes y mudos. 

Entonces llega el despertar y me araño el costado con estas ansias de arrancarme todo el daño que me he causado. En esta partida no me descarto, solamente sigo acumulando. Más que llenarme de aire, creo que mi diafragma se dilata con la incipiente imposibilidad que voy atrayendo. Víctima de mi ansiedad me encierro dentro de la cárcel de mis costillas para no salir nunca, nunca, nunca más. Y sale el sol. ¿Aún existe el sol? Yo estoy lista, ya estoy lista para caerme por el precipicio. De nuevo veo el reflejo de la luna llena danzando redondo sobre el mar oscuro y estoy lista, estoy lista para caerme por el acantilado. There's a light, what light! Caigo y ahora soy mar y soy luna y marea y arrastro la arena y soy todo y no soy nada a la vez. Soy, soy. Aún existo, aún tengo frío.

 


domingo, 27 de diciembre de 2015

Scattered on the moon

Mis sueños cercenados yacen en alguna superficie baldía. Incapaz de agarrar mi caos de ninguna manera apenas logro respirar tranquila. La niebla. Todavía recuerdo la niebla. Sí, esa niebla. Podríamos habernos quedado ahí suspendidos o caminando sobre la luna, pero aquella realidad es tan lejana que creo que es ese gran recuerdo el que me mutila los sentimientos y hace que se desborde el desastre que soy. Volvió la niebla otro día que el frío me caló hasta los huesos al bajarme del tren y apenas se veían los edificios y yo sabía que caminaba hacia la sentencia que, de nuevo, yo misma había firmado. Cavo mi propia tumba una y otra vez. Yo también: caí en flechas, muriero(n) to(do)s. ¿Se puede decir? Jamás leas esto. Jamás lo harás. Realmente no es tan importante pero de nuevo en mi mente he imaginado mi discurso incesante en que callas. Me estremezco sólo de pensar en escuchar las palabras que confieso de camino a la estación de metro: una grabación de cinco minutos relatando las posibilidades que azotan mi existencia. Aquí confluye todo. Y la luna, ¿brillaba así ayer la luna? Cada vez más helada (yo), cada vez menos amarilla (ella), cada vez más menguante (ambas). Sueño de una noche de invierno. Me quedé atrapada en alguna que otra noche de verano, o alguna tarde. Me quedé atrapada en demasiados lugares. Volví, volví allí un día de camino a casa y me senté y lloré. Yo también he flotado en nubes etílicas y de mí han llovido palabras. A veces granizaban y le caían al pobre en la cabeza y no tenía escapatoria. Incansable, siempre incansable con esto de las palabras. Lo que pretendía ser un respiro, un delirio cómico, ha acabado acongojándome en un retorcido giro de los acontecimientos. 

Creo que me quedé desperdigada en la superficie de la luna y sin gravedad no puedo recuperar mis trocitos. Mis palabras siguen resonando en mis oídos, congeladas. Ejecutándome. La guillotina. Tuer la femme; elle qui reste là, dans la lune. Ay ay ay. Acribillada, soy un queso gruyère. La angustia: je me réveille; je me souviens. The long and winding road. 

(les interrumpimos con una breve pausa. su interlocutora acaba de recordar que se comió un bol de cereales hace unas cuatro horas y entonces hizo una breve pausa. esta será menos breve. en unos instantes seguiremos con nuestra programación. disculpen las molestias y gracias por seguir con nosotros)

Ay. A mí sí me gustan las comas, casi siempre, pero a veces sobran, sí, sobran. Robo realidades paralelas. Los eventos se desenvolvieron en unas 24 horas, give or take. Lo realmente culminante ocupó casi diez. Sunday Morning. Encased in case I need it. The clasping casement, enclosed. Mmmm. Todos los miércoles me acordaba de lo mismo, escribí. Son días largos, paso mucho rato sola. Me quedo dormida, no llego a clase, como sola, me doy varios paseos en metro y/o autobús y tren. Weightless. Preposterously blooming in the gloom. Y sólo una vez. Luego silencio. Silencio eterno, throw me a bone, will ya? Me desespero to the moon and back, amigos. 

Tráeme un edredón, que sopla esta brisa helada y tengo frío de no escuchar nada. 

(no llevo nada bien los asuntos inconclusos)

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Otra noche sin dormir

Me imagino sentada en la orilla de tu cama, ya que no puedo dormir qué más da dónde esté, te imagino a menos de un metro de distancia, porque ya que no estás aquí, qué más nos da que estés tan cerca. Mi incansable verborrea ha agotado tu nombre, casi que veo desdibujarse las letras, creo que vas a dejar de existir en cualquier momento. La pared está tan blanca, está siempre tan blanca y tan fría. La puerta se mantuvo cerrada y tú insondable. Mis tanteos torpes se desvanecen: estamos en mi mente, aquí puedo jugar a lo que quiera, puedo derribar la puerta y destruir la pared si quiero, aquí dentro no puedes hablar ni vas a hablar y no me tiembla la voz y te castigo con palabras y palabras y más palabras.

Mientras te imagino voy uniendo los puntos que configuran tu imagen borrosa y tenue. Un recurso en esta narrativa, no eres sino un recurso. Una excusa para que suelte mi perorata. No quiero nada más. Estoy tachando tu nombre, lo voy arañando letra por letra, desgastado de que vaya por aquí y por allí haciendo malabares con él. Es aquí cuando imagino todo aquello que te diría y que jamás te diré, jamás podré decirte. No se me quiebra la voz y no me das miedo, no me das nada de miedo. Siento que todo fluye, mi discurso es tranquilo y firme. Tengo razón, tengo razón, a veces pareciera que sólo eso me importara. Pero es mi cabeza y aquí puedo tener razón.

Finalmente, ya que yo tengo las reglas del juego, yo elijo. Aquí yo inventé las reglas, yo escribí el libro, yo tengo el poder de decisión. No me permito imaginar el final que deseo. Me limito a arañar ahora recuerdo a recuerdo todo lo acaecido hasta ahora. Todo. No existes, realmente no existes. La pared no es blanca, la puerta es invisible. No existes, no existe nada. Un producto de mi imaginación mientras me veo sentada en la orilla de tu cama. Aún estoy temblando. 

domingo, 29 de noviembre de 2015

tengo vértigo-de-montaña-rusa

Me das vértigo. Me das vértigo como las escaleras de la catedral, como las atracciones del parque. Me das vértigo como la canción de U2, aunque la he vuelto a escuchar y no encaja mucho aquí, no tiene mucho sentido, exactamente como esto. Como tú o como yo. Y quién eres tú y qué es este vértigo. Ese vértigo como cuando miras desde la azotea, como cuando vives en el piso dieciséis. Vértigo desde lo alto. Lo he buscado en el diccionario, a ver si así lo entiendo: yo, disidente de la lexicografía, me he documentado. Qué inseguridad, ¡qué pavor! Me caigo, no te caes, me caigo. Qué terror a las alturas, qué desazón de querer caerme por un barranco. Me tiro por la ventana, me caigo al vacío; al final están tus ojos y ahí nado hasta que me hundo y me ahogo y me asfixian estas ansias. Ansiedad, ansiedad, vértigo de lanzarme de lleno en la ansiedad. Las profundidades del fondo desierto de este vacío horroroso me llaman como un imán. Vértigo, vértigo como la película de Hitchcock. Tengo vértigo, me das vértigo-de-montaña-rusa, mucho vértigo. 

martes, 24 de noviembre de 2015

"And meanwhile in my head I'm undergoing open-heart surgery"

Dentro de Valeria son las 4am y no puede conciliar el sueño, ha dejado pasar las últimas cuatro horas entre frustraciones; yo la estoy observando desde fuera, cómo gira y cómo se estremece y quiere gemir de dolor pero a estas horas no hay ruido, y ahora tampoco hay sueño (ni sueños). En el bucle de la desesperación respira tranquila, aparenta respirar tranquila. Valeria está pintando ilusiones estúpidas para intentar llamar a Morfeo y sumergirse en algún paraíso imposible. Morfeo, qué trillado. Qué previsible, qué aburrida. Me aburres porque no te duermes y mañana estarás lloriqueando por ahí, duérmete, por qué no eres capaz de dormirte, que te duermas ya. Me desesperas, me sacas de quicio. Vuélate ya la tapa de los sesos, acaba con esto, acaba con esas malditas expectativas también: déjate ya de tanta película y tanto rollo. Me aburres. Pareces un tren averiado, me sacas de mis casillas con tanta vuelta. Deja de imaginarte que... Que pares. Para. Duérmete. Para.

Son las 4am y no puedo dormir y me imagino paraísos imposibles en los que sumergirme, me cuento a mí misma la historia que deseo, en este momento la deseo: casi es una ampliación de la escena del crimen, los crímenes, pecado capital tras pecado capital. Qué bobada. ¿Me acordaré mañana de esto que me narro pero quiero narrarte a ti y me callo porque no tengo a quién ir a decir...? Decir, decir, decir qué. La última vez que intenté decir nada acabé de nuevo nadando en el fango, en este asqueroso pantano en que yo misma me he metido y ahora son las 4am y tenía que ser el insomnio. Quiero dormir. No hay suerte. Vuelva usted mañana. Vaya. Y sigo. Escribí y escribí y escribí (me encanta el polisíndeton, ¿y por qué me acuerdo yo ahora de eso? Ah, claro, sí, las acotaciones de esa escena que me narro pero quiero narrarte para que la narremos mudos en movimientos ciegos, ajá, sí).

No, finalmente no me acordé. Vaya. Qué decepción, otra desilusión. 

 El hombre se acuesta temprano. No puede conciliar el sueño. Da vueltas, como es lógico, en la cama. Se enreda entre las sábanas. Enciende un cigarrillo. Lee un poco. Vuelve a apagar la luz. Pero no puede dormir. A las tres de la madrugada se levanta. Despierta al amigo de al lado y le confía que no puede dormir. Le pide consejo. El amigo le aconseja que haga un pequeño paseo a fin de cansarse un poco. Que enseguida tome una taza de tila y que apague la luz. Hace todo esto pero no logra dormir. Se vuelve a levantar. Esta vez acude al medico. Como siempre sucede, el médico habla mucho pero el hombre no se duerme. A las seis de la mañana carga un revólver y se levanta la tapa de los sesos. El hombre esta muerto pero no ha podido quedarse dormido. El insomnio es una cosa muy persistente.
En el insomnio, Virgilio Piñera 

martes, 10 de noviembre de 2015

Ven a mi lado y comprueba el tejido

Tus ojos son un prisma que deflecta mi mirada en haces de luz inciertos. Mi reflejo recae con estos rayos sobre la pared blanca que entonces toqué y sentí fría y distante. Yacen en el recuerdo y se cuelan por la ventana a través de las cortinas, de las persianas. Pongo la canción. Mi reflejo se convierte en sombra y se parte en dos, en tres, en siete. Prisma cristalino que no envía ninguna señal de vida a ninguna parte, pero yo recojo cada una de ellas e intento descifrarlas; alienígenas colándose en mi desorden, ensombreciéndome y alumbrándome -estoy ardiendo. Intento hilvanar cada pista inerte, inocua e ilusoria. Me persiguen monstruos mientras doy caza a quimeras. Ven, ven a comprobar el tejido: esta soga que me atas al cuello... yo te la doy, te la estoy dando. Átala, átala bien, átala bien fuerte. Rózala con tus dedos, de nuevo en la escena del crimen, retuérceme. Pero no lo haces. Porque no lo sabes. No sabes nada. Y sigues, y sigues, y sigues mientras no haces nada. Y yo recojo, y recojo, y recojo tu nada y ciega miro tus resquicios y sorda te escucho donde no hablas. Tus palabras mudas se me enredan en las pestañas y mis ojos se cierran en la oscuridad de aquellas cuatro paredes. Y una ventana. Se repite la canción. No quiero nada y no quiero nada y no quiero nada y dentro de esa nada quiero algo pero no quiero nada y no quiero nada y no quiero nada pero ojalá hubiera algo. Mi camino se está entretejiendo entre escombros y la niebla se está volviendo espesa. Más espesa. Las horas se caen del reloj, las fechas se caen del calendario: ese montón de números se amontona en una pila maldita de fallos y aciertos y tiran de mis párpados y de nuevo me encuentro sumida en un sueño denso de un delirio incierto. Me sumerjo en aguas verdosas, intranquilas, con un oleaje salvaje donde la bestia nada y va acechándome. Me va arrinconando hasta que pone mi espalda contra las rocas de la orilla, al borde del acantilado desde el cual he caído y he llegado aquí. De repente un recuerdo y la montaña rusa está en su punto álgido y desde su culmen mis tripas se precipitan al vacío. Ata la soga a mi cuello, quizás así no me caiga. Deambulando en las nubes, doy un paso y cae la lluvia. Me convierto en pequeñas gotas de nada, de nada, de nada: me deshago en la nada, en la nada, en la nada. Otra vez la canción, la canción como prorroga.


viernes, 23 de octubre de 2015

Madrugada de jueves a viernes en octubre

¿Qué hago yo aquí
Qué
Qué quiero hacer
Mmmmmm
Qué quiero escribir, más bien
QUIERO ESCRIBIR PERO NO SÉ QUÉ ESCRIBIR
Qué vida taaaaaan desgraciada
mañana me levanto a las seis pero no importa

Me duele el pecho donde duerme el frío del vacío que me llena. Respiro y se me encoge la vida, el nenúfar del pulmón izquierdo está pegado a mi corazón y grita cuando se cuela el aire. Se congela y la brisa silba al rozarlo, temerosa de romperlo. Aquí dentro todo pesa, nada viene sin consecuencias. El dolor se transporta, nómada; jamás se va. En el espejo el reflejo se ríe y los ojos gimen. Las lágrimas que no lloro son la soga que se ata a mi cuello: el aire ya no circula y me atraganto conmigo misma. Intento escapar, partiéndome en mil pedazos para lograr escabullirme. El dolor es mi pegamento, me hace sentir cada trocito, tan tangible, tan horrendo. Me precipito, corriendo, arañándome la piel. Qué es real... ¿Si sangro será real? El nenúfar tiembla y hace frío, mis dedos petrificados intentan acariciarlo pero solamente se clavan dentro.

Me quito horas de sueño mientras mis tripas se retuercen. Las ojeras me pesan bajo los ojos hinchados, rojos, exhaustos. La garganta me duele y sigo escribiendo pero ¿qué estoy escribiendo? ¿Por qué este tiempo y no otro? ¿Por qué estas pobres palabras y no otras? Sigo. Las ceremonias, el ritual, todo tan conocido, tan eficaz. El alma llora y la rutina le canta una nana para que duerma plácida, cansada, satisfecha.


Pero me sigue doliendo el pecho
Donde se cuela la ausencia
Donde ya no caminas
Y ya no palpitas

(mañana...
mañana
me
va
a
doler)

martes, 13 de octubre de 2015

Living is a problem because everything dies, period

Agarré la taza con las dos manos mientras miraba fijamente los posos del té. El olor metálico de la sangre se me quedó atrapado en la boca. Es imposible ignorarlo, aunque lo intento. El olor anuncia la llegada del torrente escarlata. Se sacude y la sangre me salpica, una gota cae en mi brazo y observo con las lágrimas desbordándose de mí cómo se va secando en mi piel. He conocido cada tonalidad de rojo que emana de esa herida punzante cuya carne agoniza y se pudre. Apesta a muerte y dolor mientras limpiamos caminos de sangre en las baldosas claras. Lloro y lloro ríos, pero la sangre me gana. Lacónica pruebo ese mismo sabor en mis encías, rozándolas ansiosa con la punta de mi lengua. Mientras, ya los dientes se pudren y el hueso corroído es el preámbulo de un espantoso tumor interno que va creciendo, parásito maldito e imparable, obstruyendo una respiración de hoja caduca. La carne que fue bermellón y albergaba aliento y saliva que latían con vida se baña en un carmín mortífero. Me desgarra esa cascada granate; se ahoga, se ahoga tragando su propia sangre y yo no hago más que imaginar el mismo sabor carmesí rodeándome los dientes y apretándome la garganta. El nudo no se va, las miradas de soslayo discutiendo el plan de actuación, no hay solución. Esos pobres ojos caen ante la dolencia de una lesión ya incurable, ya inevitable. En el reloj de arena ya se agotan los granos que van cayendo y que ya pronto serán ceniza que pesará en la urna de mi corazón casi baldío. Tierra decadente regada por la lluvia de mis lágrimas. Abandonada. Inundada por la pérdida. Rebosada por la muerte. 

sábado, 26 de septiembre de 2015

Decisiones, decisiones, decisiones

El humo salía de entre la espuma encima del agua roja. Mientras El Fantasma aparecía entre el estruendo del órgano, atardecía junto al río. Se me atragantan los colores anaranjados del cielo mientras ya es de noche y yo lo veo al salir de mi ensueño. Aunque no estoy en las butacas rojas, ni bajo el agua, y mucho menos paseando por el río. Estoy sentada, mirándolo todo de lejos, atragantándome con las circunstancias. Estoy enferma y harta, dolorida, adormilada. Psicosomatizando hasta la saciedad. Me duele la cabeza de tanto pensar, de intentar sortear los obstáculos dentro de mi mente a través de la neblina. Hay vacíos y agujeros negros y yo tengo miedo de caerme dentro.

Trazos desiguales, realidades inconexas cohabitando en el mismo espacio sin poder construir un puente entre unas y otras. Qué voy a hacer, si vivir es más que poner un pie delante de otro y eso es lo único que siento que estoy haciendo. Pareciera que me estuviera hundiendo en el fango y qué difícil es tener veinte años y tantas responsabilidades y decisiones que tomar. Todos los líos emocionales y todo lo que hay por hacer, por elegir. Cómo vivir con el dolor de crecer cuando parece tambalearse prácticamente todo. ¿Cuántas veces he dicho ya la palabra todo? Qué absolutista. Creo que ni siquiera estoy utilizando bien ese termino. En fin. Perdida, ya veis, perdida.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Los cincuenta lugares del mundo que debes visitar antes de morir, ¡haz click aquí ya!

Con un pie puesto en el Transiberiano y otro en la realidad, la coraza hecha pedazos. Mirada tímida que se lanza a un abismo de hielo. Ahora sí, ahora  no. Creo que me he quedado ensartada en una estaca congelada y afilada al caerme al vacío. Qué mala costumbre la de tirarme a la nada, siempre desequilibrando la balanza. Traigo en estos sacos de tela viejos y roídos mis sentimientos de siempre. Déjalos en la alfombrilla. O bueno, al menos en el rellano: ya estamos en otoño, empezará a refrescar, que no cojan frío, por favor. Déjalos por la mañana al sol un rato, ni siquiera hay que regarlos como a las plantas, ya iré yo a recogerlos. Me los llevo a cuestas de nuevo. Los subo al desván que no tengo, está en construcción, vaya obras más lentas. ¡Leven anclas! ¿Es que nadie escucha nada ya? ¡Que leven anclas de una vez! Y una vez más nadie atiende al llamado. Suenan todas las canciones tristes en el puerto. Ya basta de metáforas marítimas, Robinson Crusoe te dejó tocada, cállate ya. Los barcos, los barcos, los barcos. A es A. Rosa es una rosa es una rosa es una rosa. Mi barco está hundido, destruido, derruido, blablabla-ido. Este no-estado, nuestra no-circunstancia. Aquí está, entre mis manos, retorciéndome entera: me empapaste, me escurriste y me dejaste arrugada en una esquina. Cae la lluvia y no me seco. Pero qué exagerada, cuánto drama. Te pintas los ojos, y los labios, y las mejillas; te pones algo bonito. Es otoño ya, pero hace calor y la naturaleza sigue floreciendo en el verde de tu iris y en tus faldas. Lees un artículo cualquiera de una de esas páginas web que hacen recopilaciones de listas y ya, qué boba, tienes un pie puesto en el Transiberiano. Qué no entiendes, que Moscú no te está esperando. 


"don't try to talk yourself into this love and sleep like a baby while I'm staying up,
it's as much what you say as it is what you don't,
you can't try to stay:
you either will or you won't."

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Y las fechas se cayeron del calendario

Siempre acabo olvidando pasar las hojas. No por nada en especial. Creo. Supongo. Espero. Comienzo entrecortada pero luego me suelto. Lloro en sollozos sin lágrimas frente al trono de porcelana, incapaz de. Punto. Incapaz. Me siento impotente de todo: comer, llorar, vivir, doler. No sale nada y me ahogo en la ineptitud de mi estado. Soy diminuta en mi insuficiencia. Temblando de frío, febril, torpe y perdida. Corroída por dentro, de rodillas, en las baldosas azules. Intenta salirse mi alma de entre mis labios de nuevo pero no doy la talla. Exponiéndome y huyendo, me escondo, no quiero enfrentarme a. Punto. Trato de discernir real de irreal, paranoia de verdad. Qué creer y qué sentir cuando todo vuelve a tambalearse de nuevo. Se me revuelve el estómago y me da el corazón mil vuelcos. Ni siento ni padezco pero de golpe me estoy desangrando. Arrinconada como un ratoncito, a punto de ser cazada. En el nicho la tierra es fresca y dentro del ataúd ya se pudre mi carne. Sigo construyendo el panteón, dedicado a mí, a nosotros, a mis sentimientos insalvables de la demencia. Aterrorizada escribo y pienso. Apenas puedo ya describir una náusea que poco me aflige, aunque persista el estómago cerrado que me limita. Doy vueltas alrededor de cada palabra, mareada. En cada letra me cuelgo y cuestiono todas las verdades del Universo. Se están entremezclando dos estados opuestos del mismo modo que coexisten en mis entrañas y se combinan agitando cada milímetro de mí. Sigo afectada, mudando pieles, sin poder quitarme dolores de cabeza y de corazón y de espalda. I found a place, full of charms, but it just is out of reach (for) now. El bucle, el bucle de humo y sombras, el bucle de ensueño. Soy ceniza de un cigarro mal liado olvidada y perdida con el viento. Gris, apagada. Inconexa. Pensando en. Punto. 


is he coughing now on a bathroom floor?
for every speck of tile, there's a thousand more
you won't ever see but most hold inside yourself eternally

does-she-does-she-does-she-does-she-does-she-does-she
no lo repitas muy fuerte (me digo), que vuelve (susurro)
y nadie quiere eso.

domingo, 20 de septiembre de 2015

The Decomposition Notebook

El día es azul claro. Un montón de pistas, fragmentadas, afiladas, se me clavan dentro. Picasso y su Periodo Azul, el mío parece perpetuo, yo también parezco sufrir el luto. Una colección de errores fatales que se superponen, cristalizados, rotos: minúsculos cristales pulverizados que son propulsados por la ventisca de esta asquerosa tormenta. Se cuelan en mis párpados y no puedo ver o pestañear siquiera. Se va el rojo de mis labios y se dilatan mis pupilas con los escalofríos de las primeras arcadas sobre las baldosas frías. El mundo se mueve, toda esta realidad no existe: soy espejismos y reflejos en espejos distorsionados. Mi realidad vibra mientras se tambalea. Mi visión apenas capta juegos de luces extraños y confusos donde hay una neblina entre la realidad externa y mi vorágine interna. La dicotomia constante de su sombra y su bondad. Coexisten y me aferro a los días soleados mientras casi he olvidado aquella felicidad tan lejana que ahora ya no alcanzo ni con la mirada. Me vacío y busco los retazos de mí con los cuales ahora quiero reparar el interior hueco, desolado. Intento atrapar todas mis palabras y se escapan de mis manos, rozándome delicadas y punzantes las puntas de los dedos. Me desbordo. Una y otra vez. Comienzo a vivir en un bucle de náuseas y pena, una humillación continua. Me enfrento a platos de comida que jamás terminan y sus restos me devuelven la mirada, inquisitivos.

Hay piezas que se quiebran una y otra vez y comienzo a dudar si podré juntarlas de nuevo. Un jarrón de cristal que se estrella contra el suelo y revienta, el golpe queda en ese caos estático: un momento congelado en el tiempo, retrato de mi ruptura personal con la realidad. De nuevo siento que el sentido de todas las cosas que se mueven a mi alrededor comienza a esfumarse, se va extinguiendo y solamente voy flotando en el humo gris y espeso, cuya función ya es simplemente retratar tristemente el espantoso resultado del último bombardeo a mis cimientos.

Vuelvo a la vida aunque casi prefiero nadar en mi deconstrucción personal. Ave herida que en un día de lluvia se resguarda bajo cualquier techo. Azul, color herido, sangra púrpura y espeso. En el espejo veo que el rompezabezas se ha descompuesto y todas las piezas están desordenadas, algunas extraviadas. Las campanas llaman y nadie puede atender a la señal. Hay una cadena, una cadena y ya en lugar de seguirla me ata las manos y se enrosca como una serpiente alrededor de mi cuerpo. Se desliza hasta mi cuello y me ahorca.

Aquí yacen de nuevo las esperanzas insulsas. Aquí, yazco aquí de nuevo.

One Day

jueves, 10 de septiembre de 2015

Significado

Y al tercer día finalmente lloré. Al menos esta vez no fue el primero. Salieron los mares revueltos que me estaban ahogando. Me quemaba la piel, ya quería arrancármela a tiras. Qué importará el detonante si al final a las diez de la mañana ya se me nublaba la visión y se me revolvían las entrañas. Atrapada en mí misma, en algún momento se desbordaría tanto dolor acumulado: ninguna presa es lo suficientemente alta ni fuerte para contenerme. No debería haber una presa. Me empeñé en construirla de todos modos. Estaba destinada al fracaso desde que con mi mano puse la primera piedra, el primer ladrillo: los cimientos. Condenada desde el origen de mi pensamiento. Tanto rato meditando desde la ventana del coche en la ciudad gris con tanto tráfico, mirando los autobuses y su humo pestilente y espeso. Todavía lo recuerdo. Y ahora no dejamos de hablar de significado y estos artículos no van a leerse solos y tengo miedo de que mi cerebro tampoco procese esto. Se ha quedado estancado. Creo. Temo. Y vi el color, el color temido: ya desgastado, probablemente resultado de una mala ejecución. La noche anterior el disco de Eels y tantas canciones bonitas y algo de alivio. Creer que hay algo al otro lado, ver que no hay nada al otro lado. Todo se postrará ante mí infinito, las puertas de la percepción impecables. ¿Cuándo? La rutina no es hilo conductor suficiente. No es nada. Poco ociosa también me encuentro perdida. La perdición es entonces algo intrínseco a mi composición, a mi significado: un nuevo elemento que no puedo tachar y me esfuerzo en ignorar, ya por costumbre y pena. Cuántos veranos, cuántos veranos me preguntaba la canción. ¿Qué es algo agradable? Lo añoro. Puedo hablar de todo lo repulsivamente odioso. Cada detalle minucioso, desgranado en lágrimas y heridas y derrotas. Una herida en la rodilla de la noche del viernes. No recuerdo cómo perdí el zapato, pero sí la sensación desgarradora mientras se deslizó de mi mano. ¿Cómo? ¿Cuándo? Quizás se quedó en el jardín, junto a la piscina. Quizás en la calle perpendicular a la mía. ¿En el coche? Nadie me ha dado noticias de él. Algo más que añadir a la lista y otra vez la desazón. Envuelvo con mi índice y pulgar derechos el corazón izquierdo. Intento volver a la realidad, Un vaso de agua, manchado de pintalabios rojo. Atraigo la jarra hacia mí con violencia. Tengo náuseas durante las siguientes dos horas. La visión, la visión, ¿qué haré cuando mute? Metamorfoseará para estrangularme, un demonio mezquino: podrías ser tú, pero no eres tú, nunca vas a serlo. Me lo escupe en la cara. Me siento en la silla roja y sobre la mesa de cristal me derrumbo. Mensajes de ánimo pero nunca más uno de los más necesitados. Ay. Y así no he leído qué pasaba con Alicia y Humpty Dumpty pero yo también me caí del muro y me hice pedacitos. ¿Cómo voy a recogerme con estos miembros rotos? Aun así, lo hago. Alguna fuerza astral, magia divina, ¡milagro! Fuerza de voluntad, empeño, perseverancia: palabras de slogan facilón, positivo... barato, a veces. Un párrafo sin espaciado, al mentor con nombre de flor no le gustaría esto. Quizás a esos modernistas de las veintiséis páginas que tengo que leer para mañana y no estoy leyendo sí. Tal vez a nadie directamente. ¿Qué busco? No sé, pero un significado parece un buen lugar para empezar.



Y cada vez me siento más como un criminal.


lunes, 7 de septiembre de 2015

Bratislava, creo que hoy te he dejado de querer

He vuelto a sentirlo, cómo la Relevancia de todas las cosas se desgarra de mí. Otra vez vuelve a escaparse entre mis dedos y vuelvo a estar hecha de sombras y papeles frágiles que arden de un instante a otro. No me extingo. Esta vez soy yo las llamas. Logro abrazar mis huesos astillados con mis músculos desgastados. No me esfumo otra vez. Ya no puedo permitírmelo más. Aceptar la idea de aceptar que está bien no estar bien. Deshaciendo y recolocando. Pequeños pasos. Crecer, esa palabra... Dejar ir, dejar atrás. Dejarme atrás.

Escribo a lápiz, pienso a lápiz: las mentes no paran de moldearse, las opiniones cambian. Mis miedos crecen. Mis armas también. A veces. Crecer, sí, crecer. Fechas de caducidad, fechas límite. Parámetros dentro de los cuales encajar planes, dentro de los cuales encajar vidas, dentro de los cuales encajarte a ti. Otra vez vuelve a escaparse de mí la Realidad, la realización de una vida que sigo sin entender y a duras penas consigo aceptar. Aceptación en vez de resignación. Infinitas posibilidades, por si me falla un sueño que aún queden otros.

El camino que no sé cómo construir. Me comprometo a poner aquí delante de mis pies descalzos una primera piedra diminuta. Estoy preparada para el frío. Tengo todavía un montón de vidas y pieles que mudar, de las que mudarme. Comienzo al menos a pintar las piezas del rompecabezas para algún día poder juntarlas. El mosaico de los últimos veinte años, el de los siguientes, el de los que queden. Bratislava, creo que hoy te he dejado de querer. O quizás no, pero estoy dispuesta a averiguarlo. Hasta que tenga sentido. Me lanzo de lleno. Lo que sea que tenga en las entrañas, lo que sea que me espere por delante: me adentro, apostándolo todo otra vez, por mí.

Hannibal

fin del Ciclo de verano
* * *

domingo, 6 de septiembre de 2015

"Here's looking at you, kid"

Hannibal

Soy la versión obsoleta, acabada, pasada de moda. La versión obsoleta de todo aquello que hacía, leía, escuchaba. Una ventanita al pasado donde estoy yo y mientras tanto me siento en una silla de madera, dentro de una alcoba desnuda, desprovista de color, solitaria. Allí donde me siento y pienso. Lejos, lejísimos, le leo, escucho y pienso. Lo que veo no son más que espejismos, invenciones, recuerdos distorsionados.

Me asomé por la terraza a ver los fuegos artificiales. Solamente podía ver un trocito del cielo iluminado de explosiones: una imagen casi lánguida retratando mi circunstancia en decadencia. Las luces y los sonidos me absorben. Me llego a sentir extasiada por unos instantes. No puedo evitar remontarme a todas las veces anteriores. Los fuegos artificiales son una de mis cosas favoritas en el mundo. Me maravilló darme cuenta de los trocitos de nosotros reconocibles en las cosas que nos fascinan. Desde mi perspectiva obsoleta aún en algunas de estas nuevas piezas veo pizcas de aquello que no me cuesta recordar. Y duele, pero a la vez me alegra. La ausencia no ha significado detrimento.


martes, 1 de septiembre de 2015

El corazón más pesado a este lado del Mississippi


Resquebrajada. Quebrada. Rota. Un saco desgastado que tuvo que llevar a hombros repleto de mí y mis desastres y mis miedos. Todos los monstruos que me desgarraron. Habría logrado hundir al mejor de los nadadores. Me pesaba tanto el cuerpo que podría haber dormido mil años. Casi lo hago. Lo intenté, lo sigo intentando. Me escondo ahora mientras intento sostener entre mis manos este corazón tan pesado. Cómo pude, cómo pude. Todavía no entiendo cómo no vi antes en el espejo mi reflejo insulso y desmenuzado. Metamorfoseé en un parásito espantoso.

Volví a uno de tantos lugares en que están escritos todos nuestros errores y nuestros aciertos. Me vi sentada del revés, a él leyendo Guerra y paz una fría tarde de invierno. Recuerdos tan lejanos de unas personas que ya no somos nosotros, de cuando no éramos, sencillamente. Tantas cosas que quisiera poder borrar y jamás podré eliminar de nuestro historial. Haciendo un recuento de todo solamente puedo sonreír y llorar, de alegría y tristeza, ambas, a la vez. El punto medio se nos escapaba casi todas las veces. Me avergüenzo de la soga que até a su cuello, firmé nuestra sentencia de muerte y ahora que intento borrarla comprendo que jamás ninguno de los dos podrá. A mis dedos frágiles y mi corazón débil solamente les queda un puñado de esperanza que arde como mil soles: no reescribir tanto como escribir de nuevo, redactar el acta otra vez. Damos el certificado de defunción por válido mientras dos aves fénix renacen de las cenizas de esta masacre.

Solamente queda saber si surcarán algún día los mismos cielos. 

Who Framed Roger Rabbit

domingo, 23 de agosto de 2015

It takes an ocean not to break

No puedo creer que me haya dejado arrastrar hasta aquí otra vez. Casi veinticuatro horas, entre las primeras veinticuatro y cuarenta y ocho son las peores. Después de setenta y dos ya has perdido la percepción del tiempo, medianamente, estas estimaciones no siempre son demasiado exactas. Luego solamente recuerdas en días, en semanas. No sé qué ocurre todavía después de meses. Tengo miedo de averiguarlo. De tener que averiguarlo. Estoy aquí de nuevo. Siento que me estoy ahogando y las ganas incansables se me salen por todas partes. Otra vez, otra vez. Mi reino de paz, mi pequeño reino de paz. Casi corrupto. Casi. well, I need to gather myself and regroup 

Cuánto quisiera poder franquear mis propios muros, acabar con la defensa: arqueros listos para disparar flechas en llamas desde las torres de la muralla, derribados. Unos veinte arietes en la fortaleza de piedra. Catapultas, jinetes a caballo, espadachines, milicia. Cualquier cantidad del más grande ejército medieval, feudal, lo-que-sea. Me encantaría tomarla entre mis dedos, deshacerla como si fuera simple plastilina, y además acertar. Acertar, acertar, la eterna búsqueda, el imperativo, la norma. Hacer siempre lo incorrecto es una forma de acertar, vaya tontería. Lo correcto, lo correcto, lo correcto como dogma. ¿Qué es lo correcto? No lo sé, pero sigue haciéndolo, lo estás buscando, casi lo estás palpando. 

Estoy llena de un pavor tan intenso que me ha dejado paralizada. Otra vez, otra vez. Miedo de edificar demasiado bien esos muros, quedarme encerrada dentro. Aunque luego viene el terror porque siento que estoy construyendo a orillas del mar, la arena se va con las olas y deja todo esto en un triste bulto entre la espuma y la sal. Resulta espeluznante incluso mirarme al espejo. A veces solamente veo ruinas. Me hundo entre la vergüenza y la pena. Estoy cavando una tumba constantemente, pero ¿para quién? 

"How did you manage to walk away unscarred? I'm covered in scars."

lunes, 17 de agosto de 2015

My Favorite Faded Fan

La planta baja de la biblioteca, un avión aterrizando en la costa este... La misma canción. No vi el título completo, creí que era una broma cruel, como si el Universo me hablara directamente a mí y me señalara y se riera de mi dolor a la vista de todos. No tuvo sentido, por supuesto, mi hilo de pensamiento. Hilvano ideas tan alejadas que solamente pueden confluir en mi cabeza, la única que no se cansa de martillarse con todas estas ilusiones insulsas. La imagen que vino a mí fue la de un ventilador sucio, con la redecilla de metal que lo recubre oxidada, polvoriento en un desván: el recuerdo de todo lo que fue y ya no es. Como mirarme en un espejo. Desgastada, rota, inservible, nadie va a mandar reparar un ventilador roto. No sé, en casa cuando alguno se ha roto compramos otro nuevo y fin de la historia, el otro va al trastero si aún podría exprimirse una pizca más de vida de él o directamente a la calle, al lado de los cubos de basura mitad verdes, mitad amarillos. Así me sentí cuando comenzó esta incansable búsqueda de mi ser, mi sentido.

Algo tan estúpido como un ventilador. Noches y días y errores incansables y leo my favorite faded fan ahí en el reproductor y todo cobra y pierde sentido. El propio aire que soplaba de ese ventilador podría haber acabado con los débiles cimientos que conformaron todo lo que fue y ya no es. No tuvo que hacerlo, los días estaban contados. Las fechas de caducidad me pesan tanto como las maletas que antes llevaban y traían mi vida de un lugar para otro. No, creo que quizás más. Esas maletas multiplicadas por cincuenta y cinco, las cajas de libros que no me dejaban mis padres llevar de un país a otro, de una casa a otra, pero que yo insistía en tener conmigo siempre. Sí, algo así. Todos llevamos un equipaje a cuestas.

Es sólo tras el abandono que logré por fin mirarme al espejo con una conciencia más pura de qué estaba viendo. O quizás más bien con una dureza y firmeza más sincera, más responsable. Siento que lo hice todo mal. Ahora, al menos no todo. Creo. Alguna vez supe algo, ahora ya nada. O poco. Estoy perdida en el bosque con una brújula que no sé usar y un mapa al revés que no entiendo. Estoy encerrada en una habitación llena de ventanas sin ninguna puerta para salir. (voyarompertusventanasyvoyaentrarcomoelaire)


you could be my favorite faded fantasy
I've hung my happiness upon what it all could be

what it all could be
with
you

you could hold the secrets that save me from myself
I could love you more than love could
all
the
way
from
hell

you could be my poison
my cross
my razor blade

jueves, 13 de agosto de 2015

Las historias de los hoteles

Simone me contó una historia que se ha ido diluyendo en mi cabeza a lo largo de cada uno de mis intentos de desmenuzarla y traerla aquí, donde van a parar tantas verdades y mentiras, todos mis espejismos aquí recogidos. ¿Qué es aquí realmente? ¿Existe? Las habitaciones de aquel hotel sí, igual que la cocina en donde estábamos todos reunidos. Yo no podía parar de hablar. Mi verborrea etílica es el denominador común de las madrugadas fuera de mi cama. Tanta cháchara mía me aburre y me avergüenza a la par que me emociona: todo en la misma medida pero sin simultaneidad. Aunque también escucho. Me gusta escuchar. Y escucharme. Me cuento historias y me dejo contar. Mi parloteo absurdo no admite espectador lacónico: aquí pedimos la interacción entre emisor y receptor activa más allá de uno que habla y otro que escucha pasivo. Abajo el lector pasivo que se queda cruzado de brazos. Hablemos. Toda interrupción, aportación y cambio de turno enriquece.

Primero reconocí en mí un palabrerío grandilocuente que solamente buscaba hablarle al mundo de mi obsesión, dolor, condena con nombre propio, castigo, sentencia, etc. Me siento locuaz y mi boca se agranda y saborea cada una de las palabras que mi mente le envía con esperanzas de fabricar un buen producto. Mis palabras, envueltas en un paquetito marrón, sencillo, con un lazo rojo alrededor. Total y completamente superflua (yo). Necesitaba saciar mi hambre. Hablaba y picoteaba por aquí y por allí. Un trozo de tomate y mozarella; sé decir tres o cuatro palabras. Patatas con sabor a crema agria y cebolla; vaya, gracias, también puedo leer algunas cosas. Pan; conocí a alguien que lo estudiaba.

Tras soltar algunas pistas que tranquilizaron a esa vocecita insoportable en una esquina de mi cabeza, más inquieta por la constante estimulación recibida a lo largo del día: amor verdadero, comida, bebida, música, bailes y gente; decía: tras soltar algunas pistas que la tranquilizaron pude seguir con mi interacción. El siguiente paso, aunque esto no es un proceso lineal, se irán intercalando, es el tercer grado ansioso, curioso, insaciable. Fue ahí donde mis ojos se desviaron hacia Simone: Sergey ya había cumplido su propósito. La pareja me resultó terriblemente útil. Todos creyeron que ella también era rusa, fue una de las cosas que me explicó. Yo escuché atenta y con los ojos bien abiertos. Realmente sé que mantuve muchas más conversaciones, pero poco más recuerdo. Me dijo que trabajaba en la limpieza de un hotel. Aunque me hubiera dicho el nombre y dónde jamás podría haberme quedado con ello. Ni me sonaría. Es más, probablemente haría memoria y me acordaría de un nombre que realmente sería totalmente distinto al real y este recuerdo estaría incluso más distorsionado. Volvamos.

Hoteles. No se me ocurrió en ese momento un trabajo mejor que limpiar habitaciones de hoteles. Me fascinan los hoteles, siempre me han fascinado los hoteles. He estado en montones de hoteles. He vivido en hoteles. Los desayunos. La recepción, los botones. Habitaciones con cama doble y cama sencilla, cama doble y sofá-cama. Los jabones pequeñitos y los gorritos de baño y los champús pequeñitos y los  kits de costura. Las camas recién hechas, los caramelos o bombones o detallitos en la almohada. Los ascensores enormes.  Los números en las puertas. Las tarjetas y las llaves. No se me ocurrió un trabajo mejor que ese. Siempre iba el mismo señor a la misma hora las mismas veces por semana. No recuerdo si también llevaba siempre a la misma mujer o si cada vez era una distinta. Ya no importa. La historia de Simone se diluyó en mi memoria hasta llegar aquí (¿aquí?) tan desmenuzada que realmente ha llegado otra historia, como siempre me pasa.

2046

jueves, 30 de julio de 2015

Night finds you


on my feet I stand tonight
stand alone inside the air
an extraordinary man
everything stops and holds me there

Hay algo acerca de la noche... Algo. No lo sé. Lo siento, me golpea de lleno: miro al cielo; ahí están las nubes y la luna llena, el aire fresco, 22ºC. La sensación liberadora es inigualable, ni el sol en sus mejores días puede llenarte tanto la piel y los pulmones y los ojos. La oscuridad o la ausencia de luz. No sabría señalar exactamente cuál de las dos es. La luna, la luna brilla más que el sol en ese momento: llena, redonda y blanca. La carretera, la soledad. Es totalmente cierto aquello que tanto dicen y repiten de que hay cosas que solamente tienen sentido de noche. Otorga algo especial. Un pacto bajo un manto de misticismo sin estrellas, la bruma envolvente de la vida noctámbula. Un sacrificio a la luz de la luna. Wrap me in the banner I made, put me away. Me siento libre... Más bien, liberada. Soy consciente de cada uno de mis movimientos, siento el esfuerzo de mis piernas al subir aquella cuesta empinada (cada día la veo más plana). Observo mi respiración y cómo se contraen mis músculos. Wrap me in the banner I made, burn me away. Me siento segura, o al menos tengo un sentido de seguridad imposible de alcanzar en el día. La soledad me resguarda, el aire nocturno, el anonimato de la madrugada. Si la noche tiene alas, son enormes y me encierran dentro para acunarme con una nana suave como esa brisa que trasnocha conmigo. Las nubes son grises, pero no son enemigas. La noche es tétrica y reluciente, como aquel famoso oxímoron en Paradise Lost: 

No light, but rather darkness visible / Served only to discover sights of woe 


martes, 21 de julio de 2015

Cuasi-aniversario de la Mujer Azul

Cuarto intento. I'm gonna run to the river, gonna throw a blue bouquet. Rompo el silencio buscando alguna clase de vacío legal en el trato hecho conmigo misma que ni siquiera nadie más (tú) recordará (recordarás). Una estampida de más de cincuenta y cinco elefantes en mi pecho aplastándome, mis letras pesan más de dos toneladas cada una. La desilusión de todo lo que creía saber a ciencia cierta y en realidad ha sido el desconcierto que me ha dejado más aturdida que cincuenta y cinco golpes en la cabeza. El desencanto que llena el saco que arrastro conmigo de un lado a otro, en él meto toda la tristeza que se me desborda: me cuelga de las pestañas, se desliza por mis mejillas, se atasca en mis comisuras. 

He enumerado en mi cabeza todas las cosas que me han ocurrido en el último año: buenas, malas; horribles, increíbles. Quise reinventarme. Es una lucha diaria, constante. Destruir y construir. And I wanna see 'em rolling, rolling back. Vi salidas que no existían y puentes que no podían edificarse. Soñé. Subí al Paraíso y me estrellé contra el cemento, una caída estelar: más de tres mil seiscientos metros. Más, mucho más. Vi la corrupción de mi cuerpo: mis huesos podridos, mis músculos oxidados. El proceso no se detiene, estoy mudando piel como una serpiente, estoy metamorfoseando como una oruga a mariposa. Me mordí y me infecté de mi propio veneno: ahora me queda sacarlo de dentro de mis entrañas. I will settle in and dream, 'cause it's alright, alright, to see your ghost.

Más que una muerte quiero verlo como mi renacer. Hace un año tuve que ser realmente consciente de que tenía que rehacer mi vida, de que tenía que dejar de hacerlo todo al revés. Reconstruir todo desde los cimientos fue demasiado tarde para la idea conjunta que quería de los dos, pero no para mí. Siempre pienso en todo lo que gané en los últimos años y he ido perdiendo sin realmente apreciar todo lo que he ido ganando a medida que fui dejando cosas por el camino. Creí en un siempre auténtico, bonito, de cuento. Ahora sé que la única eternidad que compartiremos será la de siempre estar separados. Tengo que aceptar una realidad que nunca creí que fuera a ser la mía: el duelo incansable a través del cual camino, un desierto árido a veces; un bosque insondable otras. 

(Es hoy el funeral. Fue hoy. No, no quiero que vengas, no lo habrías hecho de todos modos. No eres 100% feliz, pero al menos no estás conmigo. Ahora veo que también esto se aplica a mí y me cuesta horrores palparlo, aceptarlo. La aceptación es el paso que me queda grande. Te habría seguido hasta los mismísimos avernos. Te diría que te quiero, pero no puedo hacerlo: no sé quién eres, no sabes quién soy ya. Aunque lo haría igualmente, siempre lo hice. No marcaría ninguna diferencia. Fin. No volverías de todos modos. Adiós.)

Entre todas mis desgracias y mis victorias la única meta que persiste y lucho por conservar es la de tenerme a mí. Gracias. They're gonna be cool, happy, genius heroes: I'm gonna miss them so much. 

miércoles, 8 de julio de 2015

My Blue Coco HD (I)

Este lugar está embrujado, me retumbó en los oídos. Siempre vuelvo. Y entonces vuelve siempre a mí la claustrofobia. Es el ciclo inevitable. Entro por la puerta y a veces no lo noto. Comienza a escocer dentro de repente. Es una presión en el pecho inaguantable, pero a la vez hay demasiado espacio dentro para el aire: se me ensanchan los pulmones para que quepa el pánico de la proyección de mi pesadilla y comienzo a hiperventilar sin quererlo. Esa es la maldición de aquel lugar embrujado: nunca deja de estarlo. Yo he esperado que se desvanezca el hechizo. Me he sentado a esperar como quien permanece al lado del teléfono con los brazos cruzados y la mirada fija. Finalmente los avances son falsos, no recibo garantías por parte de ni una de las esquinas de este sitio perverso. Cumplo aquí mi condena. Aquí y en otros cinco mil quinientos veinte detestables sitios distintos. Sentenciada a mirar hacia la columna y ver una y mil veces en ella inscrito mi castigo: aquí yacen los restos inútiles de ti, me dice; aquí yacen tus recuerdos imborrables de aquel pecado. Todo aquello que se me quema en la piel y me penetra de costado a costado. Comienzan pues las náuseas, la repulsión, me juro no volver jamás. Quién pudiera nunca volver a cruzar aquel umbral endemoniado. Cada centímetro de pared, de suelo.. están envenenados todos los rincones de este sitio dañino. Pero siempre vuelvo. Y el ciclo se repite. Hasta que deje de volver o hasta que deje de doler.

Hannibal

martes, 7 de julio de 2015

Los resultados estarán en diez días

Esperando.   
                              Esperando.  
 Esperando.  
                                                                   Esperando.   
Esperando.    
E s p e r a n d o. 
Esperando.
Y esperando. 
Y en la espera me estoy perdiendo.
Esperando, esperando, esperando, esperando, esperando, esperando, esperando...
Esperando la fecha de caducidad. O... No sé, algo. Alguna cosa, esperando alguna cosa. Que no sea cierto.
Que no se cumpla el pronóstico.
Que los días no estén contados. 
¿Cuántos latidos quedan? 
No lo sé, aquí seguimos esperando.
Y voy cayendo.
Cayendo.                                     
Cayendo.                                                                        
Cayendo.                                                                                                             
Caída abismal.
Un abismo negro en mis entrañas
tan oscuro y tan denso,
plagado de h u e c o s también:
cráteres dentro del pozo,
agujeros deshilachados, sin remendar.

esperoyesperoyesperoyes
peroyesperoyesperoyesperoyesperoyesperoyesperoyesperoyesperoyesperoyesperoyes

                                        estamos
perdiendo                                     
                                                              la
señal                                                         
(ruido)

s i l e n c i o


domingo, 28 de junio de 2015

La partida imaginaria



Solamente hay humo: acciones de humo, el aire es humo; la distancia es niebla espesa. Estamos jugando una partida y el tablero solamente existe en mi cabeza. Yo interpreto cada movimiento sigiloso, el humo se desliza, intangible, y me atrapa los pulmones. Pesa más de dos toneladas. Trouble weights a ton. Me abstengo varias rondas. Yo solamente observo; ávido observador, buen observador de la nada. Observador-bueno-para-nada. Pequeñas irrupciones en mi pequeño reino de pseudo-paz. El monstruo respira tranquilo. Quizás ya no es tan monstruo, tan bestia insaciable. Quién sabe, cada miércoles obtengo distintas respuestas. Y algunos domingos, entre mis cuatro paredes estrechas. La intrsopección es un juego constante, incansable, mi partida personal, mi búsqueda particular: la meta está lejos, la gracia en la empresa. Mientras tanto observo en silencio, alejada, la distancia es mi ventaja, mi única ventaja. El desentendimiento. Irreal. Inexistente. Falacia atroz que intento cocinar y comer cada día. No funciona. Mi ficha sigue en el tablero. Adivino a mi contrincante sabiendo que mi mente es quien fabrica todas las estrategias de ambos bandos. La guerra fría, tal vez. Tampoco nada demasiado drástico. Las circunstancias se han diluido, el calor las ha derretido. Quiero salir de esta partida, pero mi cárcel no me deja. Siempre soy yo intentando huir sin poder hacerlo. Presa de mí misma, soy mi propio depredador: soy los dos bandos del juego y me doy caza de la manera más caníbal imaginable. Y es entonces cuando me asusto, estoy atemorizada en una esquina, planeando mi escapada final. Tengo la llave en mis manos pero me la trago, inconsciente. Un movimiento en el tablero. El primero en siglos. Uno. Vamos a probar. Un experimento. Quién-se-come-antes-a-quién. Todos los resultados posibles apuntan a mi deceso. I'm already fighting me, so what's another one. 

Pero estoy rodeada de la nada impenetrable que gobierna mi vida desde hace....

(esto solamente ocurre en tu cabeza, me repito)

N a d a

(derrota)


jueves, 25 de junio de 2015

Καίγομαι, καίγομαι

Jim Campbell, Ritmos de Luz

this is my least favorite life
this one where you fly and I don't 
the kiss holds a million deceits
and a lifetime goes up in smoke

Encierro en mi mano un puñado de cerillas cuya procedencia desconozco. Sé que están aquí y que podría encenderlas. He estado huyendo, corriendo, pero también persiguiendo. Es ese el problema. No entiendo esta persecución insana que más bien parece hacernos retroceder en el tiempo. Estamos aquí, tú y yo, y es el deseo el cual me hace comprender que no es más que un sueño: esta incipiente necesidad en mi pecho que se me desborda buscando el caudal de tus pensamientos nunca ha existido. No así. No. Me duele el pecho de hiperventilar, de correr, de escapar. Estoy asustada y atormentada. Eso no dista tanto de la realidad. No puedo salir. Entonces recuerdo el puñado de cerillas que tengo en la mano. Parecen ser la única bondad que me ha dado la vida en este sueño totalmente enajenado: una experiencia tortuosa, una más. Necesito salir. Intento encender las cerillas, rompo tres sin querer, la roca y la fricción.  Cuarta, quinta, se apagan enseguida pero las presiono contra mi brazo. Quema, arde, pero no salgo. Sigo. Sexta, se enciende y presiono la llama ardiente contra mi antebrazo de nuevo. Séptima, rota. Octava, el fuego brillante que me calcina la piel me abre los ojos. Cojo una bocanada de aire que me asfixia y me transporta de nuevo a mis delirios reales. All that we see or seem is but a dream within a dream, honey.

the nights that I twist on the rack 
is the time that I feel most at home
we wandering in the shade
and the rustle of falling leaves
a bird on the edge of a blade
lost now forever, my love, in a sweet memory


the station rolls away from the train
the blue pulls away from the sky
the whisper of two broken wings
maybe they're yours, maybe the'yre mine

lunes, 22 de junio de 2015

Al borde del precipicio, ingrávida


you, oh you descend on me
and you, what could compare to thee
a trick of the light
a fingerprint turning round the time

Me dejo caer. No soy nada. Ni siquiera me quedan palabras que recolectar para explicar este no-estado, o pseudo-estado, o cuasi-estado. Completamente intrascendente, flotando, ingrávida. "No mires hacia abajo", me repito con la respiración entrecortada, agitada, asfixiada por la levedad. Es entonces cuando me permito apreciar la refrescante liviandad en mi pecho, de donde se ha levantado el peso insoportable, es totalmente imperceptible; me permito flotar con sutileza. Mis brazos y mis piernas olvidan la gravedad, el desasosiego de la carga. Mi corazón ya no late. Quizás estoy más cerca del éter, o de la nada. Recuerdo: "todo fluye, hay que fluir", y fluyo. Me dejo levitar. Es en la consciencia y aceptación de lo fútil de mi estado donde me dejo ir. No hay dolor, nada pesa, nada importa. Lo único mínimamente tangente es la adrenalina. En ese instante decido mirar hacia abajo, cayendo por el precipicio, ingrávida. Logro ver un lago de agua azul verdosa, rodeado de palmeras, y cerca de este un pozo. Concentro cada insignificante trocito de mí en las aguas claras que resplandecen bajo el sol dorado, atenuándose ahora (es media tarde, mi hora solar favorita del día). Ya nada importa. En el fondo de mi estómago y mi garganta siento: "esto es bastante parecido a enamorarse". Sí, supongo, en parte. Solamente nos falta el golpe final de la caída. Y sigo cayendo por el precipicio, ingrávida. 

sábado, 20 de junio de 2015

The clasping casement, enclosed


Quizás me abruman más las personas que los lugares y eso es lo que me lleva a escribir más sobre ellas que de un paisaje sublime. help me breathe, you're breaking up my speech Aunque a veces no todo son cuerpos, almas, voces. La soledad propia se merece tal vez más odas que tantas compañías ahora perdidas en el tiempo y el espacio. while you smile at me, you've got the whitest teeth Resuenan de nuevo las palabras ahora en mi mente, ahora que vuelvo a traerlas para sacar algo de ellas y componer este montón de oraciones intentando sacar algún tipo de conclusión, no lógica, pero al menos tangible en su caos. Casi respondo: me recuerdas a un cuadro de Picasso. you made me lose my time, fall all over the words Sentí las palabras quedarse atascadas en mi lengua.  Pero volvamos al tema. everything you say is on fire Al recordar de nuevo las palabras también vienen a mí las primeras imágenes de lugares sublimes que se me ocurrieron sobre los cuales nunca escribí, nunca escribo, y mucho menos en el momento. Supongo entonces que veo poco hábiles mis manos y mis ideas, no veo que se entrelacen correctamente y creen algo tan bonito como lo que veo, no hago justicia a la silueta de Manhattan, ni al castillo en la playa de Tossa o los parques de Londres, ni tampoco al sol que no se pone en verano. Apenas logro traducir en palabras aquello que me azota de frente como una ventisca y me hace percibir todo tipo de sensaciones que a duras penas entiendo. Incluso me cuesta procesar aquello que viene si nos perdemos y acabamos por la calle Tesoro y pienso: la última vez que estuve aquí todo parecía perfecto. you've got the easiest position to destroy my life, all you have to do is arrive Las letras del alfabeto cirílico me parecieron siempre muy angulosas y quizás por eso noto cómo se me clavan cada vez que aparecen y me pillan desprevenida. Y hay diferentes palabras, pero siempre el mismo mensaje: la ausencia, el final, dolor. Pero de repente Gran Vía se difumina y Princesa se hace más corta y vuelven a resonar las palabras de nuevo. it's no excuse to make my pulse stop Sí, supongo que sí, ese lugar fue tan sublime que he necesitado escribir sobre ello como bien he podido. 

i'VE HAD DREAMS OF BREAKING ALL, BREAKING ALL MY BONES

miércoles, 27 de mayo de 2015

Hacia adelante (I go to seek a Great Perhaps)

He escrito y reescrito montones de palabras, de oraciones inconexas que no podrán asomarse a ver la luz. En todo este tiempo he evitado juntar las letras que me lleven una a una a tirarme por el precipicio de declaraciones innecesarias, sobrantes, inútiles. He huido de cada pedacito de mí, aunque no de golpe, sí en pequeñas dosis. Me he tocado las entrañas con los dedos desnudos y he sentido cómo la herida sigue palpitando y vertiendo su sangre en todas y cada una de mis acciones. Me he desbordado (como siempre) y luego he recogido hábil mis trocitos (novedad, creo) sola. Sigo desperdigada por todas partes, destruida, planeando cómo recolocar las piezas que voy decidiendo mantener en mí para que vaya todo encajando, lentamente. Creo que voy rehaciéndome como puedo. Creo. Porque nunca logro estar segura. Supongo que es parte del proceso. Supongo, creo, espero. 

He reído hasta que ha dolido y he llorado y sollozado y gritado como si me estuviera muriendo. He bailado y cantado y bebido y gozado. He creado, he soñado, he planeado. He leído y visto y he olido las flores y la comida recién hecha. He corrido y he tirado y golpeado. Me he hecho montones de fotos: una de carnet horrorosa y con mis amigos y sola. En unos años podré señalarlas y decir: aquí estaba yo así o de aquella otra manera y blablablablabla. He hablado y hablado y hablado y confesado y escuchado nuestras tonterías e historias nuevas y aconsejado y dicho y hecho y, y, y, y muchas cosas. Cantidades enormes de palabras amontonadas día sí y día también. He escuchado música, pero casi siempre la misma, ya no sé qué escuchar. He estado perdida, estoy perdida y confusa dando vueltas. Me he reencontrado con recuerdos. Me voy tropezando con ellos cada dos por tres. Voy a volar. Voy a volar como hace años no lo hacía. He conocido y conoceré. He probado y he sentido hasta los huesos. Si algo puedo decir es que he sentido, siento, sentiré. Y por ello he creído en lo imposible y he reído, llorado, creado, soñado, planeado, visto, corrido, golpeado, hablado, confesado, desbordado, hecho, dicho, volado, tropezado, caído. Y ahora por ello voy a reírme y crearme y soñarme. Y miles y miles y miles de cosas más. He sentido tanto que dentro de todo ello ha destacado siempre un deseo que busco sofocar. Es parte del camino, algunas de las baldosas. Aún sigue latiendo. 

Finalmente, o lo sientes o no. Y no. 


Maira Kalman

lunes, 6 de abril de 2015

En la sala de reuniones


Oh, my one, I'm so happy that you've got so far
I know the good, the great, is working you like a charm

Hoy te escribo porque nunca te escribo, porque te pienso y no te hablo apenas, porque te miro sin hacerlo realmente. Te he roto y recompuesto como he podido a lo largo de los años. Pocas veces he dudado antes de quebrarte los huesos y arrancarte el corazón del pecho para pisarlo con los pies descalzos, sintiendo la carne entre mis dedos y cómo se retuerce bajo la planta del derecho. Hoy te escribo para recordarte que estoy aquí, que he guardado los cuchillos, que ya no rompo espejos al verte, que quiero mirarte de frente y hablarte. Más que todo, te escribo para poder escucharte. Me estoy desgranando el alma por y para ti y estás en todos los pequeños trocitos recogidos por mis manos cuyos restos se quedan debajo de mis uñas. Estás cargada de tantas cosas a la vez que a veces me resultas vacía. Estás llena de pérdida, y eso pesa como nada. 

Oh, my one, rushing away with a bag full of bones
I know the place you left still won't leave you alone

¿Por qué me miras a veces con esos ojos tan grandes llenos de miedo? ¿Qué temes ya? No tienes nada de lo que estar asustada. No hace falta salir corriendo. Huir no es la respuesta, y tengo que recordártelo mínimo tres veces por semana. Donde sea que vayas, no dejarás de arrastrar a los fantasmas y el vacío y todos los cofres llenos de horrores. Tarde o temprano... En fin. Siento que no me crees, no te culpo por ello, pero espero que algún día puedas mirarme y ver que sí es cierto todo aquello que te prometo. Además, si no lo es, te aseguro que me encargaré de arreglarlo. Ese es mi trabajo aquí, para ti. 

The crow, the cat, the bird and the bee, 
I'm sure they would agree that my one is falling for tricks,
smoke and mirrors playing your wit


Hoy te escribo porque nunca te escribo aunque camino contigo. Porque sabemos que aunque algunas veces los altibajos vayan casi por horas, el tiempo no deja de correr. Hoy te escribo porque esto es más nuestro que mío, porque el otro día vi tu reflejo roto subiendo a casa de madrugada y se me partió el corazón en dos. Te susurré un perdón desgarrado como bien pude. Hoy te escribo porque lo siento, por todas las veces que no he sabido hacer las cosas. Hoy te escribo por ese momento en que miraremos atrás y veremos lo lejos que hemos llegado. Aunque, mmmmm, no tengo ni idea de lo que estoy haciendo. Oh, bueno. Quizás, no sé, supongo que tal vez te escribo para decirte lo que pienso. Espero tu respuesta cuando volvamos a vernos en la sala de las paredes grises y la mesa alargada. Te estaré esperando, no llegues tarde.  

A hue and cry waiting to blow under your skin, wherever you go 
still I wish that I knew the taste of something that good




jueves, 26 de marzo de 2015

Y la cáscara hizo crack

El esmero con el cual pinta la cáscara de esa cápsula vacía me fascina y asusta a la vez. Me tiene impresionada, tanto que no lo noto siquiera. El estupor se desenvuelve en mi sangre y fluye dentro aletargando cada uno de mis movimientos hasta que simplemente estoy inmóvil, a punto de caer al suelo, mirando sus dedos mover el pincel y rozar la superficie de esa cáscara lisa y blanquecina. Es tan delicada... Dibuja pequeñas flores rojas de ramas oscuras y entrelazadas entre sí de manera enfermiza. La parálisis duró un siglo, la parálisis duró un segundo. 

Tiene los dedos blancos, pálidos, largos, casi del mismo color lechoso de esa irremediable cáscara que acaricia incansablemente. La cáscara era el mundo que pintaba y lo pintaba con esos dedos largos, pálidos, blancos y terribles. Le dio un toquecito con la uña de su dedo índice izquierdo y la cáscara hizo crack. Se partió en dos, era redonda. La abrió y me encapsuló dentro. Atrapada entre las florecitas rojas y las ramas secas no podía ver más que la blancura de la cáscara, de mi prisión gestionada por esos temibles dedos. No había más mundo, no había nada más que la vida en la cáscara hasta que la cáscara hizo crack. 

The Longest Week

jueves, 12 de febrero de 2015

CONTRAFOBIA


Sus alas se rozan con otras, pero sabemos que no hablamos de alas. Me encierro en el armario a oscuras. Es bastante amplio: tanto que podría decir que es una habitación pequeña más que un armario. Fuerzo las imágenes. No, realmente no las fuerzo, más bien dejo que fluyan. La oscuridad me engulle y yo no opongo ninguna resistencia. Yazco en el suelo frío mientras me quedo inmóvil. Dejo que los tormentos me den caza y me atrapen y me maten. Me enveneno la mente a consciencia. Las mariposas vuelan veloces y me traen los retratos de mi angustia. Sus alas se rozan con otras, pero no hablamos de alas ni de mariposas. Las escenas se suceden en mi cabeza, se proyectan rojas en mis párpados y se me clavan una a una como dardos. Siento las cuerdas ahogarme, me rozan la piel quemándome. Las imágenes me atan. Me están asfixiando. Quiero que paren pero no dejo que se detengan porque realmente no quiero que paren. Si lo quiero, pasa desapercibido: la necesidad insana de que me sigan intoxicando es mayor. Petrificada en el suelo me dejo devorar. Recaudo datos, formo todos los escenarios, escribo los diálogos. Me dejo invadir por completo. Y soy yo: yo he diseñado esta atrocidad con mis manos. Me despierto sobresaltada o me ahorco o me calcino viva. Soy yo, son mis manos. Soy yo quien se sumerge hasta lo más hondo de este pozo oscuro y sin fondo. No dejo de hundirme en el pantano cenagoso, es imposible cultivar nada aquí. No hay más que tinieblas y pánico que hacen el aire denso. No, no hay aire. No hay nada más que sombras y espectros que recrean mis fobias y yo, que me lanzo de lleno. 

domingo, 1 de febrero de 2015

Retazos de enero

Comienzo a quedarme fría. El abrigo en las piernas, en las manos, lo cojo y me levanto del banco. Antes que seguir quedándome fría, sigo andando. El sabor del cous cous se me había quedado atrapado en la garganta: venció el hambre al estómago revuelto. Camino con los ojos cerrados: cinco, diez, quince pasos en línea recta, vamos aumentando el reto. Hace sol, me ilumina los ojos a través de los párpados cerrados.

Cambio de escena.

El golpe en la cabeza contra las baldosas azules fue solamente uno de los superficiales métodos de destrucción poco dañinos pero lo suficientemente efectivos como para no duplicar la dosis.

Cambio de escena.

Miro por la ventana del tren. Todavía siento el frío, pero casi puedo respirar el aire fresco y gélido que ha dejado la nevada. Sonrío hacia la visión de las montañas y el campo con nieve. Por un segundo me siento plena. Me lleno de la paz de la naturaleza, a pesar de la distancia.

Cambio de escena.

Al salir, la luz del sol me dio de lleno en la cara y sentí el amago de un sollozo formarse en mi rostro: casi lloro al ver la luz del sol. La misma luz me secó las lágrimas. Paseando al lado del parque recordé la noche en que estaba cubierto de niebla. Ya no pude frenar el impulso. Pensé entonces en lo fácil que es andar del equilibrio al desequilibrio, o al menos es mucho más fácil que ir del desequilibrio al equilibrio. Es mucho más sencillo, en mi experiencia, despedazarlo todo que construirlo (o reconstruirlo). Más tarde tuve una epifanía al respecto. El caos de mi interior escacharrado tiene sentido. Es el camino al equilibrio, el precio que hay que pagar, y aunque estoy en números rojos extiendo cheques sin fondos porque creo que quizás sí hay fondos, quizás sí hay algo debajo de la masacre. Estoy expendiendo las entradas al espectáculo más brutal: el torbellino de mis emociones y el encaminamiento a la paz. Hay fe, a pesar de que se agote, hay fe.

Cambio de escena.

Una voz me llamó desde la ventana de un coche. Yo seguí sin poder girarme, ahogándome en mí misma. Preguntó si podía hacer algo, si estaba bien. Extendió un pañuelo de papel blanco, de los que salen de esas cajas de pañuelos, no los de las bolsitas de plástico que puedes llevar a todas partes. Se nota la diferencia, fue lo primero que pensé al aceptarlo. Esa es la desconexión constante. También bebí un poco de agua. ¿Quién tiene una caja de pañuelos y una botella de agua de un litro en su coche, parado en frente de la estación de tren con una chica pelirroja sentada en el asiento del copiloto? Ese chico de los ojos preocupados y dulces. Los desconocidos que te salvan, al menos un rato, al menos un poquito. Le cobro como puedo a la vida las descompensaciones, como si hubiera realmente alguien que nos pudiera rendir cuentas de algo, cuando en realidad... ¿Qué hay? ¿Nada? Quizás nada.

Cambio de escena.

Tras meses guardando cajas vacías el hueco de cada una de ellas me golpeó en la cara de lleno. No hay más que un lugar despejado e inabarcable, solamente está lleno de la nada que se ha quedado aquí instalada y no quiere irse. Me pesa más que todo, más que nada. Me he quedado solamente con un montón de cajas vacías que no tengo manera de llenar. Y nada más que nada, la nada me envuelve y me pesa aunque es etérea. No es nada. La nada es todo. La nada no es nada.

Cambio de escena.

Escribí dormida las últimas líneas que ya no recuerdo. Algo como que sentía todo en mí desvanecerse, morirse. Algo como que llegaba la catarsis, quizás. Algo así.

Cambio de escena.

Se desvaneció. Cambié la página del calendario. El luto sigue, pero el horizonte es amplio.

Cambio de escena.

Frances Ha